Benjamín Palencia: "El arte no muere; se para a veces"

Ultimas declaraciones del pintor preferido por la "generación del 27"

Algunos dibujos fuera de catálogo, fechados hace cuatro, cinco o seis décadas, en la sala del fondo, parecen estar ahí para recordar al visitante que Benjamín Palencia no sólo fue, como bien señala Luis Rosales en el texto del catálogo, «el pintor preferido de la generación del 27», sino también uno de sus pioneros. Su caso es, sin embargo, bien distinto al de otros ilustres olvidados (el Moreno Villa pintor, por ejemplo) o desenfocados (Angel Ferrant o Alberto Sánchez). Compañeros de viaje en tantas aventuras, Palencia les sobrevive. Hoy, su éxito y reputación profesional están fuera de duda. Luis Rosales lo ve claro en el texto citado: «A Benjamín Palencia se le admira en su obra para hacer el vacío sobre su historia.» La idea de intentar una confrontación de signo contrario animó en todo momento esta entrevista.«Juan Ramón me descubrió de niño en una exposición de pintores noveles», declara el pintor, «todos teníamos catorce o quince años. Yo mandé dos cuadros que le interesaron mucho. Ese fue mi primer contacto con el mundo intelectual elevado. Ya no me separé de Juan Ramón, fue uno de mis protectores y guías... Le acompañé toda la vida, hasta que se marchó a América. Fue un consejero y no solamente de poesía. El ya estaba preparando a Federico, Alberti, Garfias, Salinas, Bergamín ... ;pero antes que poeta había sido pintor, había estudiado pintura en Sevilla. El fue aquí también mi alto consejero... Después empecé a conocer, a pintores de mi edad: Dalí, Bores, Cossío. Angeles Ortiz... En aquella época se sentía muy poco el arte nuevo, el concepto de arte nuevo vino después.

Pregunta. Como la mayoría de los pintores de su generación, fue a buscar ese concepto a París. ¿Había intuido ya algo antes del viaje?

Respuesta. Yo tenía ya bastante inquietud, porque no me amoldaba a los cánones antiguos ni a la pintura que se hacía en ese tiempo. Todo lo que se había estado realizando aquí durante el siglo XIX era arte completamente pasado, no había renovado los cánones y tampoco poseía un sentido de los grandes clásicos. El siglo XIX no comprendió a Velázquez, ni al Greco, ni a Goya. Era una pintura anecdótica, rutinaria... Juan Ramón fue quien primero me hizo ver que en París se estaba haciendo una pintura que no tenía nada que ver con lo que se hacía en España.

P. ¿Fue él quien le aconsejó que emprendiera el viaje?

R. El tenía un poco de resquemor hacia las influencias, tanto, que dijo a mi familia que había que tener mucho cuidado con Benjamín, que era muy sensible y quizá pudiera perder la fe hacia la pintura española. Yo no hice caso de esos temores, tuve una posibilidad de ir a París y me fui. Allí encontré ese mundo maravilloso de los grandes impresionistas, el cubismo -ya impuesto-, Picasso, Gris...

P. ¿Se percibía ya el incipiente surrealismo?

R. El surrealismo vino después. Yo estuve en la primera exposición de Dalí en París..., pero aquello no coincidía mucho con mi concepto de la pintura. Nunca me hice surrealista. Rehuí esa teoría porque consideraba que vertía hacia lo literario, la pintura como forma de ilustración de un cierto concepto literario o poético, y la pintura no es eso.

P. En París frecuentó mucho los ballets de Diaghilev...

R. Sí, mucho. Lo vi todo: la entrada de los rusos en París, las fiestas del Chatelet, los grandes ballets... Conocí a Diaghilev, a Nijinsky, a Massine, a la Pavlova... Me dieron un permiso para entrar en los escenarios y dibujar durante los ensayos. Nijinsky hablaba un poco español porque había tenido una amiga española. Un día me dijo que le gustaba mucho un dibujo que estaba haciendo de saltos entre ellos. Se lo regalé y a cambio me dio un autógrafo muy bonito de Scherezade.

El espíritu constructivo

P. ¿Qué pintores le impresionaron más durante sus años parisienses? ¿Qué enseñanzas fue sacando de cara a su propia obra?

R. Los impresionistas, Cezanne y Van Gogh. El impresionismo había degenerado hacia el puntillismo. Recuerdo aquella frase de Picasso..., aquello era como tirar un puñado de confettis sobre la tela y dejarlos pegados. Entre los cubistas me impresiono mucho Braque. El cubismo reinstauró el sentido de la construcción. Empezó con la geometría, una geometría un tanto empírica... ;pero intuían ya que había que hacer un mundo constructivo.

P. ¿Fue el contacto con los cubistas lo que provocó su interés por la geometría, por la aplicación de la sección áurea a la pintura?

R. No, fue después, cuando estudié geometría y viajé por Italia. Estudié a los grandes clásicos, Giotto, Rafael de Urbino, Miguel Angel... Todos trabajaban con la sección áurea. Tanto me interesó que forma parte de mi concepto constructivo de la pintura. El cubismo intuía un poco esto, pero no era riguroso. Picasso no sabía geometría.

P. ¿Fue quizá el pintor Luis Castellanos, compañero en la primera escuela de Vallecas, quien motivó su interés por estos temas?

R. Castellanos era un chico inteligentísimo. Los dos nos hicimos muy amigos de Torres García cuando vino a Madrid y fuimos a algunas clases suyas. El nos instruyó sobre la importancia de la geometría en las artes plásticas, el ritmo, la estructura, la armonía, la sección áurea. Pero Castellanos tenía otro concepto de la pintura; la suya era una geometría de teósofo, mágica. Quedó muy enganchado en la teoría de la Cábala, porque Torres García también trabajaba en eso.

P. De hecho participaron ambos, junto a Maruja Mallo y Angeles Ortiz, en la Exposición de Arte Constructivo que Torres García organizó en Madrid, en 1934.

R. Torres García entró en Madrid con muy mala suerte. Venía de París para quedarse en España e intentó fundar una escuela en Ma-

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción