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Entrevista:Mis queridos monstruos

José Luis de Vilallonga

Caballerazo español, aunque no quiera; noble catalán, aunque haya nacido en Serrano, 9; heterodoxo de todo, aunque no pierda las buenas maneras en nada, José Luis de Vilallonga, dos metros de estatura, conjunto crema y una camisa de cuadros, está entre dibujo de Baldrich, elegante de los años veinte, y aristócrata de izquierdas (España, curiosamente, da muchos). Junto a él, en el restaurante donde me espera, el abrigo crema que me prestó una vez, o un hermano de leche del abrigo: "Es otro, es otro abrigo". JLV debutó en la guerra civil, en un pelotón requeté de fusilamiento donde le había metido su padre. Huyó en seguida.

El pelo blanco, atirantado hacia atrás, con melenita breve que le hace anillo de plata. Los ojos irónicos, a veces tímidos, y las manos morenas, pero que tampoco ofenden. Son largas y le gustan mucho a Verdes para el dibujo.-Mira, Umbral, yo nací en Serrano, efectivamente, y me eduqué en un colegio extranjero, de modo que he vivido muy poco tiempo en Cataluña. Podría exhibir varios títulos, pero no exhibo ninguno, porque eso me parece hortera. La aristocracia es una clase que no odio en absoluto: en ella hay gente muy valiosa. Pero, como clase, sí, están muertos, acabados, descolgados, sin misión, y muchos, sin dinero. Aparte el jaleo de las bastardías, que siempre sale la marquesa que no es de su padre, sino de un venezolano que pasó por aquí.

-Francia.

-Sí, he vivido muchos años en Francia. Una vez estaba yo, en una cena, junto a la esposa de Bidault, y, al saber que era español, me dijo: "Yo le puedo conseguir a usted la nacionalidad francesa inmediatamente". "Es que no la quiero, señora; yo soy español y voy a seguir siéndolo". No volvió a hablarme en toda la cena. Los franceses son así.

-La Francia de Balzac.

(Dígase Baliac, que es como lo pronuncia José Luis.)

-Me apasiona Balzac. Eso es Francia. Y Stendhal.

(Dígase Stendhál, que es como lo pronuncia José Luis.)

-Sí, Balzac y Stendhal.

-¿Y Proust?

-Proust me parece un pequeño burgués que quiere asomarse a la aristocracia. Le fascinaba eso. Nunca le he soportado más de 15 páginas.

-Proust decía que los nobles gozáis de una poesía heráldica de la que no sois conscientes.

-Mira, Umbral, si yo te llamo diciendo que soy el conde de tal, seguro que no te pones al teléfono. Pero si te dicen que soy Vilallonga, claro que te pones. Luego es ya más significativo mi apellido que todos los títulos. Alfonso Fierro hablaba muy mal de mí. Me fui directo a pedirle un crédito, me lo dio y ahora somos amigos.

-Otra cosa que te has perdido, no leyendo a Proust, es su putrefacción sistemática de lo que considera una clase putrefacta.

-También en eso se equivoca. No es una clase putrefacta, sino una clase que se extingue.

-¿Qué herencia te ha dejado Francia?

-La cultura.

-No entiendo la cultura francesa sin Proust.

-Bueno, está todo lo demás que se aprende, se lee, se oye, se vive. Por ejemplo, no hay que poner a prueba a los amigos ni a las amantes, por si acaso.

-Ahora estás casado con una francesa. ¿En qué idioma habláis entre vosotros?-Ella suele venir a hablarme, cuando yo me estoy bañando, esa cosa tan aburrida, y me habla en francés/italiano/español. Todo lo mezcla, y es delicioso. Me cuenta, muchos chismes.

-Tú, como otros, eras un mito del exilio. Te vi por primera vez en una película de la nueva ola, "Cleo de 5 a 7", y realmente quedabas distinto de los franceses, muy caballero español, aunque te moleste, como amante de la francesita.

-No sabía que esa película se había puesto en España. Nunca he utilizado la imagen de caballero español.-¿Te sientes actor profesional?-Un actor profesional, por el mundo, ers el que ha hecho casi 100 películas como yo. Aquí hace películas cualquiera. El señor Reagan, queramos o no, es o ha sido un actor profesional, porque hizo muchas películas, y en Hollywood no se hacían las películas por ser pariente del primo del cuñado, coino en España.

-Berlanga.

-Me ha gustado mucho trabajar con Berlanga, y volvería a hacerlo, pero me ha desconcertado un poco, porque parece como que no dirige a los actores, y yo, por el mundo, estoy muy acostumbrado a que me dirijan. Luis se diría que lo deja todo a su aire, después (de hacernos trabajar mucho.

-Ese es su secreto -le digo a Vilallonga- Hacer como que no hace. En el cine y en la vida. Tus querellas.

-Sólo he tenido una, con el marqués de Villaverde. Siempre dice que me va a matar, pero nos hemos encontrado en muchos sitios y nunca me mata. Qué pesado.

-¿Fuiste el Bradomín de la Platajunta?

-Me gustó aquello. (Sonríe). Me interesó. Con algunos, con Carrillo, por ejemplo, hice gran amistad. Es un personaje lleno de humanidad. Pero no es lo mío actuar en política.

-Sin embargo, te hiciste del PSOE.

-Después de Tejero. Comprendí que había que tomar partido. Le escribí el Rey una carta comunicándole la decisión. Me contestó Sabino con una carta donde, aparentemente, no decía nada, pero en la que yo supe leer: "Haces bien". Cuando conocí a Felipe me pareció un chico entrañable. Había que estar con él. Ahora es un hombre maduro y preocupado a quien se le nota que lleva encima el peso del poder. Me hice del PSOE y ya está. No me han llamado nunca para nada.

-El pelo largo.

-Le gusta a mi mujer y a mí me da mucha pereza ir a la peluquería. Pero tú das mucha importancia, por lo que he visto, a estas cosas externas.

-Son la lectura que nos ofrece un hombre, José Luis. Peor están quienes andan en laberintados de rayas, colorines, rombos y jaleos. Es una estética/antiestética de tecnológicos.

-Yo lo que no quiero de ninguna manera, Umbral, es parecer un ejecutivo. Uno de esos con pasado de hierro forjado en la corbata e insignia del Real Madrid en el pasador. 0 de otro equipo. Qué horror.

-Hoy traes, José Luis, una camisa de cuadritos como una mantelería azul de cocina francesa. Eso es muy snob/parisino. En el exilio eras un mito erótico/político, como tantos. La política ya hemos visto cómo va. ¿Y la erótica?

-Todo leyenda.

-En esto has dado un paso atrás y te confiesas monógano de tu mujer.

-Bueno, siempre hay viajes, encuentros, cosas.

-¿Por qué volviste?

-Por las judías con chorizo, por el ruido de las conversaciones, por la nostalgia de España, que no había sentido jamás y de pronto fue muy aguda.

-¿Dolor de no estar en Francia?

-Dolor de haber olvidado algo el francés. Ahora tengo que mirar en el diccionario cómo se escribe "murciélago", por ejemplo. Qué horror. Cómo se escribe en francés, quiero decir.

-¿Por qué tienes en tu casa falsos Buffets y falsos Leger?

-Porque los hace un pintor amigo mío, de París, al que quiero mucho, y le quedan mejor que los originales. Lo que siento es que no hace Modiglianis.

-¿Por qué hay siempre tanta gente en tu casa?

-Esto puede que sea africano. Yo he vivido en todas partes. Sí, es africano esto de tener la puerta abierta a todo el mundo Ahora he tenido a un sobrino de los Dominguín que vino a cenar y se ha quedado siete meses

Cuando se fue lo echamos mucho de menos. Llevaba a los niños al colegio y eso. Uno se encariña mucho con estos particulares que se quedan a vivir en casa ¿Tú no tienes?

-Ya lo creo que tengo, José Luis. Son como otra familia.

Todos los fines de semana tengo gente en mi dacha. Y hacen mucha compañía. Como una persona.

-Eso, como una persona.

-Yo creo, José Luis, que son la picaresca moderna y de oro. Algo muy español, aunque a ti te parezca africano, porque has vivido poco en España. Que Verdes dice que le gustan mucho tus manos.

Y Verdes le dibuja las manos.

-¿Por qué fumas tantos puros?

Sólo dos al día. Me gustan.

-Creí que era un problema de proporciones. A un hombre tan alto como tú no le van los cigarrillos.

-No, es que me gustan. Eso que has llamado la "picaresca de oro", y no del Siglo de Oro, efectivamente puede que sea muy español. Me parece que la televisión se está pasando con sus sagas de la historia reciente. Lo único que se ve es que todos los españoles eran bajitos y mal alimentados. Y que Franco era una cosa que daba risa. No se comprende cómo estuvo tantos años al frente del asunto.

-Quizá le tuvieron, José Luis.

-Pero la raza ha cambiado. Tú, por ejemplo, eres ya mucho más alto.

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-Con Franco crecíamos más, qué le vas hacer, José Luis. El períodismo.

- Si yo no tuviera que hacer la columna de Interviu, Umbral, me sentiría desnudo. Supongo que lo mismo te pasa a ti. El periodismo agarra mucho.

-Los libros.

-Estoy haciendo una cosa con José Mario Armero, en la que también interviene Felipe González. Pero el periodismo, ya te digo. Los lunes empiezo la semana dedicado a mi artículo. Pienso en mi familia, con la que apenas tengo trato. Pienso en mi clase en general, por decirlo así, y me parece que se tienen que morir de aburrimiento. Yo me levanto por la mañana y no sé lo que me espera en todo el día ni a quién me voy a encontrar.

Caballerazo español, aunque no quiera. Tan español, que no volvió a España por los escudos, sino por las judías con chorizo. Catalán nacido en la madrileña calle de Serrano,, y educado en un colegio extranjero, cosa que, naturalmente, se le nota. ¡Cuántas damas madrileñas me han pedido que les presente a Vilallonga! Y más que madrileñas, latinochés. Veían en él un cruce de Cid Campeador y, Don Juan Tenorio. Una cosa entre Zorrilla y Merténdez Pidal. Afortunadamente, él no tiene nada que ver con ese machihembrado de las fantasías eróticas femeninas. En su casa de la Castellana, azul y blanca, con muchos cuadros falsos -"anda, que no hay por ahí Goyas falsos"- y una inquietante estructura de dúplex, más la sedante terraza, he pasado horas altas y cordiales. Una vez cenamos a oscuras, o sea con velas, en el comedor redondo, porque se había ido la luz. La estupenda señora de Vilallonga, como él dice, lo resolvió todo muy bien, pero la oscuridad quedaba aún más elegante que los candelabros eléctricos. Como hubiera dicho Fernando Fernán-Gómez, "nos tomamos la sopa a tientas".

-Lástima que tu amigo no te fabrique Modiglianis.

-No, a eso se niega.

Heterodoxo de todo, aunque no pierda las buenas maneras en nada. Dos metros de Vilallonga y una camisa francesa de cuadros. "Yo me la ponía muy normalmente. A partir de ahora pensaré y comprenderé que los españoles no suelen ponerse una camisa así con corbata". España, ya digo, ha dado muchos aristócratas de izquierdas, como Hoyos y Vinent, del que no le hablo a Vilallonga. Hoy tenemos a Sartorius, hombre clave de Comisiones y seguramente del pecé. A mí me parece que esto se debe a que la aristocracia española, tan antigua, tan dura y pura, ha querido salvarse de la Prensa del corazón por la otra punta. Los que han querido salvarse, claro, que la mayoría no. La mayoría ya sólo frecuenta salones de papel couché. Una noche, saliendo yo de casa de JLV, y avisado por el frío, como siempre, me prestó su abrigo -ya he dicho que hoy trae otro gemelo- y era tan confortable y tan distinto ir dentro de un abrigo noble que hasta escribí columna sobre ello. Uno no es sino del parvenu que Vilallonga denuncia en Proust, sólo que, encima, uno no es Proust. Lo cual que el Duque de Alba, que tiene, naturalmente, todos los títulos de España, me conminaba irónicamente, estos días, a asistir a su ingreso en la Academia de Bellas Artes, y lo hacía mediante tarjeta de Conde-Duque de Olivares, que también es, poniendo debajo, a mano: "¡Ojo!" Era una manera de llamarme Quevedo o quevedesco. Era una manera de llamarme al orden. Vilallonga no pretende ser brillante.

-Me molestan esas entrevistas en que la gente quiere lucirse y está falsa y en pose.

Efectivamente, ni esto es una entrevista ni él quiere lucirse, sino que cuenta naturalmente cosas, muchas cosas, como me las cuenta en su casa, cuando cenamos (yo no me quedo siete meses, como el otro: me limito a llevarme su abrigo). Cuando presentó su primer libro en España, me invitó a hacerlo yo, y lo hice. Desde entonces tenemos eso que se llama una amistad. A Verdes le dice que él siempre guarda las formas. Pero son unas formas, para mí, muy fáciles de deformar, de modo que aparezca el verdadero Segur. José Luis nunca está en pose, quizá porque la vida le dio la pose hecha.

-¿Por qué ha hecho Berlanga la burla de la aristocracia?

-Le pareció oportuno, supongo.

-¿Qué lees?

-Historia, memorias, cosas.

-Don Alfonso XIII.

-Don Alfonso XIII le había pedido a mi padre que, en la intimidad, le llamase de tú. Mi padre se negó, porque no le parecía correcto. En la madrugada del 14 de abril, que es cuando creo que salió don Alfonso de palacio, mi padre le llevó a las partes bajas del edificio, donde había un nutrido grupo de gente que quería despedir al monarca. Sin duda, don Alfonso pensó que se trataba de algunos nobles o palatinos. Eran los cocineros y cocineras. Don Alfonso se volvió a mi padre y le dijo: "Segur, aquí no está ninguno de los que me trataban de tú".

-¿No encuentras, José Luis, que con la vuelta os habéis cotidianizado un poco, que la distancia es aureola?

-Seguramente.

-El francés, el catalán, el castellano: ¿cuál es tu lengua?

-Al principio me costaba mucho escribir artículos en castellano.

Reniega elegantemente de la aristocracia -he ahí un mayor aristocratismo-, pero le pidió permiso al Rey para hacerse del PSOE. Supongo que es protocolario. Ha tenido el coraje de hacerse un hombre, teniendo tantos apellidos. Defiende a la aristocracia contra Proust, aunque luego la deteriore personalmente. Me parece que su actitud es ambigua al respecto. Identifica la cultura con Francia o Francia con la cultura, pero ha redescubierto España:

-Este país no es el que yo dejé.

Su mujer dice "Bajaras" por Barajas, cosa que marea bastante a los taxistas. Ha dado un paso atrás, como me parece se ha dicho en esta semblanza, respecto de su donjuanismo español por el mundo. Ahora parece como que va de monógamo de la legal, y escarpadamente le he arrancado una confesión de aventuras. Su mujer ama España. El fue amigo íntimo de Brigitte Bardot.

-Yo le advertí, cuando vinimos, que íbamos a tener muchos incidentes aquí, por prepararla. Bueno, pues jamás hemos tenido ninguno.

Vuelve a ser, ahora que podemos considerarnos amigos casi íntimos, el galán fugaz de aquella película francesa de la nueva ola, que se metía en la cama con su joven amante sin quitarse el intocable traje de rayas: la coraza/ armadura del caballerazo español. Uno a Vilallonga lo quiere, pero Verdes me dice, más tarde, la verdad última o primera sobre él: "Este hombre, Paco, se oculta mucho con eso de las buenas formas, que nunca pierde, y con sus maravillosas manos, que jamás esconde bajo la mesa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de marzo de 1984