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CARTAS AL DIRECTOR

Los intereses de los gibraltareños

Me parece clue en este problema hay toda una serie de conceptos oscuros o tergiversados, algunos de los cuales es conveniente aclarar.El primero es el de la descolonización. A tenor de la Carta de San Francisco, fundacional de la Organización de las Naciones Unidas, descolonizar es permitir a la población de la colonia el libre ejercicio de su derecho a la autodeterminación. En consecuencia, las reivindicaciones de carácter meramente territorial están fuera de la letra y del espíritu de la mencionada tarta.

El segundo es el de la soberanía. La soberanía no es, ni más ni menos, que el derecho a gobernar sobre un territorio. Cuando este derecho era conferido, directa o indirectamente, por Dios a los monarcas, éstos estaban legítimamente facultados, para reclamar y reivindícar aquellos territorios que consideraban pertenecer a su corona.

Es lógico que los autócratas traten de ensanchar sus dominios territoriales, al igual que los propietarios de fincas rústicas tratan de agrandar sus predios, pues en ello va su riqueza y su poder; pero es un contrasentido que un Estado democrático reivindique la soberanía sobre un territorio haciendo caso omiso de la opinión de sus habitantes.

En consecuencia, creo sinceramente que el espinoso asunto de Gibraltar debe resolverse con prevalencia de los intereses y la opinión de los gibraltareños y de sus inmediatos vecinos, los linenses, y no de los intereses políticos y de mero prestigio de los Gobiernos, tanto de España como del Reino Unido. /

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de julio de 1982