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Crítica:CINE

Terror caníbal

Hace algunos años, George A. Romero, un desconocido, aterrorizó a los espectadores del mundo entero con La noche de los muertos vivientes, un filme casi amateur por las condiciones de rodaje -16 mm., blanco y negro, actores no profesionales-, aunque no por sus resultados. Con una economía de medios desconocida en el cine americano, Romero fabricó casi un clásico del género del terror. Tras unos años de silencio, ha vuelto al ataque con Zombi, realizada con bastantes más medios, aunque continúe siendo un filme de bajo presupuesto, de serie B. La película está producida por Dario Argento, especialista italiano del terror, autor de películas mediocres y pretenciosas. Todo lo malo que hay en Zombi parece deberse a él, empezando por la música, una partitura hortera que se despega por completo de la película y de marcada procedencia italiana.Zombi, sin ser lo que se entiende por una continuación o una segunda parte -es otra película-, utiliza el hallazgo argumental de La noche de los muertos vivientes -los muertos resucitan y se alimentan de vivos- y empieza, más o menos, donde acababa aquélla. El mundo vive uña extraña y demencial guerra: los vivos contra los muertos. Esta situación dada de partida anula gran parte del efecto de sorpresa que la película pudiera tener, lo que da más mérito al trabajo de Romero, pero mayor monotonía al resultado. Romero abusa de escenas canibalísticas, de efectos sangrientos. Parece más inclinado al horror fisico que al psicológico, para el que se mostraba bien dotado en su primera película.

Zombi, el regreso de los muertos vivientes (The return of the living dead)

Guión y dirección: George A. Romero. Fotografía: Michael Gornick. Música: Goblin, con la colaboración de Dario Argento. Intérpretes: David Emge, Ken Foree, Scott H. Reiniger y Gaylen Ross. Norteamericana, 1977. Local de estreno: Roxy A.

Pese a todos estos defectos, que es lógico pensar se deben en gran parte a la presencia de Argento, Romero demuestra que es un gran técnico y que posee un endiablado sentido del humor, como lo prueban multitud de detalles, desde un zombi krishna, con pandereta y todo, hasta su banda de beatniks malvados, más malos que los mismos zombis, que parecen directainente salidos de un comic de Crumb. Los personajes de Romero no son esquemáticos ni elementales,- como suele ocurrir en este género; al contrario, están bien dibujados y encarnados por actores-tipo inmediatamente reconocibles. El personaje mejor de la película es el de Peter, el negro protagonista, prototipo del profesional efectivo, en la mejor tradición del cine clásico americano.

Zombi, además de satisfacer las exigencias de cualquier aficionado al terror, propone, a su manera, una amarga reflexión sobre la insolidaridad humana. Romero presenta una situación límite de entrada para, a lo largo de la película, describir cómo los personajes se acomodan a ella y reinventan la rutina, el confort, etcétera. Para Romero, ni la amenaza de los zombis consigue que los hombres se unan y, como la última parte de la película deja ver, el enemigo principal del hombre sigue siendo el hombre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de febrero de 1979

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