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"Los dramaturgos de los sesenta permanecen en el anonimato"

Los dramaturgos Jerónimo López Mozo y Luis Matilla, ganadores la semana pasada del Premio Arniches de teatro por su obra Como reses, consideran que tanto los empresarios como la Administración rechazan la experimentación teatral, prefiriendo el teatro comercial al uso. «Una generación de autores, la que nace en la década de los sesenta, permanece, salvo para los iniciados, en el más riguroso anonimato.»

«La situación actual de nuestro teatro es triste», declararon a EL PAIS. «Hemos intentado romper con las líneas tradicionales por la vía de la experimentación, vía que es rechazada por los empresarios, que, evidentemente, no están dispuestos a correr riesgos. Tampoco la Administración ha mostrado demasiado interés por promocionar la investigación teatral, prefiriendo amparar los sistemas de producción del teatro comercial al uso. Todo ello contribuye a que una generación de autores, la que nace en la década de los sesenta, permanezca, salvo para los iniciados, en el más riguroso anonimato. No estamos dispuestos, sin embargo, a renunciar a nuestra lucha para engrosar las filas de los que defienden el naturalismo como única línea estética válida. Creemos en lo que hacemos y esto nos anima a seguir en la brecha por encima de críticas intencionadas y de ignorancias voluntarias.»López Mozo y Matilla realizan desde hace años una labor conjunta de escritura teatral, montajes y de dramaturgia con grupos de teatro independiente, hechos inéditos en otro tipo de dramaturgos.

El Premio Arniches está considerado como uno de los más important6s, por el rigor de los textos y el interés de los nuevos dramaturgos.

«La obra fue presentada con el título de Como reses, aunque el original es Memoria de un matadero. La escribimos en el período que va de junio de 1978 a enero de 1979, con destino al Teatro del Matadero, que dirige César Oliva. Dicha compañía tenía el propósito de establecer su sede en la nave central del antiguo matadero de Murcia, un edificio de principios de siglo, y de inaugurarla con el estreno de esta pieza. Memoria de un matadero es el séptimo trabajo teatral en que ambos colaboramos y el primero que abordamos con posterioridad a la muerte del general Franco. Los dos hechos son importantes. Aquél, porque la larga práctica de la labor conjunta nos permite enfrentarnos a este proyecto con muchas de las dificultades propias de la colaboración entre autores superadas en buena medida. Entendemos que,en este aspecto, hemos alcanzado un grado de compenetración aceptable. En cuanto al otro hecho, porque por vez primera, libres de las trabas con que la dictadura limitaba la libertad de expresión, podemos revisar sobre el escenario una parcela de la historia pasada con indudable peso en nuestro presente.»

«La acción gira en torno a un matadero municipal de capital de provincia y se desarrolla a lo largo del período que va desde 1909 (campaña de Marruecos) a 1939 (final de la guerra civil), recogiendo, por tanto, acontecimientos tan decisivos como la dictadura de Primo de Rivera o la caída de la Monarquía y la proclamación de la República. Los protagonistas son los trabajadores del matadero. De su mano recorremos esa treintena de años de vida española salpicada de conflictos políticos cuyo telón de fondo no es otro que la lucha, todavía no resuelta, por alcanzar el socialismo. Lucha a la que la clase trabajadora ha venido contribuyendo con un elevado costo humano. Fuera de las naves de degüello, los habitantes de la ciudad, presentes también en la obra, nos irán descubriendo sus frustraciones, sus esperanzas y temores y sus reacciones ante todo aquello que supusiera un cambio de la rutina, de la confortabilidad o de su grado de poder.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de julio de 1979

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  • Declaraciones de López Mozo y Matilla, premio Amiches de teatro