El Gobierno de coalición
TODO INDICA ya que las avanzadas negociaciones entre UCD »y Convergencia para un acuerdo de legislatura y para la eventual entrada en el Gobierno de uno o varios representantes de la Minoría Catalana no sólo no constituyen un rumor, pese a los ya aburridos e inconvincentes desmentidos oficiales de trámite, sino que pueden materializarse el comienzo dé la reentrée parlamentaria en resultados concretos. El presumible acuerdo se halla dentro de la lógica de los acontecimientos. De un lado, la moción de censura puso de manifiesto el insostenible aislamiento parlamentario del presidente del Gobierno, qué le ha impedido arriesgarse a presentar esa moción de confianza que Fraga reclamaba y que tal vez las reglas no escritas de un sistema democrático le obligaban a someter al Congreso. Aunque aritméticamente el pacto con la Minoría Catalana no le daría a UCD la mayoría absoluta, esa alianza le pondría a salvo de perder cualquier moción de censura o de confianza y le daría de hecho el control compartido del Congreso. De otro, la probada ineficacia del último reacomodo ministerial para resolver los problemas de fondo que el Gobiemo tiene planteados exige u na nueva operación quirúrgica menos chapucera que, la anterior minicrisis. Quiere decirse que, aún reciente la crisis de mayo, se habla ya de la de septiembre u octubre. Todo recambio ministerial significa un debilitamiento previo y Suárez sabe mejor que nadíe que no se puede estar retocando el Gabinete cada tres o cuatro meses. Esta cuestión de la nueva mayoría es necesaria precisamente para rehacer el erosionado prestigio del presidente, que tratan de aprovechar las otras cabezas de su partido, y por eso es presumible que Suárez atienda,las ambiciones y las representaciones de algunos barones ucedistas en esa perfilable crisis de otoño, amén de firmar el pacto con los catalanes.
La eventual entrada en el Gobierno de uno o varios minigtros de Convergencia puede dar lugar a roces y suspicacias y encuentra ya resistencias en el seno de los dos posibles coalicionados. Sin embargo, la oportunidad de qué Adolfo Suárez remozara su desgastado equipo gubernamental monocolor con el refuerzo de los catalanes presenta seguramente más ventajas que inconvenientes.
En primer lugar, la experiencia del, consenso y de los pactos de la Moneloa demostró sobradamente que el monopolio del poder ejecutivo permite a quien lo ejerce aprovecharse íntegramente de los beneficios de los acuerdos parlamentarios y eludir los aspectos que le molesten en su ejecución. En segundo lugar, la presencia ,en el centro de decisiones de personas no ligadas por vínculos jerárquicos o de dependencia, partidista al presidente del Gobierno constituye una garantía adicional contra las enfermedades profesionales del poder. En tercer lugar, la construcción de ese todavía misterioso Estado de las autonomías, del que la clase política habla con tanto desparpajo, sería un proyecto más verosímil si una formación política tan inequívocamente autonomista como la Minoría Catalana participara desde el Gobierno en su realización y desvaneciera, en la medida de lo posible, las suspicacias e incredulidades de vascos, gallegos, andaluces, canarios y habitantes del resto de las regiones. En cuarto lugar, las actuaciones de los diputados. de Convergencia y Unión durante la etapa constituyente y en los sonados plenos de mayo han abierto algunas optímistas expectativas acerca de su capacidad política.
Por supuesto que hay aspectos oscurol en el eventual acuerdo, pero en su conjunto el proyecto merece ser contemplado como una vía de salida, estable y duradera, al actual impasse político por el que atraviesa el partido en el poder.
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