Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:TRIBUNA LIBRE

Energía solar ahora y no para el año 2000

A esta opción, que los poderes públicos nos ofrecen como si fuera la panacea del progreso futuro, yo no me atrevería a contestar como en el famoso eslogan: «No, gracias.» No sé todavía si el átomo pacífico va a ser una gracia o una desgracia, y mucho menos desde que la cuestión de las centrales nucleares pasa a ser de tema de estudio a repertorio de la izquierda más contestataria. En tal problema falta información -de lo que es responsable el propio Gobierno- y sobra pasión proselitista. Porque cuando, por ejemplo, dos magníficos periodistas -Jean Daniel y Michél Bosquet- se manifiestan en contra de la energía nuclear, y científicos como Francis Perrin o Andrei A. Sajarov, la defienden, sabemos que todos ellos conocen el tema del que hablan. Pero ¿saben los integrantes de cualquier manifestación antinuclear los reales peligros del átomo? ¿Tienen alguna solución de recambio? Los peligros de la crisis de la energía basada en el petróleo, que pueden terminar con la estabilidad económica, social y política del mundo, merecen acciones más serias que la protesta multitudinaria y folklórica.Sin menospreciar los evidentes peligros que ofrece este tipo de energía, con sus problemas de seguridad aún no resueltos y esos desechos radiactivos que nadie sabe bien cómo almacenar o cómo convertir en inocuos, la oposición antinuclear, en tanto en cuanto se manifiesta como acción política, paga su tributo a la irracionalidad, ese subproducto de toda digestión masificada de ideas. Porque dentro de poco funcionarán en el mundo algo así como quinientas. centrales nucleares y todavía no han producido ni una sola víctima letal. Paradójicamente, se está mostrando, más mortífera la protesta antinuclear que las propias centra les. Entre algaradas, manifestaciones y atentados, van ya cinco muertos: uno, en Alemania Federal; otro, en Francia, y tres, en España -una manifestante y dos obreros de la central de Lemóniz muertos por una bomba de la ETA- Lo nuclear no sólo aparece como inocente si se refiere uno al medio millón de muertos que cada año produce el transporte, sino también si lo comparamos con otros medios energéticos, como el carbón, que, además de ser muy contaminante, lleva a sus espaldas un pesado fardo de enfermedades profesionales y accidentes. Sola mente en nuestro país murieron el pasado año 120 mineros de la actividad de extracción de hulla.

El terror antiatómico, nacido en Hiroshima y nutrido con los fantasmas de, la guerra fría, ha depositado en una especie de subconsciente colectivo un sentimiento que tiende a asimilar, la energía nuclear a la bomba atómica. Cualquier accidente que se produce en una central nuclear despierta reacciones emotivas que no se producen en catástrofes de cualquier otro origen. Y es que, el hongo de Hiroshima florece involuntariamente en el espíritu de todo aquel que se enfrenta con el reto de las nuevas energías.

Si hemos de protestar ante la energía nuclear, ¿por qué no ante la del petróleo? Contamina los mares y las playas, mata a las aves marinas y ha hecho. irrespirables e insufribles a las ciudades. Sin embargo, me sospecho que cualquier ecologista de a pie está dispuesto a motorizarse en cuanto sus medios se lo permiten y a verter alegremente en la atmósfera su dosis de anhídrido sulfuroso y de etilo de plomo. ¿Y los misiles atómicos? Ya el profesor Perrin, al que me referí anteriormente, se extrañaba de que no se hubiera producido ninguna manifestación de protesta ante la instalación en los Alpes provenzales de dieciocho silos subterráneos conteniendo proyectiles de cabeza atómica dirigidos contra Moscú, mientras que el proyecto de la central nuclear de Melville había provocado protestas desaforadas.

El abandono de las energías "limpias"

Pero hay otro enfoque del problema de la energía futura, más utilizable y, sin embargo, menos utilizado desde el punto de vista político. Y es que en ciertos países, entre los que nos contamos nosotros, se nos está imponiendo una opción futura que no versa exclusivamente sobre él tipo de energía a elegir, sino que va más allá, va hacia la forma que ha de tener la sociedad capitalista en un porvenir cercano. Y es muy posible que la concepción consumista que nuestro sistema económico propugna sea la responsable de que se nos obligue a un tipo de energía peligrosa, más cara a la larga de lo que se dice y que no nos va a liberar de la dependencia extranjera. Porque resultan altamente sospechosas las reticencias de los Gobiernos, que han hecho por su cuenta la elección, ante el uso de las energías llamadas «limpias» -mareas, viento, sol o geotermia- y sobre todo si se tiene en cuenta, como se explica más adelante, que hay utilizaciones elementales de estas fuerzas que requieren J escasa inversión, son de larga duración y proporcionan notable ahorro de energía. Y la investigación de tales fuentes energéticas o se hace como si se tratara de algo esotérico y de ciencia-ficción, o no se hace en absoluto. Y uno sospecha que si el capital multinacional pudiera poner contadores al sol, al viento y a -las mareas pronto veríamos florecer como hongos los generadores eólicos y los calefactores solares.

Tomemos el viento por ejemplo, ese viejo amigo del hombre, que le empujó por los mares y le ayudó en innumerables trabajos. Los molinos para elevar agua eran antaño complemento natural de todos los campos, y hoy han desaparecido. El viento, que no se puede vender, ha sido, naturalmente, sustituido por, la electricidad y el petróleo.

En la localidad danesa de Tvind, por ejemplo, un gigantesco molino, probablemente el mayor del mundo, produce 2.000 kw/h, de sobra para el suministro eléctrico de la pequeña población. Pues bien, sus tres aspas de poliéster y fibra de vidrio, de más de veinte metros cada una, y la torre de cincuenta metros sobre la que se yergue, hubieron de ser construidas por profesores y alumnos de escuelas técnicas de la localidad, y casi con recursos propios, pues no lograron ser subvencionados por los bancos, industrias ni corporaciones públicas. Pese a que Tvind se ha convertido en una especie de Meca para eco logistas de a pie, la publicidad oficial sobre tan interesante experimento brilla por su ausencia.

Lo mismo ocurre con los calentadores solares de agua para usos domésticos o calefacción por radiadores. A pesar de que se trata de una técnica sencilla y de instalación barata, que puede asegurar, durante casi todo el año un ahorro de combustible estimado entre el 50% y el 90%, las reticencias de los poderes públicos al respecto son asombrosas. En nuestro país hay un vacío informativo sobre el tema casi total. Habla el Gobierno de intentos experimentales de captación de energía solar y eólica en algún lugar remoto, como Almería, del mismo modo que si se tratara de buscar la piedra filosofal o la rueda de movimiento continuo. En Francia, sin ir más lejos, con una insolación menor que la nuestra, los calentadores de agua solares se están aplicando en innumerables viviendas individuales, y ahora se comienza su instalación en viviendas colectivas de promoción oficial. Sin embargo, este país, tan semejante a nosotros en las arbitrariedades y abusos de poder del partido mayoritario, parece haber apostado -por su cuenta, mas con el riesgo ajeno- por la energía nuclear. El organismo oficial encargado sobré el papel de promover el aprovechamiento de las nuevas energías -el Comes o Commissariat á l´énergie solaire-, más bien parece encargado de desanimar, a los consultantes o de aconsejarles la instalación complementaria de tipos de energía convencionales. Dice al efecto el número extraor dinario de la revista Le Sauvage, destinado a la casa solar, que tal organismo no ha efectuado más que cinco subvenciones de unos mil francos cáda una, desde el 9 de marzo de 1978, y que uno de sus funcionarios entrevistados dio el siguiente panorama de la acción de propaganda oficial: «Respondemos», dijo, «a la avalancha de información que se nos pide poniendo a la gente en guardia, advirtiéndoles que no se sabe muy bien, en realidad, si la energía solar va a dar resultado. » Peregrina forma de entender la promoción de las nuevas energías, pero muy en consonancia con lo que opina el mismo Ministerio de Industria, según un folleto del 14-2-1979: «La energía solar ocupa un lugar pre ponderante entre las energías nuevas.... Su utilización podría cubrir, en el año 2000, el 5% de nuestras necesidades energéticas. » Estados Unidos estima que el ahorro será, del 25%, pero esto es, naturalmente, consecuencia de tomar en serio los problemas energéticos y no de dar largas al asunto en la espera de que una eventualidad tan largamente fiada sea cubierta, entre tanto, con la polémica energía nuclear.

Algo sobre energía solar

En el terreno de la energía solar hay dos campos nítidamente separados cuya mezcolanza, debida principalmente a la falta de información oficial a la que nos hemos referido anteriormente, puede dar lugar a esa confusión de relegar las nuevas energías a un futuro lejano, dando por hecho que todavía se encuentran en una etapa de inciertos y aíarosos ensayos. La energía solar directa para calentamiento de agua o de aire, cuyas piezas clave se muestran más adelante, es una realidad hoy, y en algunos países ofrece ya un apreciable ahorro de combustible. Dos millones de calentadores solares de agua en Japón o los cálculos norteamericanos de incrementar tales instalaciones de modo que cubran entre hoy y el año 1990 el 80% de las viviendas de EE UU, no son proyectos experimentales, sino realidades en curso. Sin embargo, el aspecto más sofisticado del aprovechamiento solar, o sea, la transformación de la luz en energía eléctrica a través de las llamadas fotopilas de silicio, es aún objeto de constantes y costosas investigaciones, pero sus resultados no son nada inciertos. Se calcula que hacía 1986 se podrá comercializar ya dicha energía, preíviéndose la oferta de un equipo doméstico de producción de electricidad, agua caliente y calefacción a un coste de unas 800.000 pesetas, cifra alta, por supuesto, mas que se confia en reducir a su cuarta parte unos años más tarde. De todos modos, y refiriéndonos a países europeos, es evidente su atraso en relación con Japón y EE UU, al parecer porque la opción nuclear -en los que se inclinan por la misma- acapara la casi totalidad de los recursos económicos disponibles para investigación, los que se vuelcan hacia las centrales atómicas.

En cuanto al aprovechamiento inmediato del sol -calentadores de agua o de aire-, hay también que hacer algunas puntualizaciones. Hoy por hoy, no debe emplearse como única fuente de energía. Han de ser complementos de las instalaciones convencionales, pero sabiendo que siempre que pueda ser utilizado el calor solar se obtendrá una energía limpia y gratuita que sustituirá, con el consiguiente ahorro a la de petróleo, carbón o electricidad. Además, y ello es de la má xima importancia, el calentador solar no es una simple opción entre distintos tipos de energía; la concepción de la casa ha de ser solar también, es decir, debe darse impórtancia primordial a una serie de factores: orientación de la misma, situación, amplitud y distribución de huecos, cuidadosos aislamientos térmicos y aprovechamiento máximo del calor obtenido. Esto último incluye un mejor diseño de los generadores de calor, ya sean estufas, chimeneas o calefacción convencional.

Desde el punto de vista estético, es natural que las viviendas planeadas para utilizar la energía solar puedan integrar los paneles en su estructura de forma armónica. Ello es más difícil en edificios antiguos. Y en los edificios de viviendas, si se planea su arquitectura con un poco de gusto e imaginación, los paneles sirven incluso de animación en las uniformes superficies de nuestros inmuebles de hoy.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de diciembre de 1979