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La visita de los Reyes de España a Holanda se desarrolla bajo el signo de la reconciliación

Don Juan Carlos no pudo pronunciar ayer, en la sala de sesiones de los Estados Generales (Parlamento holandés) las palabras que llevaba preparadas para responder al presidente de la primera Cámara y que habían sido previamente distribuidas a los medios informativos, debido a un cambio improvisado del protocolo, pero más tarde tuvo ocasión de reafirmar la conciencia parlamentaria española. Terminado el discurso del máximo representante del Parlamento de los Países Bajos -quien aseguró que «ya no queda ningún sentimiento de reserva con respecto a España»-, el Rey fue invitado por el presidente de la Cámara a acompañarle y se vio impedido de pronunciar las breves palabras de respuesta, ante el asombro del ministro español de Asuntos Exteriores y restantes personalidades del séquito de los Reyes de España.

La jornada de ayer de don Juan Carlos y doña Sofía estuvo presidida por el acento de reconciliación histórica entre España y los Países Bajos que tiene todo el viaje real a Holanda. El primer acto del día ya puso de manifiesto este carácter, cuando don Juan Carlos depositó en la nueva catedral de Delft, ante la tumba de Guillermo de Orange el Taciturno, una corona de flores, con la que la Corona española ha querido olvidar el enfrentamiento iniciado con la sublevación de Guillermo de Orange contra el rey de España hasta que fue asesinado en 1584.Don Juan Carlos y doña Sofía, acompañados por la reina Juliana, visitaron la catedral y fueron aplaudidos al final del acto. La corona de flores colocada sobre la tumba de Guillermo de Orange llevaba, sobre los colores nacionales españoles, la leyenda: «Juan Carlos I, rey de España». Sobre la tumba, en latín, podía leerse: «Guillermo I, padre de la patria, espera la resurrección».

El Rey, acompañado de la reina Juliana, visitó después detenidamente el laboratorio de hidráulica de Delft.

Mientras tanto, la reina Sofía, acompañada de la princesa Beatriz, visitó un centro de vigilancia y recuperación de niños con problemas psicológicos o de subnormalidad.

En el salón de sesiones de la primera Cámara de los Estados Generales se produjo, a mediodía de ayer, el acto de mayor trascendencia histórica de cuantos se han desarrollado durante la visita de los Reyes a Holanda. El presidente de la primera Cámara, Teodor Thurlings, recordó ante don Juan Carlos y doña Sofía la resolución aprobada por los Estados Generales en julio de 1581 para abjurar del rey de España como soberano de los Países Bajos y se congratuló de la presencia de los monarcas españoles en el histórico recinto, cuando España se ha unido ya a aquellos países europeos occidentales que aspiran, dijo, «a encontrar una colaboración cada vez más estrecha en los terrenos político, económico y social».

El presidente de la primera Cámara holandesa explicó la organización constitucional y el funcionamiento del Parlamento bicameral de los Países Bajos. Reconoció que durante mucho tiempo la enseñanza de la historia en las escuelas había contribuido a mantener ciertas reservas contra España, porque «el surgimiento de nuestra conciencia nacional está estrechamente trenzado con la rebelión contra las autoridades españolas». Insistió en asegurar que «las reminiscencias de aquellos sentimientos han desaparecido totalmente de los corazones de la población actual de los Países Bajos».

El ambiente popular que rodea la visita de los Reyes de España no desmiente los propósitos políticos de reconciliación. Por su parte, la prensa más solvente destaca el carácter histórico de la visita de don Juan Carlos, primer rey español que lo hace desde Felipe II, «que vino en 1559 a estas regiones -recuerda el liberal Algemeen Dadblad- con intenciones mucho menos pacíficas». La gran vigilancia del palacio real donde se alojan los Reyes de España es atribuida por el rotativo socialista Het Vrije Volk a razones de política interior holandesa, puestas de manifiesto en las huelgas y manifestaciones que se produjeron ayer en Amsterdam.

En el edificio de la segunda Cámara, don Juan Carlos colocó una corona de flores junto al libro en donde figuran los nombres de 17.500 holandeses muertos en la segunda guerra mundial. Seguidamente, en respuesta al discurso pronunciado durante la comida que ofreció a los Reyes el Consejo de Ministros holandés por su primer ministro, Andreas van Agt, el Rey afirmó que el Parlamento «se configura como la expresión inmediata y real de la democracia».

Van Agt recordó las diferencias sobrevenidas entre dos países que fueron gobernados por la misma monarquía y de cuyos lazos queda una huella viva en el himno nacional holandés, en una de cuyas estrofas Guillermo de Orange afirmaba: «Al rey señor de España rendí yo siempre honor.» Se congratuló de la conciencia europea de España y reafirmó el deseo holandés de nuestra integración en la Comunidad Económica Europea.

Don Juan Carlos aludió a la «larga tradición y perdurable cuño democráticos» de Holanda, y a la visita que acababa de realizar a los Estados Generales, y resaltó el valor del parlamento como institución operativa «de la soberanía popular, de la igualdad, de la libertad y de la representación del pueblo. Sin un parlamento elegido libremente por sufragio universal y representativo de la totalidad de la nación y de las comunidades en que se articula», dijo, «no sería posible la democracia». Aseguró que «los Estados Generales han cumplido y cumplen con ese altísimo cometido».

La jornada concluyó con una cena ofrecida por los Reyes de España, que tuvo un carácter especialmente familiar. Don Juan Carlos y doña Sofía extendieron la invitación no sólo a la princesa heredera, Beatriz, y a su marido, el príncipe Claus, sino también a las restantes hijas de la soberana holandesa y, muy en especial, a la princesa Irene y a su marido, Carlos Hugo de Borbón, primo del Rey de España., Ambos se trasladaron a Holanda expresamente desde Madrid, donde residen habitualmente. Con esa invitación se disipan también definitivamente los problemas que se plantearon en su día entre ambas casas reales, debido a la situación legal de Carlos Hugo e Irene en España.

Previamente, a primera hora de la tarde, don Juan Carlos y doña Sofía recibieron en la sede de la embajada española en La Haya a una amplia representación de la colonia española en los Países Bajos. (En Holanda residen unos 25.000 españoles.) A la salida de la recepción, un grupo de jóvenes entregó una petición reflejando los problemas de identidad que se plantean a los hijos de emigrantes españoles nacidos ya en los Países Bajos.

«Los jóvenes españoles residentes en los Países Bajos», afirman, «nos encontramos cada vez más extraños en España y tenemos cada día más problemas de adaptación en la sociedad holandesa. » Entre otras cosas, solicitan la dispensa del servicio militar si en el momento del alistamiento el joven llamado a filas reside en el extranjero, y también si vuelve definitivamente a España después de cumplir los veinticuatro años.

Por último, desde la embajada, los Reyes, acompañados por la princesa Beatriz y el príncipe Claus, se trasladaron a la Universidad de Leiden, la más antigua de Holanda, famosa, además, por su departamento de hispanidades.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de marzo de 1980

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