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Entrevista:

Oscar Peterson: "Yo salgo a matar"

El músico describe su pasión ante el piano

"Yo salgo a matar. Cuando estoy encima del escenario, ése es mi único pensamiento, ¿entiendes?... Una vez lo hablé con Joe Louis y él me decía lo mismo, nunca conseguía sonreír sobre el Ping, ni siquiera saludaba a los amigos, estaba en otra cosa. Yo siempre salgo a matar, a dar todo lo que puedo..., no admito los conciertos burocráticos". Quien esto dice es un señor negro de 58 años, canadiense de origen y que minutos antes había agotado al respetable del Palacio de Congresos de Madrid a través de un concierto prodigioso tanto en contenido como en duración: tres horas. Es Oscar Peterson, uno de los mejores pianistas de nuestro siglo, un portento.

"Mira, yo antes del concierto no estoy para nada, tengo la mente en blanco, aunque inconscientemente esté preparándome para lo que va a suceder. Si en ese momento alguien viene a hacerme una entrevista y me pregunta hacia dónde se dirige el jazz, mi respuesta más probable sería: a la estación de ferrocarril, y esa persona podría pensar cualquier cosa de mí. Ahora, después de haber tocado, tranquilos y comiendo, mi respuesta sincera seria que realmente no lo sé, que no puedo saberlo. Es una cuestión de oportunidad. Con la música pasa lo mismo, el verdadero problema no es tocar bien o mal, sino saber expresar lo justo en el momento justo. Esa es la diferencia entre un creador y un tipo que aprieta teclas", dice Peterson.Pregunta. Pero tocar bien es necesario, ¿no es así?

Respuesta. Por supuesto. Hay que pasarse todo el día, hay que trabajar, hay que aprender y llegar al momento en que el instrumento no sea algo ajeno a ti mismo, sino un miembro más. Es algo que le sucede a McEnroe con la raqueta o a Dizzy Gillespie con la trompeta. Yo no necesito pensar dónde voy a poner los dedos. .. De hecho suelo estar pensando lo que va a sonar cuatro compases más allá de lo que en ese momento está sonando. La música debe fluir desde uno, no puede haber dudas ni inseguridades, y esto es algo que sólo se consigue con un trabajo serio.

P. ¿Qué le parecen los instrumentos electrónicos?

R. Yo tengo en casa dos Sinclavier, un Obberheim y varios teclados más. No están mal, son instrumentos y, se pueden tocar. Ahora, yo he dedicado mi vida al piano y creo que es un instrumento lo suficientemente amplio como para necesitar esa exclusividad. Sin embargo, pienso que no se utilizan los sintetizadores con propiedad y apenas puedo pensar en David Sancious como uno de los pocos que saben lo que hacen. Recuerdo haber coincidido en una gira con el grupo Asia, y el teclista (Geoffrey Downes) tenía docenas de aparatos que apenas conocía, pero eran lo último, y resultó que casi sabía tocar el piano. Asombroso.

Asombroso es él, que te mira con unos ojos fijos que te indican claramente cómo cualquier oposición abierta a sus criterios puede ser peligrosa. Y de cuando en cuando lanza a sus interlocutores preguntas comprometidas como: "Dime que es el pop" o "¿hacia dónde van músicos como Herbie Hancock?", que dejan al paciente en un mar de vacilaciones.

"A mí no me influye el público, mejor dicho, el tipo de público. Sí noto las reacciones de la gente, pero me importan mucho más las reacciones de mis compañeros. Eso es fundamental y algo que les falta a los músicos, de pop, que no tocan juntos, que son individualidades tratando de ganar dinero con facilidad. Me dicen que Michael Jackson es un talento por que ha vendido no sé cuantos millones de discos, porque ha ganado tantos Grammys, porque ha pro ducido un vídeo..., pero nadie me habla de la música. Una música que es sobre todo una letra, una pequeña melodía y un ritmo. No hay música en realidad".

P. ¿Qué es el estilo?

R. El estilo es, en realidad, la personalidad. Es lo que hace que un músico siga siendo él mismo a través de su evolución. No se puede definir el estilo como hacer siempre la misma cosa, eso es estancamiento y lo que les sucede a músicos de éxito, clue deben seguir manteniendo el cliché. Me parece algo muy triste.

P. ¿Siempre toca en salas de concierto?

R. La semana pasada estuve tocando en un club, en cuarteto. Los clubes están bien, pero los músicos saben que tienen que hacer tres sesiones y tienden a esforzarse menos en cada una de ellas o en las dos primeras. Está bien por el ambiente, pero desmotiva a los músicos, y eso para mí es inadmisible. Yo cada vez que toco tiene que estar bien. Tal vez para mí sea un mal concierto, tal vez no me haya gustado, pero la gente no lo llega a notar, y eso es porque estoy allí haciendo mi trabajo con una entrega total. Es lo menos que se le puede pedir a un músico. Pero esta noche fue un buen concierto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de abril de 1984