PAIS VASCO

Nueva controversia por el referéndum sobre la central nuclear de Lemóniz

La controversia sobre la central nuclear de Lemóniz, apagada considerablemente tras el asesinato del ingeniero Ryan, se ha avivado con toda su intensidad en las últimas semanas, a partir de los rumores de que aquélla podría pasar a depender del control público de la comunidad autónoma vasca, de las declaraciones de un alto funcionario de la Administración español; partidario de la no celebración del referéndum y las reacciones favorables al mismo, aunque con matizaciones, de los partidos de la izquierda vasca.

, El atentado que costó la vida a Ryan fue en su día un elemento desmovilizador en la larga polémica sobre el futuro de la central de Lemóniz. Sobre la misma se corrió un tempóral manto de silencio, mientras que los ingenieros y técnicos -amenazados por ETA- la paralizaban de hecho con su ausencia al trabajo. El 23 de febrero haría el resto, desviando las preocupaciones a Madrid.La llegada de Calvo Sotelo a la presidencia del Gobierno dio un significativo giro al tema. Aquél, en su primera entrevista oficial con Carlos Garaikoetxea, le transmitió sin retórica alguna el firme deseó del Ejecutivo español de no aceptar «bajo ningún concepto» un referéndum sobre Lemóniz, al tiempo que le urgía a una rápida solución al problema, que, por supuesto, no debía de pasar por la consulta popular. Durante semanas, representantes del Gobierno vasco y de la Administración central discutieron, sin publicidad, sobra el futuro de Lemóniz en Madrid

El detonante

El detonante que avivó la polémica había que encontrarlo el 21 de mayo, a partir de las declaraciones a una agencia estatal de aun alto cargo de la Administración central», en las cuales se señalaba que en ocho meses se iniciarían ras primeras pruebas en la central y que no habría referéndum «porque peligraría la vida de quienes defendieran el si». Estas afirmaciones precedieron en veinticuatro horas a las hechas por Gómez de Pablos en la toma de posesión de la presidencia de Iberduero, al expresar el deseo de la empresa de que la central comience a funcionar en julio de 1982.La reacción del PNV, fundamentalmente alas afirmaciones del representante de la Administración central, no se hicieron esperar. En una nota expresaba el firme propósito del partido de potenciar un debate público, previo al referéndum popular, tal y como en,su día habla acordado el Parlamento vasco. Sin embargo, días después, Xabier Arzallus, presidente del PNV, introducía elementos nuevos de discusión, al afirmar en Radio Nacional de España en Bilbao que .debe quedar claro que si el pueblo dice no a la central nuclear de Lemóniz, luego deberá atenerse a las consecuencias, ya que ala hora de reclamar tiene que ser consciente de que se ha impuesto sus propias limitaciones.

Estas afirmaciones, añadidas a los rumores sobre la posible intenc:ón del Gobierno vasco de acceder a una fórmula de solución por medio de la aceptación del control público de la central' nuclear, que podría alejar la posibilidad de que el referéndum se celebre, provocó la desconfianza de los partidos de la izquierda vasca sobre las intenciones f vales del PNV sobre el futuro de Lemóniz.

Herri Batasuna, al reafirmarse en la necesidad de la consulta popular hacía, sin embargo, públicas las condiciones previas para la aceptación de la misma: paralización total de las obras, investigación sobre la legalidad de la construcción y amplia información pública. Coincide, en líneas generales, con estas exigencias Euskadiko Ezkerra.

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