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Inflación y actividad empresarial en el período de crisis / 1

En los últimos años, una de las características dominantes de la economía española ha sido las eleva das tasas de inflación (y paro). Aparentemente, la inflación es un fenómeno monetario, dado que expresa un cambio en los niveles de precios (valor del dinero) entre dos períodos de tiempo. Sin embargo, para que la inflación no tuviera repercusiones en el sector real de la economía, oferta y de manda de bienes y servicios se deberían cumplir una serie de condiciones que raramente se verifican en nuestras economías.Entre ellas destacan por su importancia: 1) que la inflación fuese perfectamente anticipada por todos los agentes económicos; 2) que la política monetaria de la autoridad económica se adaptara sin retrasos a los cambios en el nivel general de precios; 3) que el sistema fiscal fuese neutro, en el sentido de gravar en función de las bases reales que existirían en ausencia de inflación, y 4) que no alterase las actitudes de los agentes económicos en la toma de decisiones.

La existencia de distorsiones creadas por la inflación en el sector real hace necesario el valorar su impacto para la comprensión de la evolución económica y la toma de decisiones adecuadas. En nuestro país, al contrario de lo que ocurre en la mayoría de los países, existen pocos trabajos empíricos que ayuden a valorar las distorsiones causadas por la inflación en el sector real, lo cual se hace notar particularmente en los últimos años.

En una serie de trabajos recientes (1), los autores hemos tratado de llegar a una valoración, al menos aproximada, del impacto de la inflación en el sistema empresarial de la economía española a lo largo del período de crisis de nuestra economía.

En una primera fase, la investigación se ha centrado en ajustar por inflación los estados financieros consolidados que publica la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) (2). Estos ajustes tenían por objeto, para el período 1972-1979, expresar los valores de las partidas del balance a valores de reposición y obtener el beneficio económico verdadero. Digamos solamente que en lo referente a los beneficios contables se realizan las siguientes modificaciones: se deducen las diferencias entre activos consumidos a precios de adquisición y de reposición (tanto para activos fijos como para existencias); se contabiliza la ganancia correspondiente por la revalorización de los activos mantenidos por la empresa; se deduce la pérdida de poder adquisitivo de los fondos propios debido a la inflación.

El cuadro 1 muestra la evolución de las cifras de beneficios originalmente presentadas por la APD y las ajustadas después de las correcciones pertinentes. De la observación del mismo se desprende que los beneficios empresariales son sensiblemente distintos. Excepto en 1974, año en el que se contabiliza una ganancia extraordinaria por revalorización de existencias, según la cifra del deflactor implícito de esta partida en la contabilidad nacional, los ajustes por inflación implican unos beneficios inferiores, los cuales incluso llegan a ser inferiores a los dividendos repartidos, con la consecuente descapitalización.

(1) Medios financieros y coste del capital para la empresa (IMPI, 1981); Resultados empresariales y valoración de acciones. Investigaciones económicas (próxima aparición); El impacto de la inflación en la empresa española (mimeografiado, 1981).

(2) Análisis económico-financiero de la empresa española no financiera (APD, 1979-1981).

J. Durán Herrera e I. Santillana del Barrio, son profesores de la Universidad Autónoma de Madrid. V. Salas Fumás es profesor de la Universidad de Zaragoza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 19 de enero de 1982.

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