La jornada nacional de protesta se desarrolló en Colombia sin incidentes
Lo que se temía como una jornada de violencia general en todo el país quedó convertido en «el día más tranquilo del año», según palabras del alcalde de Bogotá, Hernando Durán. La «jornada nacional de protesta», organizada por el Consejo Sindical Nacional para expresar el descontento laboral por los bajos salarios, el alto coste de la vida y las leyes represivas, produjo, como único efecto, una reducción notable en la actividad habitual de los ciudadanos y una concentración cívica en el centro de la capital.
A este mitin, el único acto de masas autorizado por el Gobierno, asistieron alrededor de 6.000 personas, menos del 10% de lo que esperaban los organizadores. El clima artificial de inseguridad y tensión creado por el Gobierno, el impresionante despliegue militar en toda la ciudad y la lluvia desanimaron a muchas personas. Los oradores, uno por cada una de las cuatro centrales agrupadas en el Consejo Sindical Nacional, hicieron discursos llenos de lugares comunes y anunciaron como una novedad la convocatoria próxima de un nuevo «paro cívico nacional», similar al que se produjo el 14 de septiembre de 1977.Los únicos incidentes serios registrados en relación con la «jornada nacional de protesta» se produjeron en Cali y Medellín. En la primera de dichas ciudades, un comando del EPL (Ejército Popular de Liberación) dio muerte a un agente de policía. En Medellín, un estudiante perdió la vida en circunstancias aún no aclaradas.
De cualquier forma no ha sido inútil la protesta de los trabajadores. El Gobierno ha convocado para la próxima semana una reunión del Consejo Nacional de Salarios, organismo que debe decidir sobre cualquier tipo de aumento. Paralelamente, el ejecutivo ha solicitado al Parlamento poderes especiales para subir el salario mínimo y el de los funcionarios y empleados del Estado. Hasta ahora, las autoridades colombianas se habían negado sistemáticamente a estudiar tan siquiera la posibilidad de un alza generalizada de sueldos. La presión laboral ha conseguido hacer variar radicalmente dicha posición. Lo más difícil es que los sindicatos consigan del Gobierno una congelación de precios simultánea al alza de los salarios, otra de las aspiraciones laborales.
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