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TRIBUNALES

El juez decretó la detención del pintor Pujol Baladas como presunto falsificador de cuadros de Dalí

El juez Manuel Sáez de Parga decretó ayer la detención por la Guardia Civil del pintor Manuel Pujol Baladas y de la galerista de arte Begoña Guerrero. Asimismo, el titular del Juzgado de Instrucción número 8 de la Audiencia Provincial de Barcelona ordenó el reenvío a la cárcel Modelo del intermediario José Bella de Molina, que ya había ingresado en prisión el pasado jueves, día 14. La estafa asciende a 37 millones de pesetas y las dos nuevas detenciones se incluyen dentro del sumario 711/82.

Sobre las once de la mañana de ayer, las dependencias del Juzgado de Instrucción número 8 se llenaron de personas implicadas directa o indirectamente en el ya denominado caso Dalí.Ante el juez instructor del caso prestaron ayer declaración Manuel Pujol Baladas, autor de las obras de imitación; José Bella de Molina, intermediario que colocó presuntamente los lienzos del pintor como auténticos; Jacinto Guergué, el comprador que al sentirse estafado denunció el hecho a la Guardia Civil; Joan Manuel Marcé Gea, un marchante de Sitges por cuyas manos pasaron también varias obras ahora confiscadas por el Grupo de Estafas de la Guardia Civil; Antonio Salvià Peiró, otro intermediario; y Begoña Guerrero, la galerista y socio de Juan Pelegrí, otro de los implicados, que en estos momentos se halla en paradero desconocido. El experto Nicolás Osuna Rodríguez, de 61 años, no compareció ante el juez por hallarse fuera de Barcelona.

Una vez terminada la ronda de declaraciones, el juez instructor sometió a todos los implicados en el caso a un careo calificado por él mismo de "monumental" y del que, según el propio juez, "se desprendió por primera vez el hecho de que esta estafa no estaba generada por ningún tipo de red de falsificadores; todo fue un proceso , que ahora, poco a poco se empieza a aclarar". El juez Sáez Parga explicó, además, que se había detectado también un falso cuadro procedente de una persona perteneciente a la nobleza española, por el que se habían pagado 20 millones de pesetas. Según el juez, la mayor parte de los cuadros falsos pertenecen a una galería de arte valenciana.

La historia de este complicado escándalo se inició en 1975, cuando el pintor Manuel Pujol Baladas comenzó a pintar cuadros con inspiraciones en la obra de grandes pintores, especialmente la de Salvador Dalí, considerado por el imitador "como uno de los grandes genios de la pintura universal y uno de los tres mejores artistas mundiales aún con vida. Los otros son Miró y Chagall". Con el paso del tiempo, Pujol Baladas vendió trece de estos óleos a José Bella por la cantidad de 150.000 pesetas. Al parecer, su comprador vendió posteriormente los cuadros a Jacinto Guergue, por una cantidad muy superior. El propio Guergue denunciaría el caso a finales del pasado año a la Guardia Civil.

Manuel Pujol Baladas, por su parte, también denunció sus sospechas de que algunos de sus lienzos estuvieran vendiendose como auténticos de Dalí, entre clientes sin muchos conocimientos en arte. A raíz de estas dos denuncias, el Grupo de Estafas de la Cuarta Zona de la Guardia Civil inició una investigación que ha implicando a un total dé siete personas, de las que, por el momento, sólo tres han sido detenedias: Dos bajo acusaciones de estafa, caso de José Bella y Begoña Guerrero, y otra por falsificación con ánimo de lucro, caso del pintor Manuel Pujol.

El propio Manuel Pujol Baladas declaró ayer a EL PAIS, horas antes de que el juez decretara su detención, que "estoy seguro de que todo esto se aclarará. He caído en manos de los marchantes, los auténticos culpables de todo este embrollo".

"Comencé a pintar obras con inspiración daliniana en 1975. El pasado año, José Bella me comentó que tenía las paredes de su casa desnudas y que quería que le vendiera algunos lienzos. Yo le vendí trece a 150.000 pesetas. Más tarde me enteré de que los había colocado como buenos. Paralelamente, otros cuadros pintados por mí eran vendídos en subasta en la galería londinense de Sotebhy's. Me asesoré, comprobé los catálogos, ví las fotos y al percatarme plenamente de que eran míos me decidí a denunciar el caso."

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de abril de 1983