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Reportaje:

Para algunos franceses, la victoria de Mitterrand es un triunfo póstumo de De Gaulle

¿Qué significó el día 10 de mayo de 1981 en Francia? Un año después del triunfo socialista en la elección presidencial existen dos tesis opuestas: para unos, la victoria de François Mitterrand fue un mero accidente, mientras que para los otros constituye la expresión de una evolución profunda de la sociedad francesa. Pero tambien hay quien piensa que el éxito electoral de Mitterrand ha sido una especie de triunfo póstumo de De Gaulle.

Bernard Cathelat, 39 años de edad, es doctor en Psicosociología, profesor universitario de Comunicación y Cultura en París, y animador del laboratorio de prospectiva social Centro de Comunicación Avanzada (CCA). El equipo que durante los últimos años rodeó a Mitterrand prestó una atención esmerada a sus trabajos. El triunfo de los socialistas hace un año, lo presentaron muchos como una desembocadura, moderada de la rebelión estudiantil de mayo de 1968. Cathelat, en contra del significado que le dieron multitud de estudios y análisis, opina que las "barricadas de mayo de 1968 no fueron el principio de nada, sino la explosión final de una aventura modernista envejecida prematuramente: la aventura de la reconstrucción de la Francia de la posguerra".Cathelat valora las modificaciones estructurales en la sociedad francesa y los cambios de mentalidad: tras la última guerra mundial dominó la microcultura utilitarista, que declinó frente a la mentalidad de aventura (la tecnología, los, cuadros, profesiones liberales, la competición, son todos ellos puntos de referencia de esta microcultura). La década naciente marca el comienzo del declive de esta última ante la civilización de reencontrar el centro (paz, seguridad, vida privada, sociedad de talla humana son sus lemas).

En esta intersección se incrustó la victoria de la izquierda, según Cathelat. "La fuerza tranquila" que inspiró la campaña de Miterrand no era más que eso. El ex presidente Valery Giscard d'Estaing, por el contrario, en su campaña, continuó privilegiando su imagen sin preocuparse demasiado por saber si esa imagen correspondía a los deseos de la sociedad cambiante a la que se dirigía.

En el extremo opuesto se sitúan quienes ven en la victoria de la izquierda un puro accidente, sin ninguna significación profunda. Así lo ve el giscardiano Bernard Rideau, especialista en problemas de comunicación: "La izquierda no ganó por su programa, ni por sus candidatos, ni por su imagen, sino por defecto, es decir, porque se enfrentó a un adversario gastado por el poder".

Accidente, o cambio, el mitterrandismo-socialismo lleva un año en el poder. Con este primer aniversario ha coincidido la reedición de No se cambia la sociedad por decreto, de Michel Crozier, uno de los analistas más reputados del mundo tecnológico y de la sociedad francesa.

Nueva mentalidad

El nuevo prefacio de ese libro encara la experiencia vivida dupante este primer año de poder socialista: "Al acaparar todos los poderes, o casi, el partido socialista parece caer en la tentación del «todo poderoso» que condujo a los reyes y a sus pueblos al desastre. La izquierda amalgama la lógica angélica de la concertación y la lógica furiosa de la ruptura. Se puede gobernar de manera realista con tales razonamientos, cuándo se tiene en frente a una sociedad compleja a la que hay que hacer vivir, evolucionar y desarrollarse, haciéndola más abierta. Es indispensable que la izquierdá cambie y, sobre todo, que cambie de razonamiento. Que pase del anatema moral al respeto de los hombres imperfectos que somos todos nosotros".

Los cuadros, más aún los cuadros medios, las profesiones liberales, la generación estudiantil de 1968, según todos los estudios realizados, fueron el baluarte de la victoria de Mitterrand.

Jean Pierre Tuil, estudiante "revolucionario" de mayo de 1968, licenciado en Políticas, cuadro par¡siense en la actualidad: "Soy hijo de obrero, voté siempre por la izquierda, por solidaridad con una clase. Viví siempre en un clima de izquierdas. Toda mi vida voté por la izquierda, pero sin creer que ganaría. Era una especie de lujo que me permitía. Una semana antes del día 10 de mayo unos amigos me informaron que, por fin, todo indicaba que la izquíerda ganaría. Y empecé a sentir miedo. Supe que las dos terceras partes de los cuadros votarían por Mitterrand y, a disgusto, también lo voté yo. Pensé que Francia era una sociedad bloqueada, ya no soportaba las mentiras políticas y creí que la izquierda iba a decir, la verdad. Aquella noche algo me inquietaba y recuerdo que no dormí. Después, todo me ha decepcionado. Mitterrand, el hombre que me había hecho soñar, vi que era, sobre todo, un hombre de símbolos. Sigo esperando su política industrial, sigo sin saber lo que es el socialismo a la francesa, su discurso cultural me seducía y se ha quedado en palabras grandielocuentes; se autorizan radios libres pero sin medios económicos; no se ha separado la televisión del Estado; Mitterrand se comporta como el presidente de los socialistas; no,ha hecho realidad el discurso unificador que necesita Francia para afrontar el mundo competitivo y difícil en el que vivimos, se comporta como De Gaulle, es decir, sólo se preocupa de su imagen intemacional, pero es el franco lo que, en ese plano, da credibilidad".

Se esperaba más

Richard Gasperini, héroe de mayo de 1968, profesor de Filosofía en la enseñanza secundaria durante diez años, actualmente vive en Rians, al lado de Aix en Provence, y, en solitario, se dedica a la cría de liebres: "Después de 1968 viví en una comuna. Aquello fracasó y ahora estoy contento, aquí, criando liebres. El año pasado, en la primera vuelta voté por Alette Laguillier, la troskista, y en la segunda, por Mitterrand. Creo que, en este primer año, los sociafistas han hecho cosas simpáticas, como la subida de los sueldos, las nacionalizaciones, la supresión de la pena de muerte. No es fácil cambiar una sociedad, y la palabra socialismo es equívoca. Personalmente, nada ha cambiado para mí, ni ahora, ni antes. Eso no imporla. Pero veo que un año después, se esperaba más y muchos se han decepcionado. No sé si el socialismo a la francesa quiere decir algo. No creo en una sociedad sin clases: eso es un bello ideal".

Jean Baptiste Cognet, de la misma generación, es médico anestesista en el hospital Edouard Herriot, de Lyon, no estaba de acuerdo con Giscard, pero,lo votó. "Nuestro problema consiste en que la medicina liberal, que es la nuestra, puede convertirse en una medicina burocratizada. Hoy, los médicos que votaron por Mitterrand se retractarían. A nosotros no nos importa ser funcionarios del Estado, pero lo que rechazamos es la nacionalización de la medicina que parece perfilarse. Yo acepto el juego de la alternancia, pero Francia no va hacia nada mejor, ni naciional ni internacionalmente".

Agrupar a los excluidos

En Marsella vive Jean Kehayan, autor de La calle del proletariado rojo, expulsado del Partido Comunista francés (PCF) el año pasado, antes de las elecciones presidenciales, "porque hacía el juego de Mitterrand", según la nota oficial del PCF. Para Kehayan, "los socialistas lo que quieren es demostrar que saben gestionar como la derecha. La vida política se ha estrechado más aún: todo transcurre en el plano oficial, gubernamental. Marsella no es ejemplo dé nada, porque desde hace veinticinco años está gobernarda por Gaston Defferre, que tenía en sus manos el poder absoluto (Prensa, un periódico de derechas, otro de izquierdas, alcalde, diputado) y ahora tiene también el poder de Estado. Por eso, no ha cambiado nada aquí.

Kehayan recuerda que trabajó a fondo por la victoria de Mitterrand y, siendo un hombre de izquierdas de potenciajidades reconocidas en este país no encuentra trabajo "porque los socialistas no quieren disgustar a los comiinistas". A pesar de todo votaría de nuevo por Mitterrand: "En un año no se pueden hacer muchas cosas tampoco, pero yo creo que el futuro de la izquierda dependen de cómo sepamos agruparnos los excluidos del comunismo y los decepcionados del socialismo. Yo sólo creeré en la democracia cuando la altemancia se opere en el campó de la izquierda. El eurocomunismo puede ser el interlocutor de los socialistas".

La Francia utilitarista

Para la Francia utilitarista, como diría Casthelat, el socialismo a la francesa es, más simple. En La Maurie, cerca de Brive, en diez años, de diez explotaciones agrícolas siete han desáparecido. Alain Chambon sigue al pie del cañón, con sus vacas lecheras: "Tengo la impresión de que, para el Gobíemo, cada día contamos menos. Ahí tiene usted a la gente de la enseñanza, con su salario, cinco meses de vacaciones, seguridad de empleo. Y eso a todos les parece normal".

Franck Gilard es el adjunto del diputado gaullista y alcalde de Les Andelys, René Tomasini. Este pueblo normando, remolachero e industrial, pertenece al departamento del Eure, copado por la oposición en las últimas cantonales. Gilard nos declara que "la victoria de Mitterrand es un triunfo póstumo de De Gaulle, las instituciones, y que el poder socialista puede durar los siete años, pero se degradará paso a paso".

En el avión, camino de Burcleos, la azafata prefiere ocultar su nombre, pero habla y habla: "Voté por Mitterrand, pero no sé lo que haría ahora. La televisión ya era niala, pero ahora es muy aburrida con tantos debates. Mitterrand me pa rece un idealista, un moralista. Me gusta Delors, pero me irrita Defferre, porque tiene una leyenda relacionada con la mafia. Mitterrand ganó porque la gente estaba harta de Giscard".

En el tren, hace Bayona, Veronique Laporte, unos veinticinco años, es de Pau, trabaja en un instituto de belleza y quiere estiblecerse por su cuenta: "Mitterrand es un pretencioso, tanto como Giscard. Para mí todo ha cambiado con él, pero negativamente. Yo esperaba el cambio, sí, pero que se viera, que no sea oscuro, es decir, que no nos tomen por imbéciles. Desde que ganó Mitterrand, en la televisión no hay más que tonterías. No es posible que Mitterrand esté siete años ahí, tiene que pasar algo. Y, además, los comunistis en el Gobierno. Sólo con ver a Marchais me pongo mala".

Herve M., que aspira a ingresar en Correos: "Voté por Mitterrand porque soy obrero, pero no sé hacia dónde va este régimen, no veo claro. Hace falta que apliquen las promeas, pero sin hacer locuras. Mitterrand me ha decepcionado porque no ha creado puestos, pero hace su papel. Me gusta Mauroy y, sobre todo, Cheysson, porque dicen lo que piensa".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de mayo de 1982

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