Alan Stivell actúa hoy en Madrid

El concierto será retransmitido por Radio Nacional

Hoy, jueves, a las 22.30 horas, van a tener lugar dos sucesos importantes, y ambos en tomo al mismo hecho físico. Se trata del recital que Alan Stivell, uno de los más importantes e innovadores músicos de nuestra década, ofrecerá en el teatro Alcalá Palace, de Madrid. Sin embargo, la actuación de Stivell no se verá reducida a un interés local, sino que, por una vez, tendrá una dimensión nacional. El recital lo organiza Radio Nacional de España, que lo retransmitirá en directo a todo el país.

Suponiendo que Radio Nacional sea un servicio público, no está de más que emprenda iniciativas de este tipo, pero al ser conscientes de las dificultades con las que ha tenido que chocar el Departamento de Programas Musicales para conseguir esta realización (entre otros, la inercia de la casa), tampoco está de más que se les reconozca el valor de lo bien hecho y, en este caso, además, de lo bien escogido.Alan Stivell es un bretón cuya principal importancia radica en haber sabido, como nadie antes, fusionar formas tan dispares como la música celta, el «rock» y el «jazz», reuniendo para ello instrumentos casi perdidos, como el arpa celta o la bombarda, a todo el sistema eléctrico del «rock» o a instrumentos indios como el sitar o la tambura. Lo que surge de esta mezcla es una música enormemente directa, excitante, salvaje o suave, bailable o melancólica. Sobre dicha música Alan Stivell superpone, de cuando en cuando, unos textos que no se limitan a reclamar y reivindicar su propia identidad como bretón, sino que también saben comprender la poesía, el poder evocador de una palabra unida a sentimientos y vivencias de la persona como individuo distinto.

Stivell nació en 1944 en Bretaña, pero sus padres emigraron pronto a París (algo desgraciadamente tópico entre los bretones). Su padre, Jord Cochevelou (verdadero apellido de Alan, que más tarde cambiaría por el céltico, Stivell -«fuente»-), había reconstruido, en base a antiguos grabados, la verdadera arpa celta, hecho que, aparte de su intrínseco valor musical, posee un gran carácter simbólico de lo celta junto a todo un complejo de mitos, figuras, filosofías y sueños enormemente valiosos.

Lo cierto es que Stivell aprende a tocar el arpa, la bombarda, la flauta y, cosa importante, la gaita. Formaría un conjunto con estos instrumentos -un Bagad- que tomaría el nombre de Bleimor, con el que consiguió, a los veintidós años (1966), varios premios de Música bretona, al tiempo que cursaba estudios de cultura inglesa y céltica. Como, además, Stivell posee una ideología que él llama socialista, pero que, en realidad, posee rasgos anarquistas, se convirtió, tal vez a su pesar, en un líder mítico que ya ha tenido comienzos de crítica. Y, a pesar de todo, parece increíblemente tímido y humilde.

Su primer álbum es Reflets (1970), en el cual, y junto a los instrumentos tradicionales, incluye otros como un «banjo». Su segundo, La renaissance de harpe celtique (1971), es más una reivindicación de ese instrumento que una exposición actualizadora de la tradición bretona que surge en Chemins de Terre (1973). En este disco, basado casi por completo en aires tradicionales celtas, Stivell incluía guitarra eléctrica (el magnífico Dan Ar Bras) y la batería en un par de temas. Después aparece un disco grabado en vivo en el Olympia, y en 1974, E langonned elepé, que abriría su primer año de verdadero triunfo popular y la preparación de un disco que, por el momento, habría de resumir su trabajo hasta el momento: Alan Stivell in Dublin. A continuación aparecen Treman Inis (Hacia la Isla -el mito de la isla de felicidad- como aspiración a un mundo mejor), sin duda uno de sus trabajos más profundos y, por desgracia, menos comerciales. A éste le sucedería Raok dilestra (Antes de desembarcar), una historia musicada del pueblo bretón, al cual sigue el delicadísimo Un dwezh 'barzh'gér (Una jornada en casa), su último disco por el momento.

A través de todo este trabajo, Alan Stivell ha demostrado no sólo la validez de una tradición musical, la celta, sino algo mucho más importante: la posibilidad cierta de llegar a las raíces estético-culturales de diferentes pueblos, tornar sus elementos más valiosos y a través de su fusión inteligente con otras formas, que ya nos son propias (rock, jazz), crear algo nuevo fuera de todo espíritu arqueológico, algo por ello mismo accesible y sentido por la gente de a pie que se debate en un mundo fuera de medida. En España se han realizado intentos de este tipo, algunos de cuyos ejemplos pueden ser Triana, Iceberg, Companyia Electrica Dharma, Guadalquivir, Imán, Veneno y otros cuantos que decidieron en su día, y a sus respectivas maneras, enrollarse buenamente por ese camino, un camino que, sin lugar a dudas, abrió y sigue recorriendo Alan Stivell.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 24 de enero de 1979.

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