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Manifiesto de destacados militantes comunistas contra las expulsiones de los concejales madrileños

Un grupo integrado por 266 comunistas de Madrid hizo público ayer un manifiesto sobre la situación por la que atraviesa el PCE en el que se contiene un llamamiento a la conciliación, con el fin de evitar que se consumen las expulsiones en curso de cinco concejales del Ayuntamiento madrileño y de once candidatos comunistas a la misma Corporación. El manifiesto podría constituir el germen de una futura escisión en el PCE ya que sus firmantes, entre los que figuran cuadros del partido, dirigentes sindicales y cargos públicos, advierten que si no se dejan sin efecto las referidas expulsiones, para ellos perdería toda autoridad el actual Comité Provincial de Madrid y el actual secretariado del Comité Central.

El referido manifiesto fue entregado ayer a la Prensa en una reunión informativa en la que estaban presentes, entre otros destacados comunistas, Carlos Alonso de Zaldívar, expulsado del Comité Central, y Eduardo Mangada, concejal madrileño también expulsado del partido. Entre sus 266 firmantes en la provincia de Madrid figuran, al menos, 66 cuadros del partido, más de cincuenta cargos públicos, entre alcaldes, concejales, delegados de servicio municipales y diputados provinciales, y unos setenta dirigentes sindicales de Comisiones Obreras. Figuran también entre los firmantes varios presidentes de asociaciones vecinales y gran número de artistas y destacados profesionales.Según explicó Laureano Cuerdo, dirigente de Comisiones Obreras, presente también en la reunión informativa y expulsado del partido por negarse a renunciar a su derecho de acceder al Ayuntamiento en favor de los designados por el partido como sustitutos de los concejales, "no se trata de plantear un ultimátum o un chalaneo con la actual dirección del partido. Simplemente, tratamos de explicar al conjunto del partido que ya es hora de poner fin a este tipo de dirección".

La representación de los firmantes, entre los que también figuraba Julián Rebollo, actual concejal madrileño, insistió en el carácter conciliador del manifiesto, "`que no persigue ninguna exclusión, ni siquiera de los miembros de la actual dirección. Estamos convencidos de que el método de dirección que hoy se lleva en el partido, con otras personas, también sería rechazable. No se trata, pues, de personas, sino de métodos, por lo que no estamos contra nadie y no pretendemos evitar unas expulsiones para fomentar otras".

Ninguno de los representantes de los firmantes del manifiesto supieron explicar la traducción orgánica de la afirmación contenida en el manifiesto a propósito de la pérdida de autoridad de la actual dirección del partido en el caso de que no se avenga a dejar sin efecto las expulsiones en marcha. No obstante, sin negar categóricamente que podría tratarse del inicio de una escisión, "pues decimos bien claramente que seguimos y queremos seguir siendo militantes comunistas", Eduardo Mangada explicó que "todo el mundo sabe lo que pasa cuando se pierde el respeto".

Manifiesto conciliador

El manifiesto comienza negando que la actual crisis del PCE sea consecuencia de una actividad fraccional o de las ambiciones personales de los sancionados, "ni producto de una conspiración de la CIA y la KGB". La crisis del PCE, en opinión de los firmantes del manifiesto, es por las carencias que arrastra el partido en los aspectos ideológico, organizativo y de alternativas que "no se han sabido y querido afrontar, lo cual reclama de todos una autocrítica ya que esto se ha traducido en una desorientación para el conjunto del partido".Analiza después el manifiesto la escalada que registra la pérdida de militancia del partido, que entre 1978 y 1981 supuso el abandono de más de 50.000 militantes, y para el caso de Madrid, 14.000, así como la descomposición de las organizaciones de profesionales, intelectuales y artistas, y el debilitamiento de las organizaciones de fábrica y la falta de comunicación de la base con la dirección. Este estado de cosas se ha traducido en un debilitamiento de la influencia política del PCE y en grandes dificultades en la relación del partido con los movimientos sociales.

La panacea a tantos problemas no fue, como se señala, el X congreso, en el que, no obstante, se rechazaron actitudes de exclusión como las registradas en la Conferencia de Madrid, "donde se impuso un comité en minoría porque algunos miembros de la dirección saliente vetaron a determinados candidatos". En este sentido, se critica duramente la forma de dirección del partido, especialmente por la falta de debate político, y las acusaciones de labor fraccional hacia quienes pretendían discutir cualquier aspecto que no fuera impuesto por la dirección.

El manifiesto repasa después de manera somera los distintos acontecimientos registrados en la vida Interna del partido desde que se disolvieran los comités que expresaron algún tipo de solidaridad con las negociaciones entre el EPK y EIA, pasando por el acto informativo celebrado en Madrid y las expulsiones, se censura el intento de trasladar la crisis del partido a los ayuntamientos y a CC OO.

Como conclusión, se pide que no se consume la salida de los concejales comunistas del Ayuntamiento de Madrid. "Si así ocurre -se dice-, manifestamos nuestra convicción de que la presente crisis puede encontrar una salida positiva y nuestra disposición para contribuir a ella". En caso contrario, los firmantes del manifiesto consideran que se crearía una situación irreversible "que haría perder, de manera también irreversible, toda autoridad al actual Comité Provincial de Madrid y al actual secretariado del Comité Central ante los firmantes de este documento".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de diciembre de 1981

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