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El Gobierno británico veta un programa de televisión sobre espionaje

Una nueva controversia sobre las amenazas a la libertad de expresión ha surgido en Gran Bretaña, como consecuencia de la decisión de un organismo gubernamental de censurar un programa de una cadena independiente de televisión.Unos cien diputados de todos los partidos presentaron ayer una moción en la Cámara de los Comunes en la que «deploran la decisión de la Independent Broadcasting Authority de impedir la transmisión de un programa de la cadena independiente Granada sobre las operaciones de un centro de comunicaciones y escucha del Gobierno establecido en Hong Kong.

La Autoridad Independiente de Televisión, organismo gubernamental encargado de vigilar los programas de las cadenas privadas de televisión y radio, ordenó a Granada la supresión de la transmisión, prevista el lunes por la noche en la serie Mundo en acción, sobre la base de que el programa «ponía en peligro la seguridad nacional». Para ello invocó una de las piezas de legislación más controvertidas en el Reino Unido, la ley de secretos oficiales, la Official Secrets Act.

En el programa se presentaban varios casos de pretendida corrupción y de falta de seguridad en la estación de comunicaciones de Little Saiwan, en la colonia de Hong Kong un sensitivo centro de comunicaciones y escucha de los servicios británicos de inteligencia. En el programa se alegaba que, a causa de la existencia de la ley de secretos oficiales, varios casos de penetración de agentes chinos y otros concernientes a corrupción y a fraude no han podido ser debidamente expuestos a la opinión pública.

La reacción de la IBA al suspender el programa ha causado extrañeza en los medios políticos británicos, ya que alegaciones semejantes concernientes al citado centro de comunicaciones han sido hechas recientemente en el Daily Mirror y en la revista New Statesman.

Un portavoz de Granada Television ha manifestado su sorpresa ante la decisión de la IBA, y añadió que el programa en cuestión habla sido realizado en la creencia de que su proyección contribuiría «no a deteriorar, sino a mejorar, la seguridad nacional», al corregir los defectos del centro de Hong Kong.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de mayo de 1980