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La Organización Internacional del Trabajo y la salud de los trabajadores

En junio pasado se celebró en Ginebra la 66ª Asamblea Anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Entre otros puntos del orden del día figuraba uno relativo a la seguridad, higiene y medio ambiente de trabajo. Se discutieron cuarenta cuestiones, más un anexo sobre enfermedades profesionales de cara a la adopción de una recomendación o convenio. Está claro que los convenios gozan de una mayor significación y trascendencia que las recomendaciones. De ahí la importancia de los puntos introducidos en convenio en materia de salud laboral, de entre los que destaco los siguientes:Se debe contar con los trabajadores

En todo lo que haga referencia a higiene, seguridad organización del trabajo, innovaciones tecnológicas, aprobación de leyes, que afecten a la salud de los trabajadores, tanto los Gobiernos como los empleadores (término este con que la OIT denomina a los patronos) «están obligadas a actuar en consulta con los trabajadores o sus organizaciones sindicales más representativas ». Ya no se trata de consultar y después hacer lo que les venga en gana, como viene sucediendo. El capital, que siempre ha hecho sus cuentas sobre la salud de los trabajadores, se encuentra ahora con el deber de hacer las cuentas con la salud de los trabajadores, convertida en sujeto de contradicciones.

La salud es más que la ausencia de enfermedad

Hasta el momento, en nuestro país las políticas para la salud han sido definidas por los Estados, y más que de salud han sido políticas contra la enfermedad. La medicina preventiva figura en los papeles del ministerio nada más. En nuestro país no existen médicos del trabajo, existen médicos de empresa, quienes se ven obligados, muy a pesar suyo, a realizar funciones burocráticas, de control del absentimo, incluso funciones represivas, que nada o muy poco tienen que ver con la medicina preventiva. Por otra parte, nos encontramos con una legislación que prima el riesgo (pluses y baremos), basada en el principio de que el riesgo es inevitable, solo compensable económicamente, con lo que entramos en la comercialización y mercantilización de la salud.

En el punto seis de las conclusiones propuestas para convenio, se afronta este concepto restringido de salud y se obliga a Gobiernos y empleadores a «crear condiciones de bienestar», además de las de seguridad e higiene, con lo que la salud de los trabajadores cobra una dimensión política, pues supone entender la misma como el disfrute de un trabajo sin riesgo, de una vivienda digna, de unos transportes suficientes y de calidad, de una estructura sanitaria adecuada y participativa, de unos salarios suficientes, de un medio ambiente habitable, etcétera. Todo un programa político, basado en la propia definición que de la salud hace la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Contra la importación de equipos y sustancias peligrosas

Mucho se ha escrito sobre la exportación del cáncer, sobre las consecuencias que puede acarrear a nuestro país, tecnológicamente dependiente, en crisis y con un índice altísimo de paro, la instalación de multinacionales, que bajo el pretexto de crear puestos de trabajo, introducen maquinarias obsoletas, equipos desechados en su país de origen, sustancias químicas prohibidas... Consecuencias que ya las estamos viviendo y padeciendo en Huelva, Tarragona y Puertollano, donde a los trabajadores nos han despojado de la salud y ahora nos dejan sin empleo. Y lo más grave, con un progresivo deterioro del entorno y la calidad de vida de grandes colectivos de población no activa. Aquí se ha demostrado que el axioma de que «quien contamina paga» no es más que un invento del que contamina para no pagar. De ahí la importancia del punto catorce del citado convenio, que dice: «Quienes proyectan, fabrican, importan, suministran o transfieren maquinaria, equipos, sustancias o agentes para uso profesional.., deben asegurarse de que éstos no impliquen ningún peligro para la seguridad o la salud de las personas ... ».

Es indudable que el citado convenio supone un gran avance sobre el tema, ya que potencia la participación activa de los conjuntos sociales, incluido el personal de la salud, en la elaboración de políticas alternativas, donde el movimiento obrero está llamado a jugar un papel de primer orden. El medio de trabajo tiene una influencia decisiva sobre la salud y la seguridad del individuo, así como sobre su bienestar físico y mental. Es donde el trabajador pasa, por lo menos, una tercera parte de su tiempo. Junto al medio de trabajo y unido estrechamente, se halla el medio de vida, puesto que los riesgos en el trabajo aparecen en el entorno habitable, bien como contaminación ambiental o como parte de la unidad de consumo.

Quiero terminar señalando algunos otros datos que demuestran palpablemente la relación entre trabajo y salud. Según F. Blanchard, director general de la OIT, «en la industria, solamente el número de accidentes anuales que entrañan una suspensión de trabajo en todo el mundo se estima en cincuenta millones, es decir, 160.000 por día. En el sector industrial de los países desarrollados, un trabajador de cada diez sufre un accidente que le obliga a suspender su trabajo. El número anual de accidentes mortales es de 100.000 trabajadores. Y en estas cifras no entra la agricultura ni la silvicultura, sectores en que los accidentes y las enfermedades son muy numerosos». Pero además de los accidentes tenemos las enfermedades profesionales, apenas reconocidas en nuestro país. Según estadísticas oficiales, seríamos el país de mejores condiciones de trabajo del mundo, pues nadie muere por enfermedad profesional y son muy pocos los que enferman a causa del trabajo. Tales estadísticas están en contradicción con la más elemental percepción de la realidad del mundo del trabajo.

Esta realidad nos demuestra que somos el país de más accidentabilidad de la CEE. Que nuestro país es uno de los elegidos por Estados Unidos para instalar sustancias, equipos radiactivos, diseños, etcétera, que los americanos; no quieren, porque supo nen la muerte. Que uno de cada cuatro trabajadores está trabajando con sustancias tóxicas y cancerigenas. Y hay que decirlo, estamos hablando de las enfermedades de los que tienen trabajo. Es obvio señalar que las enfermedades de la desocupación son mucho más graves y las más, intensamente desarrolladas en los países de capitalismo dependiente.

Derecho a parar el trabajo en caso de riesgo

Sin duda alguna, éste es el punto más importante del convenio, pues supone la consecución de un derecho históricamente reivindicado por los trabajadores. Efectivamente, el punto 20.1 dice textualmente: «Todo trabajador deberá tener derecho de interrumpir su trabajo si estima que éste entraña un peligro inmediato y grave para su vida o su salud ... », y el 20.2 «... El trabajador que interrumpe su trabajo en tales condiciones no deberá sufrir perjuicio alguno ni debe tenérsele como responsable de ningún daño u obligación que resulte del cese del trabajo». Por razones de espacio y dada la claridad del texto no creo necesario efectuar comentario alguno.

Está claro, pues, que la salud y la enfermedad son emergentes estructurales de las actuales condiciones de trabajo y de las condiciones sociales generales vinculadas al mismo. Pero esto implica un cuestionamiento estructural al proceso político global.

Angel Carlos Cárcoba es miembro del gabinete técnico de salud laboral de CC OO de Madrid. Asistió como delegado de los trabajadores a la última asamblea de la OIT.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 25 de julio de 1980.

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