Las defensas agotan al tribunal con sus explicaciones alternativas: “Voy a ser más radical”
La UCO reivindica su investigación ante los intentos de los acusados de desprestigiarla


El empresario Víctor de Aldama les tenía “a sueldo”, pagaba, exigía y nadie se le resistía. El ministro José Luis Ábalos era la gran influencia, “hacía lo más grande” a cambio de variopintas contraprestaciones. Y su asesor, Koldo García, era la “correa de transmisión”. Así de claro ha sido el teniente coronel Antonio Balas, el jefe de la investigación que ha hecho la Guardia Civil en el caso Koldo, primero a las órdenes de la Fiscalía y después de los tribunales. Su contundencia ha dejado poco margen a las defensas, que han tenido que tirar de imaginación para dar explicaciones alternativas (legales). “¿Y si...?”, tanteaban el terreno. Una y mil veces hasta que han hecho estallar al presidente del tribunal, Andrés Martínez Arrieta. “A partir de ahora voy a ser más radical con ustedes”, cortaba el magistrado. Su paciencia se había agotado.
El otro protagonista de la escena era, para variar, Marino Turiel, el abogado de Ábalos. Hasta ahora el rifirrafe había sido con la letrada de García, pero en esta décima sesión había que echar el resto porque era la última antes de que hablen los acusados, cada cual exponga sus conclusiones y todo el mundo se vaya a su casa (o a la cárcel) a esperar sentencia. A Turiel, hombre apacible que durante todo el juicio ha hecho de contrapunto a su vehemente colega, no le ha quedado más remedio. La pelea, también para variar, ha sido por la compra de mascarillas. “¿Que incompatibilidad ven entonces"?, preguntaba Turiel. Si el procedimiento de contratación fue legal, si se podían preseleccionar proveedores, si fueron baratas y llegaron... Asentaba. “Es que la ‘Operación Mascarillas’ no se puede entender separadamente, es un todo”, contestaba un guardia civil. “¿6 millones de euros a cambio de 10.000 euros mensuales?”, planteaba el letrado, comparando el beneficio de Aldama con los supuestos pagos al binomio ministerial. El enfrentamiento ya asomaba. El remate ha llegado cuando Turiel ha tratado de que los agentes verbalizaran que también se contrató con empresas ajenas a la supuesta organización criminal. “No me interesa”, contestaba el uniformado. “Tiene una memoria fantástica para lo que quiere”, afeaba a Balas, activando de paso a Martínez Arrieta. Y no con gusto. Se quitaba las gafas y se frotaba los ojos. Su coletrada le susurraba palabras de ánimo.
Hasta la saciedad ha tenido que recordar el presidente que “los testigos declaran sobre hechos, no valoraciones”. Ya vale de “alternativas fácticas que no están sobre la mesa”, abroncaba. “Estamos hablando sobre el aire”, se lamentaba. Pero las defensas no han desistido. Han empezado por un clásico. Si es posible acceder “en remoto” a la información incautada por la Guardia Civil. La tesis de los software espía, de los “troyanos”, Pegasus. “Imposible”, fijaban los agentes.
Después, han intentado desdibujar los perfiles trazados por Balas. Si todas las conversaciones son entre Aldama y García, ¿qué pinta Ábalos?, lanzaba Turiel. Pues que daba acceso a “altas instancias”, hasta se mensajeaba con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, sobre la futura visita de la entonces vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, enmarcaban los testigos. La abogada del exasesor, Leticia de la Hoz, contraatacaba pintando a su cliente como un mero emisario. “No, todo el mundo se valía de otro para sus fines” y Koldo era “el alter ego” de Ábalos, reponía otro agente.
De Koldo a Karmina
En el tercer asalto, las defensas han buscado sembrar dudas sobre la existencia de contraprestaciones. Primero, el dinero en efectivo. La ‘K’ a la que supuestamente iban esos 10.000 euros mensuales, ¿podía ser otro Koldo o una tal Karmina?. “¿Eso lo han investigado?“, colaba la abogada. ”No, pero se ve la recurrencia del pago” al “Grandu” o al “Cromañón” y su gente, reaccionaba Balas. ¿Y por qué les siguen pagando cuándo ya han sido cesados?, escarbaban las defensas. “No sabemos si Aldama entiende que un diputado tiene cierta influencia”, razonaban los guardias civiles.
Siguiente página. Los supuestos pagos en especie, esos que transmutaban en casas. “¿Una vez que Ábalos y Jésica han acabado como el rosario de la aurora, sigue pagando hasta dos años después?“, clamaba De la Hoz, en alusión al famoso piso de la Plaza de España de Madrid donde vivió la pareja del ministro a costa de la presunta trama. ”Cada uno lleva las relaciones como quiere", resolvía el investigador. Y, sobre aquel chalé en Marbella que habría salido “gratis” por la nota de prensa, comunicado o lo que sea que hizo el Ministerio de Transportes apoyando el rescate de Air Europa, ¿sabe que Ábalos tenía una “familia particular” y cada uno ―la ex, la mujer, hijos de varios matrimonios― pagó “a escote” según hizo gasto?, apuraba la letrada, esgrimiendo que por eso los investigadores no habían encontrado abono alguno por parte del clan. “No sé”, reconocía el testigo. “Disculpe, estoy un poco espeso”, se justificaba.
Ya iban casi diez horas, con permiso para comer y algún receso para aliviar las “llamadas de la naturaleza” reclamado por los propios testigos. “¿Hasta dónde pretende llegar con esas afirmaciones? Es que no entiendo tampoco”, confesaba Martínez Arrieta. El fiscal anticorrupción, Alejandro Luzón, admitía que el “murmullo permanente” le estaba distrayendo. Koldo se masajeaba las sienes. Pero los abogados defensores no perdían el hilo. “Estoy intentando aflorar...”, decía De la Hoz. “Ya está aflorado”, creía zanjar Martínez Arrieta. Ni mucho menos. Quedaban aún varias horas hasta escuchar el ansiado “se levanta la sesión”. Eran las 0:03 del día siguiente.


























































