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Tribuna:

Epi, Zarra y Marcelino

Epi ya es como Zarra. O mejor, como Marcelino. La diferencia está en que ahora no diremos nada parecido a lo de Río -"hemos vencido a la pérfida Albión"- ni se escribirá que el oso ruso mordió el polvo. Aunque no hemos perdido nuestra capacidad de asombro, porque el deporte español aún tiene muchas cosas de que maravillarse, sí hemos marginado, afortunadamente, la te.dencia a la grandilocuencia. Y además ahora un gol o una canasta no pueden considerarse el éxito de una determinada política.Epi logró una canasta ciertamente importante. Tanto como los goles de Telmo y Marcelino. El enceste de San Epifanio, el alero barcelonista, llegó en el instante preciso. En el momento en que nadie se atrevía a lanzar. En el momento en que un fallo podía ser mortal de necesidad. Había que tener los nervios muy templados y una gran confianza en las propias fuerzas para, enviar aquel balón, desde la media distancia, hacia el aro que había escupido, con anterioridad, los puntos de Solozábal, Jiménez y Romay.

De nuevo se ha producido el fenómeno de: que un deporte de minorías ha logrado encandilar al país. Hasta una final Barça-Madrid se ve condicionada. Podría suceder que ahora se produjera una avalancha de peticiones de canastas para instalaciones de fortuna. En España el deporte crece por mimetismos. A lo mejor Epi y sus compañeros producen los fenómenos anteriores de Santana, Nieto y Ballesteros. Lo malo es que el baloncesto, aunque admite a los morenos, discrimina a los bajitos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de junio de 1983