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La novena 'cumbre' de los siete 'grandes' occidentales

Un Versalles colonial en Estados Unidos

Para los norteamericanos, la localidad colonial de Williamsburg, situada a unos 250 kilómetros al sur de Washington, es el equivalente de lo que Versalles puede ser para París. Tiene el sabor de la historia. Por ello, el centro reconstruido de Williamsburg, magnífico ejemplo de la vida colonial del siglo XVIII, atrae a más de un' millón de visitantes al año.Pero, hasta el momento, los 10.000 habitantes de Williamsburg nunca tuvieron que afrontar una invasión tan notable como la que viven durante este fin de semana. A las delegaciones oficiales de la cumbre se han sumado unos 4.000 periodistas, junto a centenares de personas encargadas de velar por la seguridad, la manutención o la comunicación de los ilustres visitantes.

El centro de Williamsburg está cerrado a toda persona ajena ala cumbre. Cada jefe de Estado o de Gobierno cuenta con un residencia propia, en casas del siglo XVII. Se desplazan en carrozas tiradas por caballos y con cocheros ataviados al estilo colonial. Los mejores cocineros del país, alguno de ellos francés, preparan los menús típicos, que van desde el caviar americano hasta el pastelde queso al chocolate, sin marginar el chile con carne, favorito de Reagan, amante de la cocina tejana-mexicana.

Los estudiantes del colegio de William and Mary fueron desalojados desde hace varias semanas para transformar el pabellón de baloncesto en una sala de prensa. En las pistas de tenis, una tienda monumental reúne a las principales empresas americanas de fast food así denominado el estilo de comida ilustrado por insípidas hamburguesas, pollo frito, patatas fritas, debidamente plastificado y regado con colas y cervezas. En total, la cumbre cuesta unos siete millones de dólares (unos 900 millones de pesetas).

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