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Burt Lancaster,

ex trapecista, actor que concibe el cine americano como un simple negocio, ha estado unas horas en Valencia para visitar a un amigo herido en accidente de circulación. Llegó desde Roma, donde rueda una película, en una avioneta de alquiler, y volvió rápidamente a la capital italiana. No tuvo tiempo de desplazarse a Madrid, adonde quería venir para visitar el Museo del Prado. Ese deseo fue expresado hace unos días por el actor norteamericano a EL PAÍS en una conferencia de prensa que celebró en Deauville (Francia). Allí mostró su pasión por las camisas negras, que siempre usa: «Hace muchos años, cuando trabajaba en el circo con mi padre, utilizábamos casi siempre camisas negras, porque no se manchaban tanto como las otras, y también porque podíamos llevarlas fuera de la carpa. Eran tiempos duros, pero a mí me gustaban el trapecio y las acrobacias.» Camisas negras, Visconti y Bertolucci fueron, a partir de entonces, su medio ambiente más agradable. A los 66 años, El hombre de AIcatraz quiere seguir en el cine «hasta el último soplo de mi aliento».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de septiembre de 1979