EXTREMADURA

Versiones contradictorias sobre supuestas agresiones de militares a dos vecinos del pueblo de Talayuela

Las supuestas agresiones de dos militares -el teniente Juan Antonio González Martín y el sargento Manuel González Hierro-, de la segunda compañía del regimiento acorazado motorizado Wad Ras 55, contra dos jóvenes de la localidad cacereña de Talayuela, denunciadas por el concejal comunista Demetrio Baloca, han sido ratificadas por 10 testigos que junto con los dos jóvenes, Luis Miguel Gómez Gutiérrez y Sebastián Leal Rubio, acudieron a declarar en el ayuntamiento de Talayuela ante el alcalde, Luis Monforte López.

Por su parte, fuentes de la I Región Militar -Madrid- que cita Europa Press, afirman que los militares implicados en el incidente no sacaron en ningún momento sus armas. Según esta versión un teniente observó como una persona trataba de vender droga a un soldado, por lo que le recriminó. Esta persona replicó al teniente que no tenía por qué obedecerle, ya que era un civil, y le dio un empujón. El teniente repelió la agresión y le dio dos bofetadas, con lo que quedó zanjada la cuestión.Ante las acusaciones lanzadas por el concejal comunista, en el sentido de que tuvieron que pasar varios días hasta que los hechos fueron comunicados al gobernador civil de Cáceres, el alcalde manifiesta que no tuvo referencias directas de lo sucedido hasta que los dos jóvenes se presentaron en el ayuntamiento. Posteriormente acudieron con varios testigos y firmaron una declaración en la que aseguraban que el teniente y el sargento, tras golpearlos, les apuntaron con las armas en posición de disparo y les amenazaron.

Baja médica

Uno de los jóvenes, según el alcalde, dispone de baja por prescripción facultativa, debiendo presentarla cada cinco días en el juzgado. En el parte se le diagnosticó contusión por inflamación en mejilla.Hipólito Rodríguez Paniagua, otro joven de la localidad, dice haber presenciado los hechos cuando los militares y los jóvenes supuestamente agredidos se encontraban ya en la calle: "En un principio les golpearon en una zona oscura de la calle, a la salida de la discoteca, pero poco a poco, quizás con la intención de evitarse más golpes, los chavales fueron aproximándose hacia donde había público. Calculo que estábamos unos 12 o 15 chicos y siete u ocho chicas".

El alcalde dice haber permanecido con el capitán de la compañía hasta pocos minutos antes de que ocurrieran los hechos: "Durante la tarde de ese día, los chavales del pueblo y los soldados habían permanecido en convivencia. Es algo que solemos hacer el último día de campaña, desde que hace varios años viene por estos lugares una unidad militar. Después, quise invitar a unas copas al capitán, quien por cierto no portaba ningún arma, y nos trasladamos hasta la discoteca. Poco antes de dejarle, me insinuó que iba a permitir que los solados tuvieran una hora más libre, porque habían trabajado mucho y se habían portado estupendamente. Hacia la una de la madruga me marché a casa y después se produjeron los incidentes. Cuando llegó la policía municipal todo había pasado, y fue el propio capitán quien contó los hechos a mis agentes".

Sobre el supuesto móvil de los incidentes, el hachís que se le estaba intentado pasar a un soldado, el alcalde manifiesta que "ninguno de los dos jóvenes tiene antecedentes, ni tampoco de haber vendido drogas, eso creo yo". Hasta el momento la denuncia sólo ha sido presentada en el ayuntamiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 30 de septiembre de 1983.

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