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Tribuna:

La bancarrota nuclear

El autor de este artículo defiende que el cierre de las centrales nucleares se debe a razones de tipo económico, como lo demuestran -en su opinión- diversos análisis publicados en la Prensa internacional. Es la ley del mercado, dice, la que, por falta de rentabilidad y por las dificultades para encontrar una financiación asequible, ha sentenciado esta forma de energía.

He estado el último fin de semana en Ginebra. Hacía frío. Nada mejor en los ratos libres que contemplar la nieve cayendo sobre la ciudad tras los ventanales del confortable hotel. Distraídamente tomo en mil manos el último número de la revista L'Hebdo. Leo el artículo de fondo y surge la sorpresa.Algo debe estar pasando en los medios periodísticos internacionales cuando en menos de 15 días se publican en revistas tan diferentes como la norteamericana Time o la suiza L'Hebdo largos análisis bien documentados con una misma línea argumental: que las centrales nucleares se cierran o se abandonan por motivos fundamentalmente económicos. Sí, han leído bien, por falta de rentabilidad; por impedimentos financieros, en definitiva, porque la famosa y antigua ley del mercado ha sentenciado esta forma de energía,

Los datos que se manejan en ambas revistas son impresionantes, incluso para quienes ya conocíamos en parte el problema. En la cuna de la energía nuclear, EE UU, sólo se siguen construyendo las centrales que se planificaron en los ya lejanos años sesenta, y no todas, mientras que prácticamente todas las que se encargaron después de la crisis del petróleo han sido abandonadas.

Sector al borde de la quiebra

Así, sólo en el período 1975-1983 se han abandonado 87 unidades y a partir del accidente de Harrisburg no se ha encargado ni una sola nueva. Datos similares, aunque menos espectaculares, se registran en Alemania Occidental, en los países del Tercer Mundo e incluso, aunque en menor escala, en Japón o Francia.

Es interesante reproducir algunas frases del editorial de L'Hebdo, por cuanto señala precisamente este desplazamiento de la discusión nuclear a un terreno que hasta el presente parecía el más fiel bastión de los partidarios de la energía nuclear. Como recuerda el editorialista, pocos debates habrán dado tal impresión de diálogos de sordos que el nuclear, donde cada bando se atrinchera y recita argumentos mil veces repetidos.

"Pero", señala el editorial, "hete aquí que hoy aparece un nuevo dato discordante. Se deja, a un lado, momentáneamente, el problema filosófico que los residuos nucleares suponen para la humanidad y se descubre de repente que en EE UU la energía nuclear está al borde de la quiebra por razones fundamentalmente económicas". Y es que los datos son impresionantes. Centrales como Diablo Canyon, Shoreham o Midland tienen presupuestos superiores a los 600.000 millones de pesetas, es decir, entre 10 y 18 veces mayores que los inicialmente previstos. Una central como la de Marble Hill tuvo que ser abandonada a media construcción a la vista de que el presupuesto de la misma alcanzaba la fabulosa cifra de 7.000 millones de dólares, más de un billón de pesetas. Evidentemente, con estas inversiones la rentabilidad se esfuma rápidamente.

Y uno vuelve a lo que conoce bastante bien. Al plan nuclear español y a la situación del nuevo plan energético. Y uno recuerda con satisfacción, pero también con pesar, que fue uno de los poquísimos diputados que en la comisión correspondiente se opuso al Plan Energético Nacional por considerar que contenía grandes errores, tanto en lo que se refería a la estimación de la demanda energética como a la distribución de esa demanda entre las diferentes fuentes de energía. Y ahora que el tiempo se ha encargado de dar la razón a los que decíamos que se estaban inflando artificialmente las previsiones de la demanda para dar cabida a las centrales nucleares; ahora, al fin, en que se admite que hay que paralizar varias de las centrales nucleares en construcción y que hay que arrojar a la basura más de 500.000 millones de pesetas invertidos inútilmente en esas centrales, ¿quién va a tener la valentía de dar las suficientes explicaciones a la opinión pública?

Un coste elevado

Porque lo que no se puede admitir es que aquí se actúe como si no hubiera pasado nada. No es posible que se pretenda que el coste de ese gigantesco error lo pague el consumidor a través de un alza de tarifas, mientras nadie explique qué parte de es coste va a recaer sobre las empresas eléctricas, como tampoco es posible que quienes se presentan como expertos energéticos hayan hecho posible este desastre y sigan al frente de importantes organismos ministeriales.

Uno espera de un Gobierno socialista, que proclama que su gestión está presidida por la ética, que tenga cuando menos el valor de explicar por quiénes y cómo van a pagarse los 500.000 millones del despilfarro nuclear. Cuáles son los verdaderos costes de esta forma de energía para el país. Quiénes han sido los técnicos que han ocultado esos costes a la opinión pública y al propio Congreso. Y por qué se ha permitido a las compañías eléctricas un endeudamiento tan masivo como irresponsable cuando desde hace años, concretamente en el estudio realizado por Adolfo Sánchez Real para el Banco de España, se sabía que esas empresas no tenían capacidad financiera para aguantar la construcción de estas centrales nucleares. ¿Quién paga los casi 100 millones de pesetas diarios que viene costando Lemóniz desde que el Estado se hizo cargo de la central nuclear mediante el Consejo de Intervención?

Todas estas preguntas y otras se hace el sufrido ciudadano, que ve su bolsillo comprometido por este baile nuclear de los millones.

Desde luego, mi experiencia personal no da pie a demasiadas esperanzas. Recientemente he solicitado del Gobierno, por vía parlamentaria, explicaciones sobre la política de reparto de costos de la malversación nuclear, así como sobre el futuro de ese organismo tan ineficaz desde el punto de vista de la protección al, ciudadano como es la Junta de Energía Nuclear, y las respuestas que he recibido son decepcionantes de puro lacónicas.

Evidentemente, la broma nos ha salido muy cara, y el proceso ha sido muy largo, pero lo probable es que a los antinucleares, al fin, se nos termine dando la razón.

es ahogado y diputado de Euskadiko Ezkerra por Guipúzcoa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de abril de 1984

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