Gustar al Parlamento
No puede ser cierto que este nuevo Gobierno, como dice EL PAIS en su editorial del sábado día 3 de mayo, esté lleno de falangistas, democristianos y tecnócratas.No me parece que se haga ningún favor a la democracia y al país cuando en periódicos serios, como EL PAIS aparecen comentarios de este estilo. Aquí estamos o pretendemos estar en una democracia real y, a la vez, formal.
Como los tecnócratas nunca son ex, a lo sumo, lo lícito sería haber dicho que el actual Gobierno está lleno de ex falangistas, ex democristianos, ex socialdemócratas, ex liberales y tecnócratas.
Procedan de donde procedan, los señores Garrigues, Fernández Ordóñez, Martín Villa, los ex ministros y los ministros actuales y el propio presidente del Gobierno, son de UCD y como tales, en conjunto, les votaron sus electores y como tales están en el Parlamento los que son diputados.
Este Gobierno está lleno de ucedistas, como los estuvieron los, anteriores a partir de las elecciones. Eso sí. Y si estamos, o pretendemos estar, en una democracia formal, este Gobierno, como los anteriores, le gusta a quien tiene que gustarle: al jefe del Gobierno. Y éste, el jefe del Gobierno, le gusta a quien tiene que gustarle: al Parlamento.
Si no fuera así, no le hubieran investido. Si no es así, que se proponga una moción de censura y que se gane. Mientras no sea así, este Gobierno es el que debe haber, errores incluidos. Es democrático y es constitucional, nombrado por los métodos y normas de la Constitución y no por las normas franquistas, como también pretenden algunos.
Seamos, además de serios y demócratas reales, demócratas formales; lo que, aunque parezca lo contrario, aquí y ahora, está resultando lo más difícil.
Digamos claramente que este Gobierno no nos gusta, o al revés. Digamos que es un emplasto o el parto genial. Digamos por qué. Es decir, ejerzamos la libertad de expresión y de crítica. Pero no digamos que es aquello que no es.
Y los gerifaltes políticos que se limiten a decir que esto se va a la derecha o a la izquierda, que de este Gobierno se pueden esperar maravillas o estupideces, que le apoyarán o que irán en contra. Pero si lo que se han seguido son métodos franquistas, no constitucionales, para nombrar al Gobierno, que censuren al jefe de tal Gobierno y consigan que el Parlamento le retire su confianza. Ganen o pierdan. O aquí, al final, nadie va a creer en nada ni en casi nadie. Que ya está bien, oiga./


























































