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LA LIDIA

El banderillero 'Carriles' muere de un infarto durante la lidia del quinto toro

, ENVIADO ESPECIAL, El banderillero Mariano Martín Carriles sufrió un infarto durante la lidia del quinto toro, que le produjo la muerte. En el mismo túnel que conduce a la enfermería, el empresario de la plaza, José Camará, le introdujo en la boca un tónico cardíaco. Los médicos hicieron cuanto pudieron para recuperar al torero, sin resultado.Ese quinto toro había sido manso violento y fue precisamente Carriles quien llevó todo el peso de la brega. Sufrió una colada terrible, en la que perdió el capote, y hubo de recorrer varias veces el ruedo para colocar al toro en suerte. También hizo la brega en banderillas. Cuando Dámaso González iniciaba la faena de muleta, Carriles ocupó un burladero, atento al quite, y de súbito se desplomó. Sus compañeros lo trasladaron rápidamente a la enfermería.

Plaza de Valencia

29 de julio.Toros de Ramón Sánchez, bien presentados, con casta. Paquirri. Protestas / Ovación y saludos. Dámaso González. Oreja y dos vueltas / Aviso y oreja. Emilio Muñoz. Oreja / Silencio. Durante la lidia del quinto toro sufrió un infarto el banderillero Carriles y fue trasladado a la enfermería, donde ingresó cadáver.

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Emilio Muñoz brindó a su memoria la muerte del siguiente toro -el sexto- y tras muletearlo brevemente, en medio de un silencio impresionante -pues ya había trascendido a los tendidos la trágica noticia- entró a matar. Inmediatamente después los matadores y sus cuadrillas acudieron a la enfermería, donde se produjeron escenas de gran patetismo. Los compañeros de cuadrilla del fallecido eran los más afectados y no podían contener las lágrimas. La corrida, hasta entonces, había transcurrido interesantísima, pues los toros de Ramón Sánchez, muy bien presentados, habían tenido casta, bravura y nobleza. Paquirri no pudo con la agresividad del primero y al cuarto le administró una larga y aburrida sucesión de derechazos y naturales, sin asomo de arte y quizá sin la menor intención de crearlo. Dámaso González, poderoso y valentísimo, entusiasmó con su toreo inverosímil entre los pitones. Emilio Muñoz le realizó al tercero, terciado, flojo y extremadamente pastueño, una torera faena que se hizo de filigrana en los naturales ligados con el molinete o con el de pecho y en varios ayudados a dos manos.

Esta faena y hasta el momento esta corrida han sido lo más importante de cuanto llevamos de feria, y la tarde será histórica por la imprevista muerte de un subalterno, que conoció más altas categorías toreras en su vida profesional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de julio de 1982

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