Ir al contenido
_
_
_
_
Cartas al director

Vinader

Cuándo estudié el derecho penal se solía explicar el pintoresco episodio de la llamada Justicia de Almudévar, recogida en un sugestivo libro titulado Vida de Pedro Saputo. El hecho -real o supuesto- fue que el único herrero de un pueblo mató a su mujer, y al ir a ejecutarlo se dieron cuenta de que se quedaban sin un elemento indispensable para la vida rural. En compensación, como sobraban tejedores en la localidad mataron a uno de ellos.La cita tenía su justificación: señalar el lento y trabajoso proceso que, en el orden punitivo y durante muchos siglos, había tenido que sufrir la razón hasta decantar la naturaleza del crimen, sus efectos y sus consecuencias. Fue un larguísimo periodo de la historia en el que se pasó de calmar con sacrificios la cólera de unos desconocidos y terribles dioses, hasta llegar a un criterio subjetivo de responsabilidad personal basado en el nexo causal y la intencionalidad.

Hago estas digresiones ante el fallo definitivo de un proceso penal que ha puesto el alma en vilo a los periodistas: el de Vinader. Ignoro las razones -sobre todo las íntimas- del juzgador. Ignorándolas, no puedo comprenderlas. Pero ha sido inevitable que, ante dicho fallo, el frío de mi vejez haya sido atizado por un intenso escalofrío ante la suerte de esta pobre humanidad que no acierta a encauzar sus destinos./

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_