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Sólo Pinochet reconoce a la Junta guatemalteca

ENVIADO ESPECIALEntre crecientes rumores de conspiración Cívico militar en busca de un contragolpe que restaure el poder de la ultraderecha, la Junta Tripartita guatemalteca ha dado posesión a los últimos ministros civiles y anuncia para los próximos días un programa de Gobierno y una declaración de intenciones sobre la convocatoria de nuevos comicios.

El nuevo poder de facto, que afirma controlar el país y tener la lealtad de sus fuerzas armadas, está buscando un imprescindible reconocimiento internacional que por el momento sólo le ha otorgado el régimen chileno del general Pinochet. La Junta de Guatemala, de otra parte, tiene como prioridad absoluta en política exterior el restablecimiento de relaciones diplomáticas con España.

En su primera declaración como ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Alonso Lima, un diplomático de carrera, ha dicho que el nuevo Gobierno está estudiando ya una fórmula que permita la normalización diplomática entre ambos países, rota por Madrid hace poco más de dos años, a raíz del asalto por la policía de nuestra Embajada en Ciudad de Guatemala y la matanza que siguió en su interior.

La junta presidida por Ríos Montt e integrada por el también general Horacio Maldonado y el coronel Francisco Gordillo, sigue sin conceder audiencia a los dirigentes de los partidos políticos, con los que sin embargo está manteniendo durante estos días contactos oficiosos. Sus nombramientos, en general muy poco significativos, se producen en el ámbito de funcionarios que han estado vinculados a regímenes anteriores o de profesionales sin militancia ideológica conocida.

Hay estos días dos Guatemalas perfectamente separadas. La de la calle, a donde en la capital al menos ha vuelto un cierto grado de tranquilidad y el sentimiento extendido de que la pesadilla del tiro en la nuca y la bomba puede ir desapareciendo, y la que tiene por escenario el Palacio Nacional, donde se intenta contrarreloj dar forma al proceso iniciado con el golpe de estado del martes último.

La tranquilidad callejera de la capital, sin embargo, no se da en todo el país. En Escuintla, a pocos kilómetros de Ciudad de Guatemala, han sido asesinadas once personas en las últimas 48 horas.

El Palacio Nacional, un edificio solemne de aire colonial que recuerda en algunos rincones a la Alhambra granadina, se ha convertido en el zoco donde se mercadea con el poder. Por una puerta entran desconocidos funcionarios, viejos servidores de varios regímenes militares, instalados hombres de empresa. Por la otra salen convertidos en ministros o subsecretarios.

Algunos indicios revelan hasta qué punto la Junta guatemalteca, producto de un azar más que de un plan, carece de proyectos políticos concretos y de personas con que llevarlos a cabo. La designación del ministro de Economía, por ejemplo, ha sido dejada por el general Ríos Montt a criterio de los empresarios, a los que llamó a Palacio para que propusieran dos nombres.

Entre nombramientos, algún miembro del poder militar, o todos juntos, se someten a una improvisada conferencia de Prensa, con la cohorte de periodistas que monta guardia en la sede del Gobierno.

"Si queremos ser respetados, tenemos que respetar", dijo ayer el general Ríos Montt en una de estas repentinas conferencias, aludiendo a un posible enjuiciamiento de los responsables del régimen del derrocado presidente Romeo Lucas.

Todos los altos cargos del Gobierno anterior, a excepción del huido ministro del Interior, Donaldo Alvarez, permanecen en Guatemala, en sus domicilios. También están en el país el vencedor de las elecciones del pasado día 7, general Aníbal Guevara, y su compañero de candidatura, Ramiro Ponce.

En una rápida definición sobre sus aspiraciones al frente de la Junta, el general Ríos Montt, que reiteró su intención de no presentarse a elecciones presidenciales, agregó que está en el poder "para que los guatemaltecos satisfagan no solo su hambre física, sino también espiritual".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de marzo de 1982

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