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MUSICA CLASICA

Excepcional versión de "E1 Mesías", de Haendel

Orquesta y Coro de St. Martin in the Fields, de Londres. Solistas. . T Cahill, A. Hdogson, A. Roden y P. Hudson. Director: L. Heltay. Teatro de la Zarzuela. 15 de abril.

Escuchar El Mesías a continuación de La Pasión según san Mateo resulta una experiencia clarificadora. Ahí están dos conceptos distintos del barroco enfrentados en el genio de dos gigantes. Haendel saca sus oratorios de la Iglesia y los convierte en formidables fiestas teatrales con toda la riqueza, pero, también, con toda la capacidad expresiva de las voces humanas unidas al conjunto instrumental.

Estas dos horas de música -recitativos, arias, ariosos, coros, fragmentos instrumentales- sirven a la significación de un texto, pero semejan no cumplir otro objetivo que el de un sonido en movimiento. «Cada figura es prisionera de una intención dinámica; el cuerpo se retuerce, ondea y vibra de la misma manera que un junco acometido por un vendaval. No hay un milímetro de corporeidad que no entre en convulsión». Así dice Ortega y Gasset con respecto al Greco y si la materia, el color y el gesto sufriente son en sus paralelos musicales de Haendel harto diferentes, no lo es ese principio de impulso dinámico, esa «relación vitalísima con estas formas de música», «esa acción grande y externa llevada a su término», que distingue el oratorio de Handel de la música eclesiástica, según Dilthey.

Stricker precisa los términos comparativos cuando afirma: «Es necesario ir a Roma para comprender el fasto de esta puesta en escena; todo nos habla allí del gusto por la representación, de ese teatro de la vida interior, y, sobre todo, san Pedro. Desde el primer momento nos sentimos llevados por una voluntad teatral: la basílica queda aislada del palacio por una vasta explanada y la columnata de Bernini se despliega como si la misma Iglesia nos abriese los brazos». Acción dinámica, teatralidad, vocalidad lírica, se consiguieron, en principio, con relativamente pocos elementos, como hemos podido escuchar al Coro y Orquesta de St. Martin in the Fields, que cultivan la versión original (Dublín, 1742) del El Mesías.

Está claro que, dados esos valores, el gran oratorio handeliano admite la ampliación y la romantización, mucho mejor que La Pasión de san Mateo. De todos modos, esa agilidad aérea, ese medido equilibrio, ese poner contención a cualquier tipo de retórica, logra resultados más hondamente conmovedores, más verídicos y convincentes, aun cuando las versiones panorámicas pueden ser más vencedoras. El Mesías, tal como lo hacen los músicos de St. Martin, nos incorporan, remueven lo más íntimo de nuestro ser. En el otro caso, nos anonadan.

Tuvimos cuatro espléndidos solistas, sobre los que alzamos el color y la extraordinaria línea expresiva de la mezzo Alfreda Hodgson, si anotarlo no supone demérito para la gracia en el decir y la luminosidad vocal de la soprano, Teresa Cahill, la seguridad y nobleza de medios y conceptos del tenor, Antony Roden, y el contrastado poder del bajo, Paul Hudson.

En cuanto al coro (una cincuentena de voces) y la orquesta, no puede hablarse de sorpresa, porque nos son conocidas su perfección y estilística tanto como el riguroso y flexible criterio del director, Laszlo Heltay. El teatro de la Zarzuela fue pequeño para albergar la amplia concurrencia y aún más para contener el multiunánime aplauso y la entusiasta aclamación. A ellos nos unimos con nuestro más estentóreo ¡bravo!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de abril de 1981