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El presidente del Gobierno, fue aplaudido en su visita a la División Acorazada Brunete

En su primera visita oficial a un acuartelamiento militar, el presidente del Gobierno, Felipe González, cosechó ayer un notable éxito personal en la Brigada de Infantería número 12, perteneciente a la División Acorazada Brunete, en Colmenar (Madrid). González, que pronunció unas palabras resaltando su intención de "buscar el bien de España, el bien de nuestra Patria, el bien de la inmensa mayoría de los españoles", fue homenajeado, incluso, con una ovación procedente de varios jefes, oficiales y suboficiales. Pocos días después de haber recibido la visita del Rey de España, y en la víspera de la que se presume importante reunión del Consejo Superior del Ejército, prevista para hoy, el jefe de la División Acorazada resaltó ante Felipe González el acatamiento de su Unidad a "la más estricta disciplina y obediencia al mando".

Rodeado de un ambiente de expectación en este encuentro inicial con el estamento castrense, Felipe González acudió ayer a los actos conmemorativos de la Inmaculada Concepción, patrona del arma de Infantería. Le acompañaban el ministro de Defensa, Narcís Serra -que acudió con su esposa-, y el secretario y el portavoz de la Pre sidencia, Julio Feo y Eduardo So tillos, respectivamente. Pese a que era esperada, no asistió la mujer del presidente, Carmen Romero, al parecer debido a una enferme dad de su hija. Esta ausencia creó algún desconcierto inicial en el protocolo del acto. Felipe González fue recibido a la puerta del acuertelamiento por el general Prudencio Pedrosa, jefe de la DAC desde que, hace poco más de un mes, fuera asesinado por ETA su antecesor, el general Lago. También le aguardaba el jefe de la Brigada, general Ramón Martín Ambrosio. En el interior del cuartel general, el jefe del Gobierno fue saludado por el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, teniente general Lacalle Leloup; por el jefe del Estado Mayor del Ejército, teniente general Ascanio, por el capitán general de Madrid, Arozarena Prieto, y otros jefes militares.Titubeos protocolarios

En el patio de armas de la Brigada, unos mil quinientos hombres y casi centenar y medio de carros de combate se encontraban formados para la misa con que tradicionalmente se conmemora la festividad de la patrona de Infantería. González pasó, por primera vez en su vida, revista a las tropas, acompañado del teniente general Ascanio. Posteriormente, ocupó un sitial preferente a la derecha del altar, donde los tres capellanes castrenses de la División oficiaron una misa concelebrida. Tras el presidente, se alinearon el ministro de Defensa, el PRREJUJEM, el jefe del Estado Mayor ciel Ejércíto y el capitán general de Madrid.

La celebración de la misa de campaña registró algunas incidencias menores, derivadas de la inexperiencia de Felipe González en ese tipo de actos. Narcís Serra hubo de indicar al presidente, en alguna ocasión, la actitud a adoptar durante determinados pasajes; pero, en general, el jefe del Gobierno optó por permenecer de pie, en posición de firmes, a lo largo de la mayor parte de la ceremonia. Al final de la misma, González dió la paz, estrechándoles la mano, al ministro de Defensa y a los tenientes generales Lacalle, Ascanio y Arozarena.

Terminada la misa, se procedió a la despedida de la bandera y al homenaje a los fallecidos en acto de servicio, depositando el presidente del Gobierno una corona de flores con los colores de la enseña española ante el monumento a los caídos. A continuación, las tropas formadas al mando de un coronel, cantaron el himno de infantería y desfilaron ante el jefe del Ejecutivo.

"Queremos que nos conozca"

González felicitó a los jefes de la Brigada por el perfecto orden en que se desarrolló todo el acto y, rodeado por algunos oficiales del acuertelamiento e invitados civiles, se dirigió al Hogar del Soldado, donde estaba previsto un vino de honor para jefes, oficiales, suboficiales y familiares. Los tímidos aplausos con que se recibió la en trada del presidente del Gobierno en el edificio se convirtieron en una calurosa ovación cuando Felipe González hubo pronunciado unas breves palabras, en las que resaltó su vocación de servicio a España.

"Quiero que sepan que, en el día de hoy, cuando empieza la andadura del nuevo Gobierno", dijo González, "el presidente, sin ningún sectarismo, con la vista puesta en el bien de España, Patria común de todos los españoles, ejercerá la presidencia del Gobierno con serenidad, con prudencia y con firmeza, y la ejercerá buscando el bien de España". Más adelante reconoció que "puede haber errores en la actuación que, como presidente del Gobierno, tenga en los próximos años. Pero nunca habrá más que la recta intención de buscar el bien de España, el bien de nuestra Patria, de la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles".

"A partir de este día", agregó, "yo les aseguro que conoceré, y conoceré profundamente, las necesidades humanas y materiales de nuestras Fuerzas Armadas; que las atenderé dentro de las posibilidades de la nación española para el mejor servicio de nuestra defensa nacional y para la honra de España, la defensa de su integridad, de su soberanía y su independencia. Yo soy un servidor de España, a quien toca asumir una responsabilidad grave. La asumo con la serenidad que acabo de afirmar, con la responsabilidad que sé que pesa sobre mis hombros y con la esperanza de que sea por el bien de España".

Con este breve discurso, Felipe González respondía a unas palabras de bienvenida, pronunciadas por el general Pedrosa, quien pidió al jefe del Gobierno: "Queremos que nos conozca, queremos que sepa cuáles son nuestros medios, nuestras posibilidades y nuestras limitaciones, que sepa cómo vivimos, cuáles son nuestras preocupaciones y nuestras esperanzas. Y esperamos que este conocimiento mutuo haga que se convierta el respeto que os debemos y tenemos, en afecto". El jefe de la División Acorazada Brunete resaltó el sometimiento de su unidad a la "más estricta disciplina y obediencia al Mando".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de diciembre de 1982

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