Concierto de Asfalto en Madrid
El pasado lunes, y en el teatro Monumental, de Madrid, el grupo Asfalto presentó su último elepé: ¡Ahora! Aquello estaba bastante lleno para ser un local tan grande, y la astuta promoción de la casa de discos había previsto una sola sesión con el sano intento de acumular a todo el mundo y lograr así una entrada lucida.Por lo pronto, la cosa empezó tardísimo, hecho este que se repite siempre en los conciertos de grupos patrios. Pero daba igual, que la gente se lo pasaba muy bien haciendo aviones de papel que volaban ágiles desde el entresuelo a la platea para disfrute de todos Finalmente, apareció Asfalto sobre el escenario, y con un sonido que desde abajo era bueno y desde arriba lamentable comenzaron a echar fuera su música. Una música que ha conseguido unas ventas bastante notables para lo que se acostumbra aquí y que les ha permitido seguir actuando con una regularidad poco usual en este país.Lo que ocurre es que el grupo se llama Asfalto, como podría llamarse Flor de Lis. Quiero decir que el nombre no indica para nada un presunto carácter ciudadano en sus letras o en la música.Asfalto no toca mal, llevan muchos años haciéndolo y son unos currantes honrados que siempre se han tomado esto en serio, como una profesión a través de la cual pueden expresar algo más que en otras. Lo que ocurre es que en los tiempos que corren ya no basta con tocar bien. Se llegó al máximo de virtuosismo con grupos tipo Mahavishnu Orchestra, Return to Forever, Waether Report o King Crimson. Aquello estuvo bien, ya que, además, eran formas nuevas que expresaban nuevas situaciones y cubrían nuevas necesidades. Después aparecieron cantidades de grupos que tocan mucho, pero que repiten las mismas fórmulas una y otra vez. Tal vez por eso mismo ya no se exijan tanto buenos instrumentistas cuanto buenas ideas y buenas composiciones. Y esto es precisamente lo que les falta a Asfalto. Saben cómo hacer, pero no parecen saber qué hacer.A pesar de eso y de unas letras demenciales, parece que a la gente le gustó el concierto, que tenía el detalle de ser al mismo tiempo una sesión de proyección de diapositivas sin mucho que ver con la música, pero bonitas. Hay que recalcar esto de los aplausos del público, por cuanto a mí el concierto me pareció sencillamente insoportable, al extremo de desertar al cabo de tres cuartos de hora. No pienso que haya una contradicción en todo esto: es que hay gente para todo.
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