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Reportaje:

Doce familias separan a Iberduero de la construcción de tres centrales hidroeléctricas en el alto Aragón

Iberduero invertirá en los próximos once años 19.100 millones de pesetas para construir los saltos de Jánovas y Aínsa y tres centrales hidroeléctricas en el norte de Huesca. El futuro de la docena de familias que habitan Ligüerre, un pueblo destinado a desaparecer bajo las aguas, es el primer escollo que se le presenta a la empresa para realizar el proyecto. El segundo obstáculo lo constituye el intento de vuelta de los propietarios que hace veinte años vendieron sus tierras de Jánovas y ahora quieren ocuparlas de nuevo en propiedad. La pareja que desde 1960 se resiste a abandonar Jánovas, donde sólo un par de casas conservan intactos cristales y puertas, parece una pura anécdota en el libro de la supervivencia.

En Ligüerre, un pequeño pueblo asentado a orillas del río Ara, en el norte de Huesca, viven doce familias inmersas en una duda desde hace veinte años. Allá por 1960, Iberduero compró a sus dueños las tierras que la presa de Jánovas iba a ocupar, Pero la empresa nunca construyó, y ahora aquellos vecinos tienen noticia de que Iberduero proyecta una presa- más grande, que sumergiría sus casas y sus tierras. Y aguardan tensos la hora de negociar las condiciones y precios de sus propiedades.Allá por los años cuarenta, la empresa Iberduero se fijó en el Pirineo altoaragonés para construir una presa. En agosto de 1945, el proyecto del salto de Jánovas quedó diseñado. La cuenca de los ríos Cinca y Ara, que riegan el histórico condado de Sobrarbe (Huesca), quedaría así jalonada de embalses.

Iberduero comenzó a adquirir tierras en la localidad de Jánovas a comienzo de los años sesenta. "Las negociaciones", según la compañía, "se llevaron de forma amistosa y sin ninguna violencia". También compró terrenos en Ligüerre. La cola de la presa, según el proyecto, iba a llegar a las tierras bajas de esa localidad. Iberduero no encontró mayores dificultades en las compras. En aquella época, España crecía a un ritmo desconocido y la oferta de trabajo era amplia en varias regiones: Cataluña y País Vasco, entre otras. Los vecinos de Jánovas, Lacort y algunos de Ligüerre hicieron la maleta y se dirigieron en su mayor parte a Barcelona, donde encontraron muy pronto acomodo.

La Administración sugirió a Iberduero que estudiara la posibilidad de crear un embalse regulador de cabecera que favoreciese las instalaciones hidroeléctricas de aguas abajo. Se pensaba entonces en el regadío de los Monegros. Iberduero presentó en 1972 el proyecto reformado, que aún "está en tramitación su aprobación definitiva".

Ante el silencio de la Administración, Iberduero estudió un nuevo plan, "cuyas líneas generales ya han sido presentadas a la Administración, en el cual se toma como cota máxima a inundar la 730, lo que supone un embalse de 345 hectómetros cúbicos". El proyecto será presentado de forma inmediata para su aprobación, siempre y cuando la Administración conteste de forma negativa al presentado en 1972.

El miedo de doce familias

La inversión prevista en el nuevo plan asciende a 19.100 millones de pesetas de 1982; el plazo global de ejecución, once años, y la creación de puestos de trabajo se situaría en una media de 750 durante la construcción de las obras y alrededor de 1.200 en las épocas punta. Los terrenos adquiridos por Iberduero para hacer el proyecto suman 850 hectáreas; los que aún necesita, 180 hectáreas.Estas 180 hectáreas son, en su mayor parte, propiedad de los vecinos de Ligüerre, doce familias que se angustianante lo que consideran irremediable.

¿Dónde vamos a ir", comenta el alcalde, José Asín, de 46 años, dos hijos, "si novalemos más que para trabajar la tierra y hay chavales de veinticuatro años y con grandes carreras que están en paro?".

Alguien lamenta sus últimos veinte años de trabajo. "Vivimos bajo la amenaza de la presa desde hace mucho tiempo, y esa amenaza nos ha creado problemas de supervivencia. Durante años trabajamos sin mecanizarnos porque preveíamos que nos marcharíamos del pueblo. Hace poco decidimos mecanizarnos, invertimos, y ahora parece que va en serio nuestra posible marcha".

Los más viejos exigen seguridades ante el futuro. "Se tendrán que hacer cargo de nosotros, y de nuestros hijos,y de los hijos de nuestros hijos". El alcalde dice la última y desafiante palabra: "Hasta que no suba el agua, no nos echarán de aquí. La expropiación la harán porque el pez grande se come al pequeño, pero enteros no sé si nos podrán tragar".

La leyenda de Jánovas

A partir de 1970, y con el fin de que las tierras adquiridas en Jánovas y Ligüerre no quedaran improductivas, Iberduero alquiló parcelas a arrendatarios, "haciéndose constar expresamente en los contratos que el beneficio que pudiera obtenerse de estos cultivos se destinaría íntegramente a las niejoras de las vías de comunicación y de los medios de vida de las localidades del antiguo término de Albella y Jánovas, no trasladadas en virtud de acuerdo". "Iberduero", continúa un portavoz autorizado, "ha dado cumplimiento a este compromiso", pero a primeros de octubre de 1980, varios antiguos Dronietarios de Jánovas o herederos de los mismos, residentes en Barcelona y dedicados a actividades distintas de la agricultura, decidieron sembrar de nuevo aquellas tierras. Iberduero interpuso una querella criminal, que no llegó a prosperar. Entonces acudió al procedimiento civil, a través de un interdicto, para desalojar las tierras, cuya vista se realizó el pasado mes de diciembre y se encuentra pendiente de sentencia.Al margen de esta situación legal, y ante el hecho de que después de casi veinte años Iberduero no había realizado trabajos en la presa, los antiguos vecinos de Jánovas preveían iniciar, el pasado 30 de diciembre (fecha en que se cumplieron los dos años de preaviso), los trámites para ejercer el derecho de reversión, es decir, volver a ocupar en propiedad sus antiguas tierras. Iberduero, varios días antes, comenzó los trabajos previos de la presa a través de una contrata que construirá el túnel de desviación del río Ara. De todo ello, la compañía levantó acta notarial.

La leyenda del lugar dice que Iberduero nunca se tomó en serio la construcción de la presa de Jánovas porque dedicó todos sus esfuerzos a la central nuclear de Lemóniz, y ahora que tiene un exceso de problemas allí estudia de verdad la posibilidad de levantarla. La segunda leyenda dice que los antiguos vecinos de Jánovas, después de veinte años de trabajo en la industria, quieren pasar su jubilación en la tierra que les vio nacer o forzar a la empresa a una renegociación de las propiedades a precios actualizados.

Veinte años de resistencia

"El agua no me pilla aquí, no se preocupe. El día que Iberduero comience a construir el embalse, recojo los trastos y marcho para Boltaña. Allí tengo un techo para cobijarme. Mientras tanto, de aquí no me muevo".Emilio Garcés y Francisca Castillo son los solitarios vecinos de Jánovas, un pueblo sin ventanas tendido en la orilla derecha del río Ara. Los dos saben que tarde o temprano tienen que abandonar, tirar la toalla y rendirse. No ocultan que Iberduero está en la razón, pero ellos también alegan sus pequeñas razones. Les duele que allá por 1960 la compañía indemnizara por los terrenos destinados a sumergirse bajo el agua y ellos no recibieran un duro por el taller de zapatería que les daba de comer.

Mañico él y "más mañica ella". Ella es más tozuda que yo. Hace unos años vinieron unos peones a derribar el casán que fue de mis padres. Nos cabreamos mucho. Si en aquel momento tenemos una escopeta a mano hacemos un disparate. Gracias a Dios, no la teníamos y decidimos liarnos a pedradas con ellos. Se marcharon, ¡hombre que se marcharon!, pero por la tarde volvieron con una pareja de la Guardia Civil y acabaron el trabajo".

El tiempo, dicen, lo cura todo y el rosario de quejas de Emilio y Francisca se debió dulcificar con los años. Ahora relatan su lucha contra el coloso con cierto orgullo. David contra Goliat, los señores de Garcés contra Iberduero. A veces, la leyenda de los Garcés, tal y como la cuenta hoy, parece una mezcla de divertimiento y tristeza.

Para tener acceso a Jánovas es preciso cruzar el río Ara por un puente colgante, a diez metros de altura. Parece resistente, pero se mueven las tablas y la estructura cuando se cruza. Emilio Garcés lo atraviesa desde hace veinte años en coche. "lberduero quería a toda costa que abandonáramos el pueblo, y entre otras cosas se le ocurrió poner a la entrada del puente un par de pedruscos para que no pudiera cruzarse en coche. Decíaque por allí sólo podía pasar ganado. Yo los retiré y los volvieron a poner. Y así una temporada. Entonces denunciaron ante el Gobierno Civil que el puente no resistiría el paso del coche y un día iba a ocurrir una desgracia. Total, que un día llamé a mis hijos y unos amigos y colocamos diez cocheciocos encima del puente. Hice una foto y se la envié al gobernador civil. Y se acabó la historia."

En Jánovas sólo quedan dos viviendas con cristales, la que ocupan Emilio y Francisca y otra que en verano disfruta una familia que optó por emigrar tras la indemnización de 1960, y que durante todo el invierno tiene ropa tendida en las ventanas de la calle para que nadie la ocupe. La casa de los Garcés está en el centro del pueblo; una vivienda de dos pisos. No pagan agua, ni luz, ni renta. Al calor de la estufa cuenta Emilio cómo se dinamitaron algunas viviendas de Jánovas para impedir que otras familias se instalaran en ellas, y desmiente que la escuela se dinamitara con niños dentro. "Dejaron de dinamitar casas porque un vecino padecía cáncer y el médico solicitó que cesaran los ruidos y las vibra ciones".

Tres proyectos

El aprovechamiento de los ríos Cinca y Ara, en el alto Aragón, es una idea que se remonta al año 1945. En aquellas fechas, Iberduero solicitó de la Administración autorización para construir un salto en Jánovas y otro en Aínsa. El proyecto se aprobó seis años después.El salto de Jánovas, según este primer proyecto, tendría las siguientes características: cota de -710 metros de altura sobre el nivel del mar; volumen total, 188 hectómetros cúbicos; volumen útil, 173 hectómetros cúbicos; salto bruto, 111 metros; potencia instalada, 28,8 megavatios, y energía media, 75 megavatios hora. El salto de Aínsa se situaría en una cota de 594 metros y tendría un volumen útil de 3,75 hectómetros cúbicos, un salto bruto de 70,8 metros, una potencia instalada de 23,4 megavatios y una energía media de 152 gegavatios.

El proyecto de 1972, más ambicioso que el anterior y de dudosa aprobación, prevé para el salto de Jánovas las siguientes características: una cota de 746 metros sobre el nivel del mar; volumen total, 548,5 hectómetros cúbicos; volumen útil, 464 hectómetros cúbicos; salto bruto, 101 metros; potencia instalada, 170 megavatios, y energía media, 214 gegavatios. El salto de Aínsa -tendría una cota de 640 metros; volumen total conjunto, 165,8 hectómetros cúbicos y un volumen útil de 133 hectómetros cúbicos.

Iberduero tiene una alternativa a los dos proyectos, que consiste en la introducción de un salto ¡ntermedio entre el de Jánovas y Aínsa. En esta posible obra, el aprovechamiento de Jánovas, sobre el río Ara, se realizaría con un salto de 115 metros, formado por una presa, bóveda de 110 metros de altura, que almacenaría 354 hectómetros cúbicos y alimentaría una central de una potencia de 181.000 kilovatios. La producción media de la central sería de 150 millones de kilovatios-hora y recibiría las aguas del embalse por medio de una galería de conducción a de cuatro kilómetros de longitud.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de enero de 1983

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