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Satisfacción en Israel ante la división de sus enemigos

Los círculos políticos israelíes registran con satisfacción la división provocada en el mundo árabe, y sobre todo entre los palestinos, por la guerra irano-iraquí.

En Tel Aviv se siguen con interés las divergencias que enfrentan a los enemigos del Estado hebreo: por un lado, Irak, Jordania y, en menor medida, Arabia Saudí, y, por otro, Irán, respaldado por Siria, Libia y, aunque a regañadientes, la Organización para ha Liberación de Palestina (OLP).

Fuentes del Ministerio de Defensa señalaron que esto significaba el hundimiento del llamado Frente Oriental, integrado por Siria, Jordania e Irak, cuyo papel consistía en atacar, en caso de guerra, las fronteras norte y noreste de Israel.

La Prensa hebrea publica en primera página las declaraciones del príncipe heredero de Jordania, Hassan, y del «número dos» de la OLP, Abu-Ayad.

«El Israel de Beguin es el principal beneficiario de la guerra que enfrenta a Irak e Irán», afirma el príncipe Hassan, quien pone especial empeño en restar importancia a la ayuda brindada por Jordania a Irak y expresa el temor de que las grandes potencias intervengan en el conflicto, si la guerra se prolonga.

Por su parte, Abu-Ayad, «segundo» de la OLP, opinó que la continuación de la guerra irano-iraquí, que puede extenderse a otros países árabes vecinos, acabará destruyendo un gran número de pozos petrolíferos y privará a los árabes y a la OLP del arma del petróleo.

El ministro israelí de Asuntos Exteriores, Itzhak Shamir, observó, por su parte, una «cierta mejoría» de las relaciones entre Israel y los países árabes provocada por la guerra. «Esta guerra refuerza la tesis israelí de que el conflicto árabe-israelí no es ni el único ni el más importante ni, sobre todo, el, más peligroso para la paz en Oriente Próximo». «El conflicto árabe-israelí», añadió Shamir, «es uno entre tantos en la región y, aunque los gobiernos europeos no lo reconozcan, los pueblos europeos saben que sacrificar a Israel a favor de la amistad con la OLP no garantiza, en absoluto, el abastecimiento de petróleo del "viejo continente"».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de octubre de 1980