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CARTAS AL DIRECTOR

Melchor, Gaspar y vuelta a Kant

Cuando el pasado día 5 de enero me eché EL PAIS bajo el brazo no podía suponer que, como estudiante de Filosofía, llevaba el mejor regalo de Reyes de este año entre aquellas páginas.Fue una agradable sorpresa encontrar ese día el Spleen de Madrid dedicado a Kant; no porque no sean frecuentes las intuiciones filosóficas en esta columna, sino porque casi toda ella está dedicada a textos kantianos referentes a su opúsculo -o libelo- La paz perpetua (o La paz eterna, como traduce del francés Umbral). Seguro que tíodos le hemos pedido un poco de paz este año a los Reyes, algunos con salsa OTAN, otros al natural no ya porque sea más digestiva sino porque nos va a hacer falta.

Para creer en una cosa tan sencilla es cada día mayor el número de argumentos que se deben rebatir. Quiera Dios que el ardor pacifista al que nos invita Umbral no sea una mera ilusión; que aquellas palabras con las que concluye Kant La paz perpetua, cuando afirma "...la paz perpetua no es una fantasía vana, sino un problema que hay que ir resolviendo poco a poco, acercándonos con mayor rapidez al fin apetecido, ya que el movimiento del progreso ha de ser, en lo futuro, más rápido y eficaz que en el pasado" nos hagan poner a todos en los regalos, si no en este año sí en los del año que viene, un recuadrito que ponga Totux pax. Será una sencilla forma de empezar a saber de qué va el rollo. /

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de enero de 1983