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Crítica:

Whitesnake, rock duro a excesivo volumen

El pasado lunes actuó, en el teatro Monumental, Whitesnake, un grupo cargado de ex componentes de grupos como Deep Purple, Streetwalkers, Juycy Lucy y otras luminarias del rock pesado.Y efectivamente, pesadísimo resultó el concierto. No es que los Whitesnake sean malos músicos, lo malo es su absoluta falta de originalidad. Desde el comienzo se comprobó con claridad que aquello iba de rock-blues metálico a todo volumen, excesivo volumen para ser exactos. Whitesnake suenan a Black Sabath o Led Zep hasta el momento en que el cantante, David Coverdale, pasa a parodiar la manera de cantar de todos los vocalistas que han pasado por Deep Purple. Gritos tremendos y muy machos, un vaciarse encima del escenario demasiado obvio, aquello resultaba el reino de lo esperado.

Lo único realmente bueno que fueron capaces de hacer fue un tema instrumental de cierto sabor sureño que a su vez recordaba a grupos como Lynyrd Skynyrd. Pero incluso esto resultaba agradable comparado con la avalancha de watios que inundaban el teatro. Porque antes habían copiado malamente a los Stones y después hubo que aguantar un solo de Jon Lord a los teclados, tan vulgar como todo lo demás (Concierto de Aranjuez y Fuga en Re menor, de Bach, incluidos).

La ventaja, la única parte positiva, es el carácter inequívocamente marchoso de esta música que pertenece a la oscuridad del ayer, al menos en este formato revienta-tímpanos. Y es una ventaja porque a un nivel muy básico, la gente puede bailar, pasar de la misma música y quedarse con una pulsación sobre la cual mover el cuerpo, ya que no el espíritu. Sólo así se explican los aplausos. Para variar hay que volver a decir que se rompió un cristal debido, en esta ocasión, a que hay gente extremadamente bestia y reiterativa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de abril de 1979