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10 millones de trabajadores secundaron la huelga general en Italia

Los tres grandes sindicatos, CGII, CISL y UIL, aprobaron ayer un examen que se presentaba la víspera con grandes incógnitas. La huelga nacional de más de diez millones de trabajadores de la industria ha sido un éxito, a pesar de que tuvo que celebrarse sin votaciones previas, debido al clima de disensión que existía contra los mayores líderes sindicales, sobre todo de orientación socialista, y que había significado una amenaza a la unidad sindical.

Más del 90% de todas las fábricas del país cerró ayer durante cuatro horas. En algunos centros, durante ocho. Los obreros de Fiat, cuya postura a adopta era uno de los mayores interrogantes, participaron masivamente en la huelga, proclamada contra los empresarios y contra algunas de las medidas de austeridad del Gobierno Fanfani.Pero, sobre todo, los trabajadores salieron a la calle para defender el mecanismo de la escala móvil, que aumenta el salario automáticamente cada tres meses de acuerdo a la evolución del índice de precios al consumo. Y también para que se renueven lo más pronto posible los convenios colectivos, paralizados desde hace más de un año.

En Roma y en Milán desfilaron por las calles, casi en silencio, más de 100.000 trabajadores; en Florencia, 50.000; en Palermo, otros tantos; en Turín y en Bolonia, 40.000, y en Venecia, 35.000. En Nápoles hubo dos manifestaciones. En algunas ciudades, como en Milán, a los trabajadores de la industria se unieron los de otros sectores y miles de estudiantes.

En ninguna ciudad hubo que registrar actos de violencia. Sólo algunas veces, pequeños grupos de ultraizquierdistas intentaron perturbar las manifestaciones pero fueron en seguida aislados por el mismo servicio de orden sindical, sin que tuvieran que intervenir las fuerzas del orden.

Mantener la unidad sindical

Imponente la manifestación de Roma, desde la plaza de la República hasta la plaza de San Juan. En primera fila, cogidos por el brazo, desfilaron, como un símbolo tangible de querer mantener la amenazada unidad sindical, los tres secretarios genera les de los sindicatos CGIL, CISL y UIL: el comunista Luciano Lama, el democristiano Pier Carniti y el socialista Giorgio Benvenuto. Estuvo también presente el número dos del CGIL, Marianetti, socialista, que había sido días atrás, en Bolonia, atacado por la base comunista, que le impidió hablar y le arrojó huevos podridos.Lo más importante de las manifestaciones de ayer fue que en todas ellas, con las pancartas y los eslóganes, se quiso subrayar, junto con la protesta contra la Confindustria, la voluntad de querer mantener la amenazada unidad sindical.

Sólo en una ciudad, en Avelino, de la región de Campania, se le impidió al líder sindical leer el documento unitario aprobado por los tres grandes sindicatos. En todos los demás lugares, el documento fue escuchado con respeto. En muchas ocasiones, aplaudido. Pocas veces, silbado. En Florencia, al terminar su lectura, fueron lanzados al aire racimos de globos rojos con una pancarta que decía: "Unidad y lucha sindical".

Muy creativas y llenas de fantasía resultaron las pancartas con dibujos y viñetas en la mayoría de las ciudades. Sobre todo, en el Sur. Pero también en Milán, donde, como un gran estandarte, un grupo de trabajadores paseó una fotografía gigante de la nómina de un obrero que después de diez años en una fábrica gana exactamente, con todos los subsidios familiares, 62.000 pesetas.

Algunos grupos, sobre todo comunistas, gritaban y llevaban escritos de mil modos "Fanfani, fuera, vete". Pero la protesta fue especialmente contra la voluntad de los empresarios de querer bloquear los sueldos a través de una reforma profunda de la. escala móvil.

La manifestación fue tan importante que, si de verdad hubiera sido contra el Gobierno de Fanfani, éste hubiera caído irremediablemente, como pasó en 1962 contra el Gobierno Tramboni. Pero esta vez sólo los comunistas han pedido la cabezade Fanfani, mientras que el mismo Bettino Craxi, secretario general del partido socialista, acababa de defender en Parma, en un imponente mitin, la política de austeridad del actual Gobier no de centro-izquierda.

El presidente de la República, Sandro Pertini, el anciano héroe de la resistencia, había elogiado días atrás la "mayor madurez" actual de la clase trabajadora italiana. Y ayer estos trabajadores le dieron la razón.

Lo que muchos de los manifestantes no soportaron fue, sin embargo, el mutismo de algunos dirigentes por la prohibición que se había impuesto de hacer electoralismo. Algunos de estos trabajadores, para exteriorizar su descontento, salieron a la calle amordazados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de enero de 1983

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