Un niño de dos años, muerto por disparos de la Guardia Civil en un servicio de vigilancia en la provincia de Toledo

Juan Félix Domínguez Martín de la Fuente, que cumplió dos años el pasado miércoles, fue muerto en la madrugada de ayer, en un cruce de carreteras de la provincia de Toledo, por disparos de la Guardia Civil, que hirieron a su madre en el pecho izquierdo. El niño viajaba con sus padres y sus dos hermanos en un automóvil que no se detuvo ante unas señales de linterna provenientes de una pareja de la Guardia Civil, aunque el conductor del vehículo, un Siruca 1200, matrícula M-6279-AJ, creyó que correspondían a algún vecino del lugar o a algún joven que salía de una discoteca cercana. Los dos sindicatos policiales lamentaron ayer los hechos y pidieron una investigación exhaustiva sobre los mismos, explicados por la Guardia Civil en una nota en la que lamenta lo ocurrido. El niño será enterrado esta mañana en Getafe (Madrid).

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Paco Dornínguez, de dieciséis años, y su hermana, de diecisiete, intentaron convencer a su madre, Florencia Martín de la Fuente, de que el niño que tenía en los brazos aún respiraba. Cuando ella gritó a su marido, que conducía el coche, "¡Voy herida, tengo sangre en el pecho!", Florencia Martín de la Fuente intuyó que su hijo había muerto en el acto, aunque tuviera los ojos abiertos, los mismos ojos a los que ella no dejó de mirar ni un momento desde que, a medio día de ayer, instalaron el cadáver del niño en, una habitación de su casa, en la calle Alvarado número 4, de la localidad madrileña de Getafe. La. madre, sentada a la cabecera del ataúd, sólo decía, cuando dejaba de llorar: "¡Canallacos!, ¡Canallacos!".

La familia estuvo el sábado cenando y viendo la película de la televisión, El diablo sobre ruedas, de Steven Spielberg, en la casa de un hermano de la madre, situada en la urbanización San Marcos, de Viso de San Juan, en Toledo, y se dirigían a su parcela, en Cedillo del Condado, a cuatro o cinco kilómetros de allí. Al salir de la urbanización para tomar la carretera que va de Valmojado a Yuncos vieron, a unos cuarenta metros de distancia, una linterna, de las que utilizan con frencuencia los vecinos de la zona -según Félix Domínguez, trabajador de la fábrica de Uralita, de Getafe, que conducía el coche-, o "unos gamberros que podían estar haciendo auto-stop, de los jóvenes que van a la discoteca cercana, El Chopo.

En el mismo cruce de carreteras Félix Domínguez aceleró el coche. Oyeron unos golpes en la parte trasera del véhículo y pensaron que los posibles gamberros les estaban tirando piedras, por lo que el conductor pensó que lo mejor era alejarse de la zona. Fue instantes después cuando la madre, que iba sentada en la parte trasera, detrás del conductor, gritó que iba herida. Al oir los golpes que creyeron piedras, Florencia Martín de la Fuente, que llevaba abrazado a su hijo Juan Félix, giró hacia la izquierda; intentando mirar hacia atrás. El mismo disparo de la Guardia Civil que mató al niño, entrándole por un hombro y saliendo por un costado, hirió a su madre, de 41 años, en el pecho izquierdo. Félix Domínguez aceleró la marcha para intentar encontrar ayuda y, con las ruedas reventadas, pudo andar alrededor de tres kilómetros. Ayer contó que paró en un bar situado en la misma carretera, antes del pueblo de Cedillo, donde pidió auxilio a varios jóvenes.

Detrás del Simca 1.200 llegó un Land Rover de la Guardia Civil., cuyos ocupantes preguntaron al conductor cómo no había parado en el control, según el relato de éste. En el vehículo de la Guardia Civil fueron trasladados a Casarrubios y durante el viaje se percataron de que el niño, Juan Félix, también estaba herido. Como en Casarrubios no encontraron médico, fueron evacuados en un coche ligero del citado cuerpo hasta Valmojado, adonde el niño llegó muerto. La madre, acompañada de su hija, fue trasladada a la residencia sanitaria Primero de. Octubre, donde recibió varios puntos en el pecho izquierdo, antes de volver junto al resto de la familia.

Cuatro vecinos de la familia Domínguez se trasladaron ayer al lugar de los hechos. "Desde el primer momento", dijo a este pe riódico uno de ellos, "la Guardia Civil pretendió echar tierra sobre el asunto y que no se supiera nada". "Cuando quisimos comu nicar con la Prensa", añadió un familiar de la víctima, "nos dije ron que eso iba a complicar mu cho las cosas. No obstante, el al calde de Valmojado y el goberna dor civil de Toledo se han porta do muy bien".

El general jefe de la primera zona de la Guardia Civil, Constantino Gómez, visitó ayer a los Domínguez. "Dijo que la Guardia Civil correrá con los gastos del entierro, como si eso ya lo solucionara todo", comentó un miembro de la familia.

Por su parte, el ministro del Interior, José Barrionuevo, envió ayer un telegrama de condolencia a la familia del niño fallecido. El portavoz del ministerio se remitió a la información facilitada por la Guardia Civil, en tanto prosigue la investigación judicial abierta sobre el caso. Según el citado portavoz los hechos no ocurrieron en un control propiarnente dicho, como los que de manera habitual, se instalan, por ejemplo, en el País Vasco: es decir un punto de obligada parada, debidamente señalizado y autoprotegido por los miembros policiales que lo atienden. En esta ocasión se trataba de un servicio de vigilancia de urbanizaciones que presta la Guardia Civil, y la indicación para parar fue hecha con los medios de que disponía la patrulla, el uniforme con reflectantes y una linterna.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0020, 20 de febrero de 1983.

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