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Manuel Martín denuncia el fracaso de la política económica

El progresivo agotamiento del proceso de recuperación inversora, el desbordamiento del déficit de las Administraciones Públicas y el fuerte crecimiento de los precios asignan al mejor comportamiento del sector exterior la responsabilidad básica en el posible crecimiento de la economía española en 1982. Manuel Martín, secretario general técnico del Banco Popular, en su tradicional carta trimestral a los accionistas, denuncia el fracaso de la política económica española, a la que llega a calificar, globalmente, de "no perceptible".Manuel Martín, al margen de los temas económicos, afirmó en una reunión informativa que UCD tiene tantas posibilidades como cualquier otro partido de cara a las elecciones, y que, hasta el momento, ninguna fuerza política había solicitado créditos al Banco.

Según la citada carta trimestral, "en conjunto, la actividad económica continúa dominada por la debilidad de la demanda, con la importante excepción del sector exterior". Pese a que existe una cierta sobrevaloración en el crecimiento de las exportaciones, "el sector exterior se configura como el motor básico del crecimiento de la economía española en el año, que puede acabar siendo del 2%, mínimamente ayudado por la demanda de inversión y con una nueva caída previsible del consumo privado".

La evolución de los precios, añade Manuel Martín, "no resulta demasiado alentadora al mostrar tasas anuales de avance superiores al 16%". No puede sostenerse, a juicio del secretario general del Popular, que la nueva aceleración inflacionista "se deba al impacto del mayor precio, en pesetas, de las importaciones por la revalorización del dólar, cuando ese efecto se ha producido también en la mayoría de las divisas europeas y la inflación diferencial española está progresivamente aumentando en relación con Europa".

El aumento de la inflación hay que atribuirlo, en mayor medida, al fuerte crecimiento del déficit público, "claramente incompatible con una política monetaria rectamente concebida como política antiinflacionista, que es necesaria, pero no suficiente, para resolver el problema si queda aislada de una política económica global no perceptible".

La primera consecuencia de este hecho, según Manuel Martín, es que "con toda probabilidad, queden para mejor ocasión los efectos esperados sobre la reactivación económica y el empleo de la moderación de salarios pactada en el ANE". A su juicio, no tiene demasiado sentido, en el marco de una política global coherente, "una cláusula de indicación flexible de salarios que no tenga como tope incrementos de productividad, corregidos por la variación en la relación real de intercambio".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de julio de 1982

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