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Siguen las negociaciones para solucionar la ocupación de la Embajada iraní en Londres

Mientras crece la tensión en torno a la suerte de los diecinueve rehenes que se encuentran todavía en el interior de la Embajada iraní en Londres, el Gobierno británico ha anunciado su firme determinación de resolver la primera ocupación de una representación diplomática ocurrida en esta capital «por medios pacíficos y sin pérdida de vidas humanas», lo que parece excluir un asalto al edificio.

Entre tanto, a media tarde, hora de redactar esta crónica, proseguían las negociaciones pacientes y perseverantes de funcionarios gubernamentales con el comando iraní de origen árabe, denominado Grupo del Mártir, que irrumpió el miércoles a mediodía en la Embajada de Irán capturando a las veintiuna personas que se encontraban en aquellos momentos en su interior, entre las que se encontraba el policía británico de servicio en la puerta del edificio.El ministro del Interior, William Whitelaw, en una breve declaración en la Cámara de los Comunes manifestó ayer que la intención del Gobierno era «llegar a una conclusión pacífica del incidente sin pérdidas de vidas humanas, y pidió a la Cámara comedimiento en sus comentarios para no poner en peligro la vida de los rehenes. La Cámara cerró filas en tomo al secretario del Interior, y el portavoz de la oposición laborista para Asuntos Internos, Merlyn Rees, manifestó que no haría preguntas porque en estos casos «cuanto menos se diga, mejor».

La primera ministra, Margaret Thatcher, que es informada al minuto del desarrollo de los acontecimientos, envió ayer un mensaje al presidente Banisadr, en el que le expresaba «el profundo disgusto del Gobierno británico» por la ocupación de la embajada y su más enérgica condena por este «repulsivo acto de terrorismo».

Los dos momentos de máxima tensión en Londres fueron las doce de la mañana y las dos de la tarde, cuando cumplieron los ultimatos marcados por el comando árabe para el cumplimiento de sus demandas. Poco después de las doce, un portavoz de los secuestradores anunció que el ultimátum se extendía por otras dos horas «por razones humanitarias y no como signo de debilidad», y que se darían por satisfechos con un anuncio de que habían comenzado las negociaciones entre los Gobiernos británico e iraní. Nuevo momento de suspense a las dos de la tarde, resuelto media hora después cuando los terroristas aceptaron conversar a la entrada de la Embajada con el comisionado de la Policía Metropolitana de Londres, sir David McNee, y un alto funcionario del Ministerio del Interior.

Serias amenazas

En todo momento, el Gobierno británico tomó en serio las amenazas de los secuestradores, que, a través de sus comunicaciones telefónicas con los medios de comunicación y la policía, dieron muestras de una total calma y sangre fría.A primeras horas de la mañana, un portavoz del comando comunicó a la BBC que los tres ciudadanos británicos que se encontraban en el interior, el policía de servicio y dos miembros del servicio de televisión de la BBC, así como los súbditos de otros países no serían «dañados». Y, en efecto, a las once y media decidieron poner en libertad al productor Chris Cramer, aquejado de fuertes dolores de estómago. Pocas horas después de iniciarse la ocupación de la embajada en la tarde del miércoles, el comando soltó a una mujer iraní que padecía una fuerte crisis nerviosa.

También a primeras horas de la mañana, la BBC consiguió grabar una entrevista con el portavoz del grupo, quien confirmó que el ministro de Asuntos Exteriores iraní había hablado con ellos en la madrugada para anunciarles las intenciones del Gobierno de Teherán de no acceder a sus demandas. Su comentario fue lacónico: «Lo va a lamentar», dijo.

Scotland Yard ha montado una de las operaciones más espectaculares, en torno a la Embajada iraní que se recuerdan en Londres, aunque se da la circunstancia que la policía británica no tiene experiencia en este tipo de incidentes, que nunca se le habían planteado antes.

Ayer, a primeras horas de la noche, y mientras continuaban las delicadas negociaciones con los terroristas, la policía se preparaba para un largo asedio. Varias cantinas y retretes portátiles fueron situados en las cercanías de la embajada, mientras que los policías eran sustituidos por unidades de refresco.

La Embajada iraní ocupa un elegante edificio de cuatro plantas de estilo regencia, como todos los de la zona, a cien metros escasos de lugares tan conocidos como el Royal Albert Hall y el Albert Memorial, en Hyde Park.

Todas las casas colindantes, entre las que se encuentran las Embajadas de Tunicia, Afganistán, Turquía, Tailandia y Libia, fueron evacuadas por la policía a las pocas horas de iniciarse la ocupación de la representación diplomática iraní.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de mayo de 1980