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Entusiasma en Cannes un sugerente melodrama de Wim Wenders

ENVIADO ESPECIAL Los más intensos aplausos que hasta el momento se hayan oído en el Festival de Cannes se produjeron tras la proyección de ParísTexas, del cineasta alemán Wim Wenders que, quizás por vez primera, ha contemplado la vida de sus personajes con una emoción sincera, cercana a la ternura.Cuanto en la sinopsis podía parecer una fría incursión en el melodrama, tiene en la pantalla una traducción emotiva e inteligente. Cierto es que los actores -muy en primer lugar Harry Dean Stanton y, después, Nastassja Kinski- incorporan esa emoción con claro talento, pero es el propio trabajo de Wenders el que revitaliza la acción desde dentro, convirtiendo la historia de ese hombre enajenado al que su hermano encuentra en el desierto tras cuatro años de fuga.

Cuantos habíamos considerado moralmente discutible que un cineasta filmara la agonía de Nicholas Ray en Relámpago sobre el agua, prefiriendo el espectáculo a la amistad, hemos sido los primeros sorprendidos de su sensibilidad al saberse acercar a la intimidad de su personaje que, resucitado, quiere recuperar el afecto de su hijo de ocho años e iniciar con él la aventura de localizar a la madre, también desaparecida.

La historia es muy simple en su esquema pero las imágenes la enriquecen. El primer plano del filme descubre las secas montañas de Texas y la monotonía de un desierto, pero en el que también hay, sorprendentemente, un hombre. En época actual -y quizás por ello sin sentido- camina un sonámbulo, solo, aunque con la seguridad de que en algún sitio de ese infinito está el lugar que busca. Más tarde sabremos quién es: alguien que enloqueció por celos y busca errante ese raro pueblo llamado París-Texas en el que cree fue engendrado. Quizás exista y, efectivamente, él deba encontrarlo, pero en su camino recupera la verdad de su vida, al hijo que abandonó y a la esposa que, sin falta, produjo su locura.

El encuentro con ambos, primero el niño, que le ignora, y luego su único amor, que ahora trabaja en un prostíbulo en el que los clientes sólo hablan con las empleadas a través de un cristal de unilateral transparencia, componen los más ricos momentos de la película, sugerente, capaz de sorprender a cada instante.

Frescura de Woody Allen

De haberse presentado a concurso, quizá Woody Allen hubiera obtenido igual éxito con Broadway Danny Rose -presentado en Cannes fuera de la competición oficial-, su emocionado y divertido homenaje a los artistas de cabaret y, más especialmente, a los agentes que los representan. En clave de disparate y en blanco y negro, cuenta las peripecias de un pobre manager que debe convencer a la novia de un anticuado cantante para que acuda a su presentación oficial si no quiere deprimirle, aunque ella, que se cree engañada, se niega a desplazarse. Con gracia, con una sabiduría narrativa ya nada sorprendente en él, Allen ha realizado una película exacta, medida, a la que no le falta la frescura de la inspiración ni su habitual ironía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de mayo de 1984