Penosas peregrinaciones por las comisarías
A pesar de la calma que vuelve a Marruecos, grupos de policías antidisturbios continuaban ayer con sus cascos bien visibles ante bancos y edificios públicos en Rabat, Casablanca y otras ciudades del reino, quizá para prevenir que el rumor de huelga general se tradujera en hechos.
Con la recuperación lenta de la normalidad tras los días de disturbios y impresión y miedo, comienza para algunas familias la penosa peregrinación hacia las comisarías de policía para recabar una información, que siempre resulta difícil de obtener, sobre los suyos que que resultaron muertos o han sido detenidos. En el Norte y en Casablanca, Rabat y otras ciudades, las madres afluyeron ayer a los centros policiales.
Ningún político, ningún partido, y ninguna organización se mostraban ayer dispuestos a comentar la pasada alocución del rey Hassan II, y mucho menos para hacer balance de los sucesos. La alocución real en cuestión, que abre otro paréntesis más en la búsqueda de la democracia en Marruecos, actuaba ayer y actuará durante mucho tiempo, como un poderoso disuasivo contra toda expresión de opiniones, por nimias que sean.
La Prensa marroquí ignora aún hoy los acontecimientos pasados, excepto para glosar en artículos y editoriales la alocución real.
El diario oficialista Le Matin, informaba ayer en primera página que "la población de Marraquech implora el perdón de su majestad el rey".
El mismo diario publicaba ayer, en primera página también, un suelto recuadrado titulado Los medios de información provocadores, en referencia a la Prensa extranjera, a la cual acusaba de dar informaciones que "solamente existieron en su imaginación".


























































