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Compañeros del policía nacional asesinado en Sevilla pasearon a hombros su cadáver

El entierro del policía nacional Juan Manuel Torres, ametrallado a últimas horas de la tarde del miércoles en Sevilla, se desarrolló en medio de escenas de cierta tensión. A la una y media de la tarde, una llamada telefónica a Radio Sevilla reivindicó la acción para el Frente de la Liberación de Andalucía (FLA), pero posteriormente el responsable de este grupo desmintió tal extremo.

En su mentís, Antonio Medina, responsable del FLA, ha dicho que su grupo se une al unánime sentir del pueblo de Sevilla y que la lucha que sostiene el FLA se orienta a actividades ciudadanas, culturales y ecológicas en favor de Andalucía y que la imputación de este crimen no tiene otro fin que desprestigiar a la organización. Se da la circunstancia de que la voz femenina que llamó a Radio Sevilla atribuyéndose la autoría del atentado no tenía acento andaluz. No obstante, al explicar la emisora a sus oyentes este detalle, se produjo una segunda llamada en la que la misma voz declaró: «Soy andaluza por los cuatro costados y lucharé hasta la muerte por Andalucía.» Hay que señalar, en cualquier caso, que fuentes policiales no descartaban ayer que la acción -primera de este tipo que produce muertes en Andalucía- haya sido cometida por algún comando de los GRAPO en venganza por la muerte de Delgado de Codes.La capilla ardiente fue instalada en el cuartel de la Policía Nacional y su acceso quedó limitado a los compañeros de la víctima. Fuerzas de Orden Público, representaciones de los tres ejércitos y autoridades. Alrededor de cincuenta jóvenes con brazaletes e insignias de Fuerza Nueva recibieron y despidieron al alcalde de la ciudad, Luis Uruñuela, con el brazo en alto y gritos de «¡Arriba España!» y «Marxistas, asesinos», vitoreando la llegada al recinto de los representantes del las Fuerzas Armadas. En alguna ocasión se oyeron gritos aislados de «Ejército al poder».

El mayor activismo entre los concentrados lo desarrolló un hombre de mediana edad y bien vestido -posteriormente se identificó como Torcuato Luca de Tena y Puig-, quien protestó en repetidas ocasiones porque no se le permitía la entrada a la capilla ardiente y se refirió varias veces al Gobierno llamándole en voz alta traidor y asesino. El señor Luca de Tena aclaró más tarde a EL PAÍS que él estaba contra la pena de muerte, aunque horas después, en la puerta del cementerio, se le oyó gritar «Policías vivos, traidores muertos» y otras expresiones semejantes. Con anterioridad, el mismo individuo protagonizó un incidente verbal y casi físico con el director del diario Abc.

A las 12.45 horas, cuando las autoridades pretendían introducir el féretro en un furgón, varios centenares de policías nacionales bajaron de los autobuses y materialmente secuestraron el ataúd, llevándolo a hombros mientras los jóvenes de ultraderecha, que cantaban el Cara al Sol, eran recriminados por un oficial y varios agentes de la Policía Nacional, quienes les empujaron y dispersaron. El féretro, cubierto con la bandera nacional, recorrió durante casi tres horas el centro urbano, siendo enterrado a las tres y media en el cementerio de San Fernando.

Tres agresores

Se conocen ya, por otra parte, más detalles del atentado. Se sabe que los agresores fueron tres, dos de ellos armados con pistolas y el tercero con una metralleta, aunque ésta no fue disparada a ráfagas. El otro policía, Juan Torrebajano, que fue intervenido durante cuatro horas en la misma noche del miércoles, permanece en grave estado, si bien hay serias esperanzas de que salve su vida. Con respecto al tercer herido, Carmelo Millán, empleado en el tablao flamenco donde intentaron refugiarse los policías, sufrió un disparo en el brazo y se encuentra totalmente fuera de peligro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de mayo de 1979

Más información

  • Aún no han sido identificados los responsables del atentado