Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
SONDEO PREELECTORAL DE SOFEMASA PARA LAS ELECCIONES DEL 8 DE MAYOCataluña

El PSC-PSOE gana en Cataluña, y en Barcelona con coalición

Pasqual Maragall será el nuevo alcalde de Barcelona, con el apoyo de los votos eurocomunistas o los de Esquerra Republicana, puesto que los socialistas alcanzarán casi la mayoría absoluta, a juzgar por los resultados del sondeo realizado en la capital catalana. Éstos muestran tres fenómenos significativos: una gran estabilidad del electorado, tanto en el bloque de la izquierda como en el de la derecha, respecto a las anteriores municipales de 1979, si bien con trasvases internos en ambos frentes; el total hundimiento de las alternativas centristas no nacionalistas, y una apreciable intención de voto aliancista, inédita en el ámbito municipal.En el conjunto de Cataluña, los socialistas confirmarán su carácter de primer partido municipal catalán, con cuatro de cada 10 votos emitidos, seguidos por Convergència i Unió, con un 23,9% del electorado, y por el voto eurocomunista, que se situará en el 10,3%.

Otros aspectos destacables de la encuesta, en lo que se refiere a la ciudad de Barcelona, consisten en que la coalición Convergència i Unió mantiene sus buenos resultados en relación a las legislativas de octubre pasado, superando los que obtuvo en las anteriores municipales de 1979, y en que el PSUC registra una recuperación de 4 puntos del electorado que le abandonó el 28 de octubre.

La primera lista barcelonesa será la del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC-PSOE), que encabeza el actual alcalde, Pasqual Maragall, si bien no alcanzará por sí misma las 22 concejalías necesarias para alzarse con la mayoría absoluta, aunque se acercará muchísimo a ella, si obtiene los 20 o 21 concejales que le augura el sondeo. Las posibilidades que los socialistas tendrán para conservar el bastón de mando de la ciudad serán posiblemente dos: o bien sumar a sus 20-21 escaños los 4-5 del equipo comunista encabezado por Solé Tura, o los 2 que conservará Esquerra Republicana, cuyo electorado se manifiesta muy estable.

El conjunto de la izquierda anota una intención de voto equivalente al de las anteriores municipales, tanto en porcentaje como en atribución de regidurías, pese a la consolidación del trasvase de parte de la clientela comunista hacia el PSC. Así, los socialistas se anotan el 43,7% de los votos de todos los barceloneses no abstencionistas, 10 puntos porcentuales más que en 1979, y los eurocomunistas registran una intención de voto del 8,9%, 10 puntos menos que en aquella convocatoria municipal.

En un cómputo global, la izquierda obtendrá entre 24 y 26 escaños, cifra sensiblemente aproximada a los actuales 25 concejales de socialistas y comunistas (16 del PSC por 9 del PSUC). Con un casi exacto porcentaje de votos, la matemática electoral repercutirá en un mayor número de concejalías para este conjunto. El Partit dels Comunistes de Catalunya (PCC), de carácter prosoviético, quedará apeado del consistorio, al no alcanzar el requisito mínimo del 5% del electorado, al igual que Nacionalistes d'Esquerra y otras formaciones menores.

Trias no será alcalde

En la otra ribera, una hipótesis clara se extrae del cómputo estadístico preelectoral: Ramón Trias Fargas no será alcalde, pese a que su coalición nacionalista de centro, CiU, mejorará -a tenor del sondeo, que le otorga un 22,2% de los votos y de 11 a 12 concejales- los resultados de las últimas municipales (18,4% de los votos y 8 puestos en el Pleno). Los convergentes lograrán, según estas cifras, conservar casi intacto el capital electoral de las legislativas de octubre, confrontación en la que obtuvieron el 23% de los votos emitidos.

Ni siquiera con una hipotética, y compleja, alianza poselectoral con los fraguistas y el equipo esquerrista de Joan Hortalà, lograría Trias Fargas obtener la vara de alcalde, puesto que en el mejor de los casos esa compleja alianza a tres sólo obtendría 19 puestos, todo ello en el supuesto de que las urnas confirmen los pronósticos y no se registren variaciones sustanciales en los últimos días, puesto que las diferencias entre ambos bloques, aunque nítidas en la encuesta, no son muy amplias.

En el interior del frente de la derecha y el centro-derecha, que permanece estable, la encuesta anuncia una recomposición de fuerzas. El desastre de Centristes de Catalunya-UCD, que en 1979 obtuvieron un 16,70% de los votos y colocaron 8 concejales, es total. Ninguna de las listas que aspiran a subrogarse en sus resultados, a título de herencia directa, como el CDS, lo conseguirá.

Este electorado se repartirá el próximo domingo en tres partes, dos de ellas para AP y la tercera para CiU: la lista aliancista que encabeza Alexandre Pedrós obtendrá presumiblemente el 11 % de los votos, inaugurando su presencia en el Ayuntamiento; el incremento de CiU, que se cifra en casi 4 puntos respecto a las municipales de 1979 (del 18,4% pasaría al 22,1 %) debe corresponder, en buena lógica, a que se convertirá en la lista recipiendaria de un tercio de los votantes centristas.

Clase y religión

Otro aspecto de interés sociológico que ofrece el sondeo en la ciudad de Barcelona estriba en la influencia de los factores religioso, de sexo y edad en la actitud del voto. Así, por ejemplo, el 43,8% de los encuestados barceloneses que se declaran católicos votarán socialista, porcentaje sensiblemente igual al 43,7% de votos globales que recibirá Pasqual Maragall. También el porcentaje de votos católicos que recibirá Esquerra Republicana (5,5%) equivale al de su peso total en las urnas (5,6%). Por el contrario, una mayor influencia de las creencias religiosas se registra en la intención de voto aliancista y convergente: AP obtendrá la confianza del 11 % del electorado y del 14,1% de los católicos; y CiU, la del 22,1 % de la masa votante y el 26% de los votos de los católicos.

Entre los que se declaran ateos, el 45,1% votará socialista; el 21,2%, comunista; y sólo un 4,4% se inclinará por Alexandre Pedrás y un 13,2%. depositará su confianza en Trias Fargas. En resumen, si la intención de voto de los católicos mantiene un paralelismo más o menos acentuado con el porcentaje general del voto, en el caso de los ateos no ocurre lo mismo, de forma que éstos optan en mucha menor medida que el conjunto de los ciudadanos por CiU y por la coalición fraguista.

Por clases sociales, la alta y media-alta repartirá sus preferencias entre el PSC (30,1%); CiU (28,7%) y AP (21,9%), seguidos inmediatamente por el PSUC y ERC. La clase media afluirá en un 44,6% a la lista socialista; en un 24,7% a CiU; en un 10,6% a AP; y en un 7,9% al PSUC. La clase media-baja y baja concentrará sus papeletas en el PSC (53%) y, en menor medida (un 10,8%, respectivamente) en el PSUC y en CiU, mientras que apenas votará a AP (un 3,6%) y a ERC (un 2,4%).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de mayo de 1983