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TRIBUNA

Los próximos comicios, proyección de las elecciones andaluzas

Las autoras de este artículo analizan los fenómenos de trasvase de votos que dieron lugar a los resultados de las elecciones autonómicas celebradas en Andalucía el pasado 23 de mayo. A partir de dichos datos establecen una proyección hacia las futuras elecciones generales.

Las elecciones andaluzas han marcado de un modo decisivo la política de este país. A partir de ellas ya nada ha podido ser igual y la anticipación de las elecciones se ha convertido en una necesidad absoluta.No obstante, aún no se ha profundizado suficientemente en sus resultados. Eufóricos unos por los votos obtenidos, espantados otros por los votos evaporados, todos los partidos se han sentido espoleados en la carrera hacia las próximas elecciones sin detenerse a analizar lo que acababa de ocurrir. Se reclaman por doquier, y crispadamente, sondeos y encuestas. No interesa en cambio fijarse en lo ocurrido en una consulta realizada entre el 17,1% de los españoles, y con tan pocos meses de antelación respecto a las elecciones generales; que no es difícil aventurar, con lógicas diferencias, el carácter prefigurador del futuro que las elecciones andaluzas han representado.

Pretendemos, por tanto, en este artículo, no sólo constatar lo que todo el mundo sabe: que el PSOE ha ganado, sino también explicar cuánto ha ganado, de dónde provienen sus aumentos y los descensos correlativos de otros partidos. Pretendemos también situar en sus justos términos el aumento espectacular de votos de AP y, en suma, acercarnos a la comprensión de por qué ha pasado lo que todos conocemos.

Evolución de los partidos

Para ello hemos confeccionado, en primer lugar, los histogramas de la evolución de cada partido en todas las consultas electorales que han tenido lugar en Andalucía desde 1977 (cuadros número 1). Es patente en estos cuadros el práctico mantenimiento de UCD en las tres primeras consultas (generales 1977, generales 1979, municipales 1979), aun con una ligera tendencia descendente que se convierte en caída vertical en las autonómicas de 1982.

El PSOE, que mantiene prácticamente sus votos en las dos primeras consultas, desciende ligeramente en las municipales. El beneficio se lo llevan el PCE y el PSA, que aparecen en el año 1979, en las generales y mucho más en las municipales, como partidos esperanzadores para los andaluces. Pero la esperanza en estos partidos ha desaparecido en 1982, año en el que el PSOE no sólo recupera los votos que pudo perder en 1979 en beneficio de sus dos compañeros en la izquierda andaluza, sino que les absorbe electorado en grandes proporciones (cuadro número 2).

Pero, como demuestra ese mismo cuadro, el PSOE no sólo succiona votos del PCE y PSA, también en un número considerable resta votos a UCD, y aun recoge votos de un nuevo electorado joven en una cantidad nada despreciable.

Porque, como demuestra el cuadro número 3, la espectacular victoria del PSOE en Andalucía no sólo refleja una reestructuración interna del voto de izquierda (PSOE-PCE y PSA) a favor de dicho partido, sino también y ante todo un neto avance del voto de izquierda sobre el voto de derecha (UCD más CD-AP).

El fenómeno del corrimiento del voto de derecha a izquierda, que se recoge en su evolución en el cuadro número 3 y que es continuo en Andalucía desde las elecciones generales de 1977, aunque experimenta una espectacular subida en 1982, responde probablemente a tres factores: la ampliación del censo con un electorado más joven, la pérdida paulatina del miedo a votar izquierda a medida que la democracia, aunque frágil, se va consolidando, y el desgaste del Gobierno de UCD, sobre todo bajo Calvo Sotelo.

Es obvio constatar que este corrimiento del electorado de la derecha a la izquierda coincide con las corrientes puestas de manifiesto en las últimas consultas generales de Francia y Grecia.

Merece también un estudio detallado la reestructuración del voto de la derecha. Es, en primer lugar, una reestructuración dentro de una considerable reducción, como se refleja en el mismo cuadro número 3.

AP no puede 'heredar' todo el electorado de UCD

La subida de Alianza Popular no alcanza apenas la mitad de los votos obtenidos por UCD en las consultas anteriores, como se refleja en los cuadros marcados con el número 1. Esto, que pudiera interpretarse como derivado de lo difícil que sería un cambio tan brusco y radical en el electorado, apunta también a otro tipo de explicación: la dificultad de que un partido tan ala derecha como AP pueda recoger alguna vez un número de votos similar al que obtuvo UCD en las elecciones en que fue el partido más votado del país.

Parece evidente, pues, que la derechización de UCD, la pérdida de su carácter de centro y el desgaste de su desdichada gestión gubernamental le hace perder votos a favor de AP, por un lado, y del PSOE, por otro. Refleja el primer hecho un evidente giro derechista de un sector no despreciable de lo que otrora fue un voto de centro. Pero el segundo responde a otra realidad que tiene también un considerable peso: la componente centrista, incluso socialdemócrata, trasvasada al PSOE como respuesta a la pérdida del carácter de centro que tuvo UCD, puede constituir en lo sucesivo un sustrato electoral para una opción de centro avanzada.

Con todas las reservas propias del caso, hemos realizado una proyección del voto andaluz de las elecciones autonómicas de 1982 al futuro voto en las elecciones generales, a partir de la comparación entre el voto andaluz y el nacional en cada consulta y para cada partido. Según estas proyecciones, al PSOE le correspondería un 48,25% de los votos, a UCD el 13,55%, a AP el 18,45% y al PC el 6,40%.

Proyecciones que son espectacularmente similares a los resultados que los diversos sondeos y consultas de opinión están proporcionando a todos los partidos en función de los encargos de éstos, que son cada vez más periódicos y apremiantes.

Pilar Brabo fue diputada del PCE y después del grupo mixto del Congreso, tras su salida de dicho partido. En la actualidad forma parte de un equipo de sociología electoral con Carmen Ortiz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de septiembre de 1982