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Las relaciones hispano-suecas / y 2

Llegan hoy a Madrid los reyes Gustavo y Silvia de Suecia

Carlos Gustavo y Silvia, los reyes de Suecia, llegan hoy desde Estocolmo en vuelo regular de SAS. Les acompaña el ministro de Asuntos Exteriores de Suecia, Lennart Bodstram, en las primeras jornadas de su viaje, que se prolongará hasta el viernes con una escala en Sevilla. La visita es devolución de la que hicieron a Estocolmo los reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, en 1979. En seguida vendrán otros intercambios entre los primeros ministros, porque Felipe, González y Olof Palme tienen un pasado en común y algunos proyectos de colaboración en el ámbito internacional, además de todo un horizonte de mejora en las relaciones hispano-suecas.

En el palacio real de Estocolmo, los reyes recibieron hace unos días a un pequeño grupo de periodistas españoles para adelantarles sus propósitos de cordialidad e impulso a, las relaciones bilaterales que presiden su viaje a Madrid. Durante 45 minutos respondieron a preguntas centradas en las relaciones que mantienen con los reyes españoles, las remotas raíces familiares de la reina Silvia en Toledo, su conocimiento del castellano, su estancia de tres meses en Barcelona en 1970, la simpatía sueca por, la nueva democracia española, el cambio legal que permitirá a la princesa Victoria, de seis años, ocupar en su día el trono.Carlos XVI Gustavo accedió al trono a los veintisiete años, el 19 de septiembre de 1973. y adoptó entonces el lema: "Por Suecia y con nuestro tiempo". Carlos XVI Gustavo es el menor y único varón de los hijos de Gustavo Adolfo y la princesa Sibylla de Sajonia Coburgo-Gotha. Cuando contaba un año de edad, en 1947, murió su padre en un accidente de aviación. Y al acceder al trono su abuelo Gustavo VI Adolfo, en 1950, fue nombrado duque de Jämtland y se convirtió en príncipe heredero.

Cursó estudios de bachillerato en un internado de Sigtuna, cerca de Estocolmo, y cumplió después su servicio militar instruyéndose durante dos años y medio en las distintas armas, y especialmente en la Marina. Su abuelo y antecesor en el trono, Gustavo Adolfo encontró en la arqueología internacional una salida al aislamiento que no pocas veces rodea a una personalidad real, según asegura el Instituto Sueco. Carlos Gustavo ha encontrado esa salida en la conservación de la naturaleza. Participa de forma activa en la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales (IUCN), así como en el Fondo Mundial para la Defensa de la Naturaleza (WWF)

Carlos XVI Gustavo contrajo matrimonio en 1976 con Silvia Renate Sommerlath, que llegó así a ser la reina de Suecia. La reina tiene cuarenta años, es hija de un hombre de negocios alemán y de su esposa brasileña, Alice, oriunda de la ciudad española de Toledo. Obtuvo en Munich el certificado de intérprete de español y fue nombradajefa de ceremonias en el Comité de Organización de los Juegos Olímpicos de Munich, en 1972. Los reyes tienen tres hijos. La heredera, Victoria, nacida el 14 de julio de 1977; Carlos Felipe, nacido el 13 de mayo de 1979, y la menor, Madeleine, nacida el 10 de junio de 1982.

Creciente interés por España

La reina Silvia, vivo contraste de tez y cabellos morenos, con el contexto rubicundo de Estocolmo, ha ganado muchas simpatías para la institución que representa. Un periodista le sugirió que en su viaje a España se hicieran acompañar por la princesa Victoria, en la seguridad de que ello daría un baño de popularidad a la visita entre los españoles. La reina lamentó que las obligaciones escolares no lo hayan hecho posible por esta vez.En Suecia se detecta un creciente interés por España, más allá del solaz festivo de las soleadas vacaciones. Y para los españoles, el modelo sueco cobra un fuerte atractivo, sobre todo en las áreas de la Administración pública, la defensa y la política exterior. Los periodistas españoles que fueron invitados a Suecia cumplieron un programa que, además de los reyes y del primer ministro, les llevó a entrevistarse con el ministro de Defensa, Anders Thunborg; el subsecretario de Exteriores, Pierre Schori; el general Bengt Lilljestrand, director de la Escuela Superior de Estudios para la Defensa Nacional; la subsecretaria del Ministerio de Trabajo, Berit Rolen; los líderes del Partido Conservador, Ulf Adelsohn; del Partido Liberal, Ola Ullsten; de la Confederación Patronal, Ulf Jacobson, y de los Sindicatos de Trabajadores, Erik Karlsson. Además pudieron visitar un escuadrón aéreo, la Real Adademia Militar, el Instituto de Política Exterior, la televisión y el periódico liberal Dagens Nyheter, con una tirada de 500.000 ejemplares, y escuchar del ingeniero director del programa, Suen HelIman, lo que se refiere al nuevo avión de combate JAS 39.

A los periodistas españoles les fue dado recorrer, como ya queda dicho, la Administración sueca de arriba abajo, sin toparse con un conserje, sin sortear tertulia alguna de chóferes y escoltas, sin detectar esos focos de ociosidad sin descanso que brotan espontáneamente en los pasillos madrileños y que han sido tan cuidadosamente institucionalizados en la Administración pública española.

Tradición de neutralidad

Los periodistas españoles pudieron iniciarse en el mundo de los contrastes sin explicación para mentalidades ibéricas, que podrían ejemplarizarse en el plano de la Defensa: una dedicación de hombres y recursos planificada con un rigor admirable y llevada a la práctica con un amplísimo consenso de todas las fuerzas políticas. Y todo ello, desde una firmísima tradición de neutralidad y bajo la pujanza de los movimientos pacifistas y de desarme.Los conservadores, incontaminados aún de contactos con la Alianza Popular de Maiquel Fraga, tascan con amargura el freno de su reciente derrota. Ulf Adelsolin, su líder, explica que el Gobierno socialdemócrata tiene apoyo comunista en el Parlamento y que "Suecia ha pasado de modelo a mal ejemplo". Nada bueno puede esperarse para el país, a su entender, desde las concepciones socialdemócratas, que ven el beneficio de las empresas como una blasfemia, que mejoran las pensiones en perjuicio de los salarios de la población activa y aplican una presión fiscal que desalienta a quienes podrían trabajar más. La réplica socialdemócrata hace un balance inclemente del anterior Gobierno conservador, que mantuvo las atenciones y prestaciones sociales mientras hacía descender los impuestos y optaba, para pagar la factura, por el endeudamiento exterior.

El horizonte de las relaciones ofrece muy buenas perspectivas, y algunas acciones conjuntas en la escena internacional parecen factibles. Pero una vez más aparece la falta de medios. A nuestro embajador, en el invierno, sólo le auxilian otros dos diplomáticos y apenas una traductora. Los presupuestos son ínfimos (200.000 pesetas al año para acción cultural), y la situación heredada puede llamarse, sin exageración, difícil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de marzo de 1983