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Tribuna:TRIBUNA LIBRE
Tribuna

Una incógnita

El que fue director general de Instituciones Penitenciarias, Carlos García Valdés, ha dimitido. Para sustituirle en ese cargo ha sido nombrado Enrique Galavís.Este nombramiento ha sorprendido a la opinión pública por ser el señor Galavís persona de formación y actuaciones ajenas a los problemas penitenciarios.

Enrique Galavís es ingeniero electrónico, experto en negocios y organizador. de empresas. Según sus declaraciones, no tiene ni idea de Derecho Penal, no ha visitado nunca una cárcel, ni ha tenido contacto alguno, siquiera indirecto, con ese mundo.

Este índice de su actuación y actividades en el mundo de los negocios no lo considera el señor Galavís una dificultad ni un obstáculo -según sus propias palabras- para el desempeño de su cargo de director general de Instituciones Penitenciarias.

Una circunstancia favorable ha salido al encuentro del ingeniero señor Galavís: la ley General Penitenciaria, aprobada por el Congreso y por el Senado. Es decir, el nuevo director general puede disponer de una guía autorizada para su actuación, la ley que contiene las reformas emprendidas en los establecimientos penitenciarios por su antecesor, señor García Valdés, cuya elaboración fue seguida por él, enunciado por enunciado, artículo por artículo.

Para tener una idea aproximada de algunas de las reformas emprendidas por el señor García Valdés, creemos necesario señalar algunas de ellas introducidas en la vida de las prisiones en el corto plazo que desempeñó el cargo: puso en vigor los permisos de salida -prohibidos durante el período franquista; la abolición de la pena de muerte, su contribución decisiva, ha dado por resultado que haya sido incluida en los preceptos de la Constitución. Una de las realizaciones más progresivas y menos conocidas está en el funcionamiento de la llamada «Universidad del Aire». Su existencia significa la posibilidad de que aquellos reclusos que tienen disposiciones para estudios superiores los puedan preparar para revalidarlos en su día. Esta humana reforma funciona, entre otras, en la Universidad de Valencia, reforma aplicable a aquellos reclusos de más de veinticinco años que tengan disposición para esos estudios. Esta modalidad penitenciaria la consideramos una esperanza rehabilitadora.

Hemos de señalar que la reforma penitenciaria fue iniciada por el predecesor del señor García Valdés, pero a él se debe, a su actividad incansable, que esa ley goce hoy de la aprobación de las dos Cámaras.

Estamos, pues, frente a una nueva fase de la gestión en la reforma penitenciaria. El nuevo director general tiene en sus manos la autorizada ley, pero ¿cómo le ayudarán sus estudios de ingeniero electrónico, sus experiencias en la organización de empresas, etcétera? A este respecto debemos reproducir sus propias palabras: «Carlos García Valdés ha sido quien realmente ha dado la importancia que merecía al tema carcelario. Pero ahora, con la ley Penitenciaria, entramos en una segunda fase de gestión en la que hay que desarrollar la ley y administrar los recursos económicos. Yo creo que mi experiencia como empresario puede ser muy útil.»

Según nuestras informaciones, entre los objetivos que se ha marcado el nuevo director figuran: la elaboración de un Reglamento Penitenciario y la construcción de nuevas cárceles. «Porque si se rebaja la edad penal a los quince años harán falta más centros.» Hasta ahora no conocemos sus proyectos sobre la naturaleza y finalidad de esos nuevos centros.

Cierto que existe ya esa ley General Penitenciaria y un equipo en conexión con la Dirección General de 350 nuevos directivos, que riada tienen que ver con la triste etapa anterior. Pero la ley, toda ley, necesita ser interpretada en su íntimo sentido y esta ley Penitenciaria no lleva en sí un régimen de dureza, ni tampoco un régimen blando. Entendemos que lleva en su articulado, bien interpretado y bien aplicado, como es obligado, un régimen humanitario de reforma y firmeza.

¿Será Enrique Galavís, director general de Prisiones hoy, fiel intérprete de esta ley respaldada por ambas Cámaras?

Esperemos que la incógnita que su nombramiento significa para tantos españoles se transforme en humanas decisiones basadas en la ley y en la más pura técnica penitenciaria cimentada en el humano tratamiento de los seres humanos.

Que así sea en bien de nuestra convivencia nacional.

(*)Victoria Kent fue directora general de Prisiones durante la II República española. Exiliada, vive en Nueva York.

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