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Crítica:

"Amanecer"

Amanecer (Sunrise), basada en la novela de Sudermann Viaje a Tilsitt, es una de las muestras más representativa del cine americano realizado por un alemán, F. W. Murnau, en los años veinte, concretamente en 1927. Narra la historia de un pescador seducido por una rica turista. Esta última trata de convencer al pescador para que abandone a su esposa y se vaya a vivir con ella a la ciudad. El pescador, enloquecido, intenta asesinar a su mujer, pero no lleva a cabo sus propósitos. «Es la historia», diría Murnau sobre esta película, «de dos seres humanos, un canto al hombre y a la mujer, que puede situarse en cualquier país y en cualquier época.»Friedrich Wilhelm Murnau (Westfalia, 1889-EEUU, 1931) fue considerado como uno de los más importantes creadores del nuevo expresionismo alemán de los años veinte. Películas como Nosferatu o El último de los hombres le habían convertido en una prestigiosa figura del cine. Pero el fracaso comercial de Fausto, película en la que había invertido enormes medios y esfuerzos, le obligó a aceptar las propuestas de los productores de Hollywood en 1926.

En Alemania, Murnau fue actor con Max Reinhardt, y junto con Lupu Pick, Lubitsch y Lang formó el estado mayor del cine alemán de los años veinte. En un momento que estaba de moda crear atmósferas de gravedad y de ansiedad hace Nosferatu, libre inspiración de la novela Drácula, de Bram Stocker. Este película superó por su originalidad y por sus efectos cualquier otro modelo del momento.

En películas sucesivas, como Tartufo o Fausto, Murnau llega al convencimiento de que el lenguaje de las imágenes ya no necesitaba de ciertos artificios técnicos que había utilizado, por ejemplo, en Nosferatu. Sin embargo, Murnau conservaba su estilo preciso, exacto, teutónico y extremadamente personal.

Pero, probablemente, la obra más perfecta de Murnau se llevará a cabo algunos años más tarde, en el mar del Sur, junto con Robert Flaherty. Se trata de Tabú, una fábula narrada con un claro acento lírico y en clave simbólica. Murnau acariciaba ideales de belleza y pretendía reducir todo a esquemas universales encarnados en dos enamorados en el Pacífico, condenados a entenderse, pero a separarse, porque el destino lo había establecido de esa manera. Se trataba de la eterna dicotomía entre las aspiraciones del hombre y los obstáculos de la naturaleza, que de alguna manera dificultan esas aspiraciones.

Entre otras películas, Murnau dirigió también Satanás (1919), El castillo de Vogedod (1921), Doctor Jeckyll y Mister Hyde (1922), Los diablos (1928) y City Girl (1930).

 

Cuando se estrenó Amanecer, que cuenta con interpretaciones de George O'Brien, Janet Gynor, Margaret Livinston, Bodil Rosing y J. Farrel, entre otros, no alcanzó el éxito esperado y la productora Fox decidió limitar los costes de dirección en las siguientes películas del director alemán. Amanecer consolidó a Janet Gaynor como una de las grandes estrellas de la etapa final del cine mudo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de febrero de 1980