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ANDALUCÍA

El candidato del PSOE, elegido alcalde de Granada con el apoyo de PSA y PCE

Antonio Jara Andreu, del PSOE, resultó ayer elegido nuevo alcalde de Granada, con el apoyo de los votos del PSA y el PCE, en el curso de un pleno extraordinario, celebrado por la Corporación municipal, previa renuncia a la alcaldía de su compañero de partido Juan Tapia, que había sido elegido en una primera votación. En ambos casos, el candidato socialista obtuvo quince votos (PSOE, PSA y PCE) frente a once del candidato de UCD, Fernando Sivit, y una papeleta en blanco, correspondiente al concejal independiente.

Para hacer oficial la candidatura de Antonio Jara fue necesario, en efecto, que el pleno procediera a elegir antes al señor Tapia, por ser éste el primer concejal actualmente en activo de la lista del PSOE, y al que, según la ley, correspondía la nominación como candidato.La proclamación de Juan Tapia, un antiguo luchador antifranquista muy conocido y popular en Granada, fue acogida con una larga ovación por parte del público que abarrotaba el salón de plenos del ayuntamiento. Inmediatamente después, sin embargo, el secretario de la Corporación procedió a leer un escrito de agradecimiento y renuncia del apenas estrenado alcalde, quien adujo «evidentes razones de salud y edad».

«La responsabilidad ante mis electores y mi ética socialista», alegó el señor Tapia en su escrito, «me obligan dolorosamente a renunciar a mi designación come alcalde. Soy consciente de que el desempeño de esta alcaldía requiere, en cualquier circunstancía, y máxime en la presente, cargada de problemas para la ciudad, una dedicación absoluta y permanente, que mi edad y mi deteriorado estado de salud me hacen imposible poder asegurar.»

Todos los grupos renunciaron entonces a su derecho de explicación del voto, excepto el PSA, que lo hizo a través de su portavoz, Fermina Puertas. «Los andalucistas no nos dejamos engañar por pretendidos partes médicos. Si el franquismo no pudo acabar con tu entereza, ningún tecnócrata leguleyo, ningún socialista de cátedra, podrá ahora convencemos de que no puedes soportar el peso de una alcaldía democrática», dijo la concejala, refiriéndose a Juan Tapia. «Es muy duro para un hombre honesto pasarse la vida luchando contra el caciquismo en la sociedad y no poder luchar contra el caciquismo dentro de su propio partido», añadió, provocando una fuerte protesta de la mayoría del público.

Una vez proclamados los resultados de la segunda votación, el alcalde provisional, Arturo González Arcas, del PSA, que hace unos días había declarado su «incompatibilidad personal» con Antonio Jara, hizo entrega oficial a éste del bastón de mando municipal, escena que, anecdóticamente, hubo de repetirse dos veces para que las cámaras de televisión pudieran grabarla.

Tras el juramento del señor Jara como nuevo alcalde de Granada, fue levantada la sesión y el Ayuntamiento tuvo que ser desalojado por una amenaza de bomba.

El "regalo" de los votos del PSA

El voto de los concejales andalucistas al candidato del bloque PSOE-PCE había sido decidido y anunciado la noche anterior por el PSA, a pesar de la ruptura de las negociaciones entre los partidos de izquierda, para «impedir que UCD se hiciera indirectamente con la alcaldía de Granada».Este voto fue calificado por los dirigentes andalucistas como un regalo, ya que, según dijo a EL PAIS el secretario provincial del PSA, José Postigo, «no pensamos pedir nada a cambio, esperando que el PSOE sepa dar ahora a Granada el gobierno municipal estable y eficaz que la ciudad se merece, y del que hasta ahora la ha venido privando». «Nosotros seguimos manteniendo que los pactos de Sevilla no están ya vigentes y nos reafirmamos en nuestra postura de no suscribir pactos permanentes con ningún partido centralista», terminó diciendo el señor Postigo, «pero no podíamos consentir que la alcaldía fuese a parar a UCD, como al parecer era la verdadera intención del PSOE, que no ha dejado de provocarnos en estos días para obligarnos a no votar a su candidato.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de noviembre de 1979