Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El triunfo de la constancia regionalista frente a Castilla

Cuando en la Navidad de 1975 el secretario de la recién creada Asoclación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC), Ignacio Gómez Llata, declaraba a la Prensa que «antes de un año aqui se hablará más de Cantabria que de Santander», muy pocos tomaron en cuenta la profecía. Pero iba a ser así con el tiempo, aunque para ello tuviera que librarse una batalla sorda en la que más de un político encontró su jubilación.En el principio, la cuestión regional dividió la clase dirigente en dos partes irreconciliables, una progresista, con acento en la historia y en la teoría descentralizadora a ultranza, y la otra conservadora y hasta ultramontana, que soñaba todavía con los tiempos en que el puerto santanderino era el protagonista del comercio ultramarino nacional-castellano y que aún creía posible recuperar el esplendor comercial perdido.

MÁS INFORMACIÓN

Trascendiendo la historia de Cantabria, de indudable entidad y nunca puesta en duda por estudioso alguno de la región, el proceso autonómico, culminado con éxito, no es mas que el resultado, por tanto, del triunfo de la constancia regionalista contra un frente castellano que se formó tarde y que desapareció meses después de haber nacido.

Pero esa polémica, que en ocasiones llegó a amenazar violencia con el reflejos vasco como coartada, permitió al Gobierno central, cuyo portavoz autonómico era todavía Clavero Arévalo, la no concesión de la preautonomía y una ligera ofensiva para, reconducir a la región hacia el seno del Consejo Regional de Castilla y León. La oferta provocó la mayor crisis del partido centrista de Cantabria, cuyos parlamentarios estaban entonces divididos a partes iguales a favor y en contra del proceso.

La convocatoria adelantada de elecciones de 1979, la formación apresurada del Partido Regionalista de Cantabria (PCR), que en tres meses se convirtió en la tercera fuerza regional, y la consolidación en las listas electorales de los hombres autonomistas de UCD, además de la radicalización de socialistas y comunistas, respaldados ya por sus dirigentes nacionales, son datos que explican la aceleración del proceso autonómico cántabro, que cumplió el mecanismo constitucional antes que ninguna otra región.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de octubre de 1981