Asepsia religiosa y educación
Don Juan Castillo Alonso, profesor de BUP en paro en carta a EL PAÍS publicada en el número del día 21-6-78 con el título La Iglesia y la enseñanza, arremete contra aquélla, acusándola de una enorme y grotesca impostura al enarbolar la bandera de la libertad en el campo de la enseñanza, ella, que durante tantos años, tantos siglos, diría él, la ha coartado.Con independencia de que este señor personalmente merezca todos mis respetos, no puedo menos, a la vista de sus reflexiones, que inscribirle, por el momento, en una izquierda «tridentina» que, en consecuencia, no percibe más que la realidad de la Iglesia «tridentina», es decir, la que se halla a su nivel simplista y tópico. Con independencia de la facilidad con que parece despachar siglos de historia de la Iglesia, desconocido, por ejemplo, el hecho de que la esclavitud fue atenuándose a través de los siglos hasta desaparecer precisamente por la presión del mensaje evangélico, en definitiva transmitido por la «tirana» Iglesia, al parecer, para el señor Castillo transmitir al niño unos valores religiosos, morales e intelectuales coherentes y homogéneos equivale a manipularle y a bloquear en él su sentido crítico. Lo más conveniente sería, según este criterio, que al niño, casi desde el seno materno, se le dé una formación aséptica, incolora, inodora e insípida, a fin de que sea él, solamente él, quien decida desde su libertad la concepción de la vida, los valores a los que quiera adherirse. El desideratum de la libertad.
No creo que ningún psicólogo de mediano grado de competencia defienda tesis tan peregrina. El niño necesita autoridad, no la de la tranca, por supuesto, sino la del amor y la del testimonio de unos padres y maestros que vivan con autenticidad los valores que predican. El sentido crítico vendrá más tarde evolutivamente. La libertad no se preserva con la asepsia. No se pueden quemar etapas pretendiendo que un niño decida por sí, dejándole en la duda sistemática como si fuera ya un Descartes adulto.-
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